Correspondencias

Rubén Vargas manda misivas desde México a “Los Mancos de Lepanto” (1989-1990)

JCR Quiroga

El poeta paceño Rubén Vargas (1959-2015) remitió al grupo Los Mancos de Lepanto de la Carrera de Literatura – UMSA en dos oportunidades desde la ciudad de México D.F., entre 1989 y 1990, adonde había decidido viajar para reforzar sus conocimientos literarios y ampliar sus estudios universitarios. En realidad, se trató de comunicar conmigo bajo esa excusa y acaso nunca lo logró.

Los Mancos de Lepanto fue un grupo literario espontáneo, sin fines de lucro, con gastos onerosos en chelas y comida en una chifa famosa en la Fernando Guachalla, cada viernes. Lo formaron Cé Mendizabal, Marco Antonio Miranda, Alfonso Murillo, Iván I. Vargas, Gilmar Gonzales y Juan Carlos Ramiro Quiroga. Con la complicidad esporádica de Angelino Fernández y Luis Zavala.

Con respecto a las misivas de Vargas, las únicas que tengo en poder, describen las actividades literarias que le cupo llevar a cabo en dicha ciudad, durante más de un año y medio, aparte de sus estudios superiores.

La primera carta, fechada el 14 de abril de 1989, el poeta y docente paceño refiere que a mediados de marzo de este año conoció al poeta Octavio Paz a través del poeta cubano Orlando Gonzales Esteva. En esta carta de seis breves párrafos, Vargas se explaya en la producción literaria mexicana de ese tiempo, y nos contó los pormenores para la difusión de “El árbol y la piedra” (Caracas, Monte Ávila Editores, 1988), de Eduardo Mitre, un libro de ensayos y antología de poesía contemporánea boliviana.

En la segunda carta, fechada el 3 de abril de 1990, Vargas señala que cambió de dirección un par de veces en la ciudad mexicana, y que mi respuesta a sus cartas debe estar “dando vueltas por algún lado”. Razón por la que nunca contacté con él mientras estuvo en dicho país. Informó que Luis “Cachín” Antezana, el lector y crítico de literatura boliviana, le escribió desde Washington DC y le habló de un nuevo número de la Revista El Zorro Antonio de la Carrera de Literatura. Me pidió que le enviará un número a través de su padre Juan Vargas. Algo que hice al pie de la letra. También se detiene largamente en la “Memoria Solicitada”, de Blanca Wiethüchter. (¿Habrá sido la primera edición o el primer borrador de este libro magnífico? El que yo tengo es de mayo de 2004, de las célebres Ediciones de la Mujercita Sentada). Y, finalmente, Vargas dice que sus artículos de poesía se publican en dos revistas y en un suplemento. Sé que una de esas revistas fue Vuelta, que dirigía Octavio Paz.

Otrosí, por ambas misivas me enteré que el estimado Rubén Vargas me envió dos libros, uno de Paz y otro de Arreola, los cuales nunca supe quién de Los Mancos de Lepanto se apropió hasta el momento. Rubén, ya en La Paz, al enterarse de estos “desvíos involuntarios” trató de calmar mi criba de entonces, y me obsequió dos libros alucinantes: uno sobre Kavafis y otro sobre Pessoa. 

México, D. F., a 14 de abril de 1989.

Recordado Juan Carlos Ramiro:

                                     

Esta es una carta a tu nombre, pero dirigida, en realidad a todos los “Mancos de Lepanto”. El librito de Paz es también para que lo lean todos, pero para que lo conserves tú. Hechas estas aclaraciones paso, como corresponde, a saludar a todos y a cada uno de ustedes, ya que de otra manera no podría continuar.

¿Cómo van las cosas por La Paz? ¿Cómo la afamada carrera de Literatura? Espero que, sin Capra en la Universidad, todo mejor. Por estos lados las cosas más o menos encarriladas: un par de seminarios en la UNAM, lecturas a pasto y –ojalá- un ritmo de escritura que, con el tiempo, espero, dará algún fruto. Ya les avisaré.

Conocí a Paz a mediados de marzo, a través del poeta cubano Orlando Gonsález Esteva. Es un viejo muy simpático (igualito, físicamente, a Guillermo Lora). La charla circunstancial se centró, no recuerdo bien por qué, en su traductor al inglés, Eliot Weinberger. Por lo demás el hombre anda muy ocupado celebrando, con mucho reconocimiento público, sus 75 años.

En México se publica mucho, pero no hay una producción literaria de gran nivel. En poesía sufre de indigencia, si uno piensa en lo que están haciendo los chilenos o los mismos argentinos (para no hablar de los vates del país mediterráneo y altiplánico). En narrativa –como dice el Mitre que estuvo hace poco por acá-, no hay grandes novelistas, pero sí, de vez en cuando, buenas novelas. A mí me gustaron “Domar la divina garza” de Sergio Pitol y “La última escala del Tramp Steamer” de Álvaro Mutis.

A propósito del Mitre, ¿qué les pareció la selección de “El árbol y la piedra”? Acá estamos procurando darle mayor circulación al libro y, sí, despierta interés: los mexicanos te preguntan: “¿Bolivia?, es lo mismo que Colombia, ¿no?”. En fin, parece que, en la ideología oficial, al norte están los gringos y al sur una masa indiferenciada de países que se los nombra sólo genéricamente: Sud América.

Pues bien, ya he escrito un par de chismes para no perder la costumbre. No dejen de mandarme noticias. Si quieren algún librito en particular, veré la forma de hacerlo llegar (es una suerte de chantaje para obligarles a contestar). Mientras, un gran saludo

                                                                                                                    Rubén

Rubén Vargas Portugal / Apartado Postal 21136 / Coyoacán 04000 / México D.F.

Ciudad de México, 3 de abril de 1990

Señor

Juancarlosramiro

en La Paz

Querido viejo:

Aquí me tienes, listo para un nuevo chantaje. Nunca supe si recibiste la carta y el libro de Arreola que te mandé, en octubre del 89, con la dirección de la Carrera. Yo cambié de dirección un par de veces desde entonces, y es posible que tu respuesta esté dando vueltas por algún lado. Con el mundo cayéndose a pedazos nunca se sabe. De cualquier manera, aquí va esta nueva señal.

El Cachín me escribió desde Washington. En su carta me cuenta de un nuevo número del viejo Zorro Antonio que, en su opinión, está muy bueno. La noticia, como te imaginarás, me ha alegrado mucho. Dice, también, que por ahí salió algo mío: una antigua y no muy meritoria notita sobre La vastedad de Guillermo Sucre. Ésta, junto a otras, se la mandé al Jesús, hace ya un par de milenios. El chantaje –ya lo habrás adivinado- viene por este lado: quisiera que me mandes un ejemplar del Zorro. Tengo muchas ganas (y necesidad) de saber en qué anda la muchachada. Si puedes, la mandas directamente, si no, se la das a mi padre (Juan Vargas: telf. 310961); en cualquier caso, escríbeme unas palabritas –no seas así. Desde ya, mil gracias, y también mil disculpas por ocupar así tu tiempo.

¿Cómo estás? ¿Qué has estado escribiendo? ¿Qué novedades han ocupado el palco literario paceño? La verdad es que ando muy necesitado de noticias. Lo último que cayó en mis manos fue la “Memoria solicitada” de la Blanca. Me gustó; sobretodo, consiguió arrastrarme en el movimiento de su memoria hacia ese ser tan entrañable que era el Jaime. Textos como este, quizás por la proximidad con la que cercan y tratan su tema, consiguen crear a la postre un efecto de distancia. Es decir: después de leer el libro de la Blanca creo que es posible pensar mejor en el Jaime. De laguna manera la Blanca despeja un camino: el camino hacia el lenguaje de Saenz. Quizás ahora –cumplida la muerte y sus ceremonias- la obra de Saenz está más desnuda, más limpia: podemos apropiarnos de ella más libremente, más críticamente. Me gustaría pensar que en ese gesto tan fervoroso –la memoria- se cumple también una misión radical: la desacralización. Me gustaría, también, pensar que en estos movimientos paradójicos –pasión: crítica- iremos encontrando finalmente los elementos para inventarnos, es decir, para inventar nuestra tradición: la tradición que nos permita, aquí y ahora, seguir escribiendo poesía.

Por mi parte, no hay muchas novedades. Sigo fatigando la máquina de escribir, sobre todo con artículos de crítica de poesía. Dos revistas y un suplemento ofenden periódicamente a sus lectores con unos devaneos que suelen llevar mi firma. Me consuelo pensando que ese es mi oficio, y alguno hay que tener en este valle de lágrimas. Por lo demás, no doy por muerta la posibilidad de que este material pueda tener algún interés –para ti y para la Gran Fraternidad de Los Mancos de Lepanto-, así sea como mera información de lo que aquí se lee y publica. Veré la forma de hacerlo llegar a tus manos.

Ojalá me escribas pronto, y así reanudemos el diálogo. Es un deseo verdadero. Me gustaría mucho tener también noticias de los amigos. De hecho, creo que esta carta es extensiva a ellos. Recibe un gran abrazo.

                       Rubén

P.D.  Escríbeme al siguiente nombre y dirección (es una oficina y allí me llegará con toda seguridad tu correspondencia): ML TALAVERA (R) / DIE / CINVESTAV /Apartado Postal 19-197 / México 03900 D.F. / MÉXICO

Omar Alarcón

Omar Alarcón. Poeta boliviano (1986). Ha publicado: El corazón entrega sus muertos (2006), Roca negra (2020) y Mil y una noches sin Wi-Fi (2021)

Mil y una noches sin Wi-Fi

A estas  alturas del siglo
es necesario que el microprocesador
incluya en sus algoritmos la ternura.
Hace muchos años que la mecánica cuántica estudia la
frágil frontera que existe entre una  piedra y un sueño,
es inútil seguir cronometrando las pulsaciones,
los segundos.
La física del siglo  XXI se parece cada  vez más
a una  aritmética del viento.

La mariposa Efímera, que vive  un solo día,
puede enseñarnos a escribir otra  vez los
calendarios.
Frente al televisor lo sabemos mejor que nadie:
El ADN es una larga cadena desde la bacteria más
diminuta hasta  nuestro ego.
En nuestra historia, aprender a sincronizar la siembra y las estrellas fue más importante que la invención del
microondas.

Los cuatro mil satélites que pusimos en órbita alrededor de
la tierra pueden confirmarlo:
Siempre seremos aquellas sombras acabando
de descubrir el fuego.

Las manos que pintaron figuras humanas hace treinta mil
años en la cueva de Chauvet, hubieran podido dibujar,
semillas de diente de león girando en el aire.

Teletrabajo y cosecha de ilusiones

Sentado frente a la computadora siento  mi cuerpo
como una  ausencia mal codificada.
El teletrabajo divide mi sombra en dos,
cada  mañana el telón  del dormitorio abre  y cierra
una  oficina virtual donde únicamente la soledad me
guiña un ojo.

Después de ocho horas  en la misma  posición pienso en mi
bisabuelo Gregorio Poquechoque, que cultivaba trigo en
campos donde sólo crecían utopías.
Sus manos  eran  una  cosecha  de ilusiones y en sus brazos aleteaban sus hijos  igual que los recuerdos.

La primera vez que llevaron una  radio a su pueblo
todos  preguntaron cómo hicieron las personas que allí hablaban para entrar en un aparato tan pequeño.
Imagino a mi bisabuelo Gregorio,
brindando por la invención de la radio,
celebrando los nuevos inventos,
con un vaso colmado de enigmas.

Antes de cavar un hueco en el techo y llenarlo de pájaros

Era media  noche  y la pandemia me despertó
con un aullido frío.
Desde entonces cada  estornudo es un incendio,
un huracán anónimo.
—Mis manos  pueden convertir la muerte
en luciérnagas —escribo—. Cavar un hueco  en el techo
y llenarlo de pájaros.

Hace tres  meses estoy  encerrado,
las paredes de mi habitación empiezan a creer
que soy un espejismo.
Cada  día escribo  un poema  en el reverso
de estas  páginas.
Afuera, el mundo es un signo de interrogación
girando en el viento.
—Puedo escalar paredes tan altas  como la esperanza.
—Desenterrar el mundo de sí mismo.

Cada  mañana abrazo el niño  huérfano que llevo dentro.
El encierro es un espejo de cuatro paredes.
—Puedo ser un amor  de olas incontrolables.
—Tocar la luz con las manos  de un ciego.
Detrás  del tapabocas mis ojos esperan otros ojos.
En mis pupilas, la muerte, es una  estrella fugaz.

Nuestro tiempo

—El deseo  es un pozo donde las ranas se ahogan
persiguiendo las estrellas —decía Diógenes a los viajeros.

Eso fue mucho antes  del huracán de mariposas de 1953
cuando salió el primer número de la revista Playboy
con Marilyn Monroe en la portada,
y antes  del estallido púrpura de la foto de Andy Warhol haciéndose un lifting facial,
cuando supimos que la identidad es un código de barras,
más auténtica que la comida enlatada y el kétchup.

El final  de la segunda guerra mundial marcó  nuestra
historia para siempre.
La bomba  atómica que cayó sobre Hiroshima no estaba
hecha  de uranio, sino de píldoras, computadoras y plástico.
Desde entonces somos un sueño  de La bella durmiente,
un programa de televisión transmitiendo en vivo.

En Alicia en el país de las maravillas, el deseo  profundo
de la protagonista no es encontrar una  salida,
el deseo  profundo de Alicia,
es vivir para siempre en una  ilusión.

Sobrepoblación y La Tierra Baldía de Eliot

En las metrópolis la gente gira en círculos
alrededor de sus pensamientos.
Los trenes vuelven eternamente
al punto de partida,
donde la vida  siempre llega tarde.
Podría ser Buenos Aires, Nueva York o Beijing,
el tráfico es el mismo.
En los embotellamientos el tedio  puede llegar
a 100 kilómetros por hora.

El área  urbana de Tokio tiene
cuarenta millones de habitantes.
¿Alguien sabe cuántos árboles de cerezo?
Es un alivio, los 1400 rascacielos de Hong Kong
todavía no han  podido arruinar el paisaje.

Sin embargo, estoy  seguro que en Reino  Unido
hace ya muchos años construyeron un Starbucks
sobre La tierra baldía de Eliot.
Cuánto daría por leer en los menús:
“Ya tarde, volvíamos del jardín,
llenos  tus brazos  y húmedo tu pelo […]
Nada  sabía,  mirando en el corazón de la luz,
el silencio”.

En el mundo cada  vez existen menos  personas que abandonan las ciudades y suben  a los cerros.
En los Andes,  al borde  de los precipicios,
todavía se pueden encontrar
altares para el viento.

Las pertenencias del viento

Durante la pandemia el cementerio
de La Paz hizo una  rifa
para enterrar los muertos.
El premio, una  tumba individual.
Para  el resto,  una  fosa común.
—Definitivamente el azar
es un salto en el vacío —pienso.

Desde hace dos mil años en Filipinas, la tribu Sagada
cuelga ataúdes en los acantilados.
—Las almas  se asfixian en la tierra –dicen  los ancianos
Sagada, que tallan con sus propias manos
los símbolos  de despedida que cuelgan en el aire.
—El adiós  es un equilibrista sin vértigo. Aquel que pasa
de una  orilla a otra nunca mira hacia abajo.

En Nueva Orleans, los entierros son acompañados por una
banda de jazz. Las trompetas parecen entonar los cantos  de
áfrica que la tribu Yoruba trajo en los barcos  de esclavos.
—Los tambores son el primer latido, el ritmo que aprendimos,
del corazón de nuestra madre.

En Tíbet,  la tradición milenaria es cortar los cadáveres
en pequeños pedazos.
—La carne le pertenece al viento.

La familia esparce los restos
en las montañas
para que los buitres los devoren.
Para  ellos el buitre es un animal sagrado:
lleva  el cuerpo más cerca del cielo.

Omar Alarcón es un poeta que entiende la poesía como la vida misma y la busca y encuentra en la pagina, en las voces de otros, en el cine, en el documental como un recurso para dar testimonio del paso del tiempo, del tedio, de las horas muertas sin señal. Su libro Mil y una noches sin Wi-Fi fue finalista en el premio internacional de poesía Vicente Huidobro 2020 y se publicó en España bajo el sello editorial Valparaíso. Pronto los lectores accederán a la edición boliviana de este libro plagado de sugerentes poemas.

Las minas de Oruro a través del geólogo francés Aimé Pissis

José E. Pradel B.

Considerado por la historiografía como la figura más relevante de la geografía chilena durante el Siglo XIX, el geólogo francés Pierre Joseph Aimé o Amado Pissis fue un multifacético personaje que recorrió nuestro país entre 1845 a 1846. Nació en Brioude, departamento de Haute Loire (Francia), el 17 de mayo de 1812 y falleció en Santiago de Chile, el 21 de enero de 1889. Estudió en la Escuela de Minas, la Politécnica y en el Museo de Historia Natural de París. Su principal biógrafo, el investigador Eugene Vega, detalla que en 1834 publicó su primer estudio científico sobre los volcanes apagados de la región central de Francia, en los Anales de la Sociedad de Geología de París. Posteriormente, realizó investigaciones mineralógicas en Brasil y Bolivia.

Es necesario mencionar que, con el objetivo de atraer el comercio, industrializar la minería y fomentar la inmigración europea, el presidente Mcal. José Ballivián (1841-47), impulsó otro tipo de exploración, es decir, la ‘exploración científica’ que se basó en reflejar mediante la opinión ajena una imagen propia. En este contexto, el Gobierno boliviano contrató a los ingenieros franceses La Ribette, Lenunhot, Pissis y Jelowicki para realizar estudios geológicos-mineros. Por otro lado, en una nota de prensa atribuida a Pissis publicada en Annales des Mines de París, y posteriormente reproducida en la Revista de Ciencias i Letras divulgada en Santiago el año de 1857, señala que nuestro biografiado: “…fue a Bolivia con el objetivo de levantar un mapa jeológico i topográfico de la parte central de esta república” (Pissis, 1857, 581).

En junio de 1845, llegó Aimé a La Paz, junto a los ingenieros citados y otros artistas franceses. Empleado como mineralogista, realizó a continuación estudios en Oruro. Sobre ello el célebre explorador francés Francis de la Porte Conde de Castelnau, apuntó en sus memorias de viaje:

[…] ese día nuestra marcha fue de cinco leguas y media que nos condujeron a Oruro. Buscamos, durante largo rato, un albergue antes de encontrar uno; finalmente nos instalamos en una sala vacía que dependía de la casa de la posta. Sabíamos que uno de nuestros compatriotas, el señor Pissis, ilustre geólogo, vivía en esta ciudad; éste se ocupaba de inspeccionar las minas de los alrededores por encargo del gobierno boliviano. Una de nuestras primeras ocupaciones fue irlo a ver y él le debemos, en parte los detalles que presentamos […] (Castelnau, 2001, 180).

Como resultado de sus observaciones, Aimé Pissis elaboró los informes intitulados: Reflexiones sobre las causas que han producido la decadencia de la industria mineralógica de Bolivia, fechado el 12 de febrero de 1846 y la Memoria sobre el Asiento y la explotación de las minas de Oruro, datado el 12 de diciembre de 1845. Ambos fueron publicados en el periódico El Restaurador de Sucre, en el año de 1846 y reeditados en el Boletín de la Oficina Nacional de Estadística, en 1912. (A continuación reproducimos fragmentos del segundo informe como un justo homenaje a su labor efectuada en nuestro país. La transcripción de este documento fue realizada con absoluta fidelidad al original: “Memoria sobre el asiento y la explotación de las minas de Oruro”. En: Boletín de la Oficina Nacional de Estadística, N° 81 al N° 84, Año VIII, Tip. Comercial de Ismael Argote, 1912, pp. 470-481)

Posteriormente, el ministro del Interior, Pedro José de Guerra, le ordenó redactar un texto de mineralogía. Medida que fue elogiada por la prensa y a su vez Pissis, expuso su proyecto de lo encomendado. También reproducimos dicho documento cuya transcripción fue realizada con absoluta fidelidad al original: “A S. G. el Ministro del Interior”, “El Restaurador”, Sucre, 2 de junio de 1846, p. 1.

Consecutivamente, nuestro personaje se encargó de la dirección de una empresa minera que tuvo por objetivo “trabajar la antigua mina de Vilacota, que díó un mal resultado ó que no lo dió inmediato” (Santivañez, 1891, 153). También realizó estudios sobre los “depósitos de nitrato y wanu del desierto de Atacama” (Condarco, 1978, 247)

Lamentablemente, Pissis decepcionado rescindió su contrato y se dirigió a Chile, donde fue bien acogido y realizó importantes trabajos geológicos que dieron como resultado las célebres obras: Geografía física de la República de Chile (1875), Atlas de la Geografía física de la República de Chile (1875) y otras investigaciones que fueron difundidas en el periódico La Época, los Anales de la Universidad de Chile, de Minas de París y de la Sociedad Geológica de Francia. Muchos años después, en 1870, formó parte de una comisión bipartita de límites en representación de Chile juntó al coronel Juan Mariano Mujía por Bolivia.

Memoria sobre el asiento y la explotación de las minas de Oruro. Descripción geológica

Las rocas que constituyen el suelo de los alrededores de Oruro corresponden á tres terrenos de diverso origen.

El más exterior pertenece al último piso de los sitios terciarios, ocupa el vasto llano que rodea esta ciudad y está compuesto particularmente de lechos de greda y arena, depositados en el fondo de un lago; así lo dan á conocer algunas rocas calcáreas que se manifiestan en las partes superiores, y que contienen numerosas vertientes de agua dulce. Al oeste de la ciudad sobresalen dos masas de montaña sobre lechos terciarios -el más occidental, conocido bajo el nombre de cerro de Iroco, se compone de rocas que corresponden al segundo alto ó piso de los terrenos de transición- la parte inferior principalmente compuesta de pizarra pertenece al terreno silurien, mientras que la parte superior en que se manifiestan gredas y piedra arenizca, corresponde al terreno devoncin. La segunda masa, esto, es, la que rodea la ciudad de Oruro, pertenece á los terrenos pyrojenos, esta es una roca de pórfido que se manifiesta al través de los terrenos precedentes, y es muy particularmente notable por los numerosos minerales de plata que contiene, mientras que el oro se encuentra únicamente contenido en el terreno silurien. La parte inferior de este terreno, es donde principalmente los lechos auríferos, en su vecindad, las rocas cambian de aspecto, toman un color más claro y se hacen notables sobre todo por la presidencia del bronce. El conjunto de estos caracteres establece la mayor similitud entre este terreno y el que encierra las minas más ricas de oro del Brasil: esta circunstancia reunida á la extensión dada á los antiguos trabajos, indican de consuno que sería importante emprender investigaciones en estas localidades que deben contener grandes riquezas.

Los pórfidos que componen la masa de Oruro se presentan bajo dos aspectos diferentes. Todo el contorno de esta masa es compacto presenta un calor verduzco y no contiene por sustancia heterogénea, más que unas delgadas venas de hydrato de hierro; más, á medida que uno se aproxima hácia la parte central, esta roca pierde su dureza, toma un color blanco ó amarrillo, y presenta todos los estados de descomposición desde las partes desagrogeas hasta la arcilla. En las partes más alteradas encierran estas numerosas vetas de hydrato de hierro y de jaspe (pacos) que han sido el objeto de las primeras explotaciones establecidas en Oruro. Entre las numerosas venas que se cruzan en todos sentidos y cuya exsistencia se revela desde lejos, por el color rojo que comunican á los pórfidos descompuestos, se distinguen tres, notables por su anchura, su extensión y su riqueza en plata.

La 1ª conocida bajo el nombre de veta grande, se dirije de norte 66º oeste al sud 66º este: aparece sobre la base meridional del cerro del Pie del Gallo, atraviesa esta montaña, sigue atravesando el cerro de Ruviales, pasa á las explotaciones de San José, y va á perderse un poco hácia el noroeste, presentando de este modo á descubierto una longitud de 2,900 varas. Al oeste de ésta, se manifiesta la veta de la Candelaria siguiendo una dirección de norte 18º este, al sud 18º oeste, aparece al sud al pie del cerro de San Felipe -atraviesa el cerro de Todos los Santos, y se pierde en el valle opuesto, abajo de las explotaciones de la Colorada- su longitud en los puntos donde se manifiesta á descubierto es de 1,100 varas. En fin á una pequeña distancia de la Candelaria, se encuentra la veta de la Colorada, cuya dirección es de N. 54º E. al S. 54° O. procede del pie del cerro la Blanca, atraviesa el cerro de San Cristóbal y después de haber recorrido un espacio de 1,900 varas se pierde en la llanura que separa la masa de Oruro de la de Iroco. Estas tres vetas, lo mismo que las numerosas venas que las cruzan presentan la misma composición mineralógica. En las partes inmediatas á la superficie del suelo, están compuestas de jaspe embebido de una cantidad más ó menos grande de hydrato de hierro; pero á medida que avanza en profundidad, desaparece el hydrato de hierro, el cual se halla reemplazado por sulfuro de hierro (bronce) en tanto que el cuarzo toma el lugar del jaspe. En estas dos sustancias conocidas en el país con el nombre de criaderos, se encuentran diseminados los diversos sulfuros á que los mineros dan el nombre de negrillo y que son por lo general mezclas de sulfuro de plomo, de sulfuro de cobre, de sulfuro de antimonio, de sulfuro de arcénico y de sulfuro de plata. Algunas veces también el sulfuro de plomo (soroche) se manifiesta separadamente en las partes laterales de las vetas. Tales son las observaciones que se hacen en almina Colorada. Las tres vetas de que acabamos de hablar han sido explotadas antiguamente en casi todos los punto en que se manifestaban á descubierto y en los que las partes más importantes de trabajo han sido proseguidas hasta el nivel del llano y que actualmente se hallan inundadas. Tales son las minas de Santo Cristo, del Socavón, etc.

Estado de los trabajos actuales

Las explotaciones modernas no son en la mayor parte más que la continuación de los antiguos trabajos, donde se han seguido generalmente vetas cruzadas, que habían sido menospreciadas por los primeros explotadores. El destino de los trabajos primitivos para un objeto diferente del que tienen hoy día y las degradaciones que han estado experimentando, han introducido en las explotaciones modernas una gran irregularidad, que ha aumentado por la negligencia que ha existido en los primeros trabajos: de tal suerte, que las minas actuales no presentan desde la entrada á una distancia de tres y cuatroscientas varas, más que una serie de galerías estrechas, dirigidas sin órden alguno, de descenso ó de foso que hacen imposible el perfeccionar el método de extracción del metal, siendo su transporte á espaldas de hombres lo único que se puede practicar. Nosotros somos pues de parecer que las minas actualmente explotadas, presentan á causa de su irregularidad y de su profundidad. Pocas esperanzas de amejoración, y que los trabajos que había que emprender para llevarlas á una dirección regular, serían menos ventajosos que la empresa de nuevas explotaciones, y por consiguiente debemos adherirnos á estas últimas; si se quiere utilizar de las grandes riquezas que encierra aun la masa de Oruro, independientemente de muchas vetas que aún están intactas, las tres principales de que hemos hablado precedentemente pueden dar lugar á empresas que prometen grandes resultados. Si se atiende á las direcciones que presentan, se ve que la veta de la Candelaria y la de la Colorada vienen á reunirse al norte y á una pequeña distancia del cerro de la Blanca. Este punto, donde existen aún antiguos trabajos, podría venir á ser el objeto de una explotación. La extremidad opuesta de la veta de la Colorada que se manifiesta sobre la vertiente meridional del cerro de San Cristóbal puede igualmente dar lugar á trabajos muy productivos. En, fin la veta grande explotada casi sobre todos los puntos, puede todavía ser ventajosamente invadida sobre la vertiente occidental del cerro de San Cristóbal. Los trabajos que habría que ejecutar sobre estos diversos puntos consistirían en un pozo vertical establecido á flor de mina sobre el terraplén de la veta y en galerías de explotación. Este foso que para primer trabajo podría tener sólo 60 varas de profundidad, no costaría, más de 5,000 pesos; la poca abundancia de las aguas facilitaría el trabajo, y un pequeño manejo podría servir á la vez para la estracción del agua y del metal. El capital necesario para la excavación del foso, el establecimiento de las máquinas y de los talleres no ascendería así á 1,500 pesos. Una sola de estas explotaciones podría proporcionar diariamente 50 quintales de metal, que en el caso en que contuviesen tan sólo medio por 100, que es la ley de los metales pobres, daría 50 marcos plata. El beneficio, empleando buenos procedimientos, sería como lo demostraremos más adelante, de más de 20 por 100, lo que daría por el mínimum una ganancia diaria de 80 pesos, ó un dividendo anual de 20,000 pesos, suponiendo solamente 250 días de trabajo productivo en el año. Por una ley de 1, 1½ por 100, que es la ley media de los minerales de estas vetas, el dividendo anual sería de 60,000 pesos. Entrando los costos de trabajo personal por un tercio en el gasto, resultaría una suma de 80,000 pesos, repartida anualmente en la población de Oruro, y para el Gobierno una renta de 15,000 pesos, correspondiente al derecho de cinco por 100 sobre la cantidad de plata producida por la explotación. Así la renta de un solo año, representaría el capital necesario para comenzar los trabajos.

(…)

Nuevo método de amalgamación

Después de haber sido el mineral quemado suficientemente para que todo el sulfuro de plata se haya descompuesto y mudado en cloruro, debe ser molido segunda vez en piedras de molino, semejantes á las que sirven para la harina hasta ser reducido á polvo impalpable; en seguida es trasportado este polvo á barriles que se mueven sobre un arco horizontal. Allí se añade bastante agua para formar una pasta líquida y una cantidad de hierro en polvo, proporcionada á la cantidad de plata contenida en el mineral. Los barriles son entonces puestos en movimiento, de manera que la mezcla se haga con la posible perfección. Durante este tiempo el hierro se apodera del cloro que se había puesto á la plata, mientras que esta vuelve á tomar su estado metálico. Esta descomposición exige de una á dos horas, según la cantidad de mineral. Cuando está terminada, se añade mercurio, en la proporción de seis partes para una de plata. Como el cloro ha sido ya llevado por el hierro, no se forma cloruro de mercurio: todo este metal conserva su estado líquido y se amalgama con la plata. La amalgamación exije de 12 á 14 horas, durante las cuales el barril debe estar siempre en movimiento. Después de este tiempo se llena de agua y se hace unir el todo en un receptáculo, donde el azogue y la plata se reúnen en la parte inferior, mientras que el lodo sale por una abertura colocada un poco arriba del fondo. Se lava así muchas veces hasta que todas las partes terrosas hayan sido separadas; la amalgama es en seguida comprimida en sacos para extraerle el mercurio, y lo que resta es destilado en cilindros de hierro terminados en un tubo, que se coloca en un receptáculo de agua donde viene á condensarse el mercurio.

Es evidente que en esta operación las causas de pérdida que hemos señalado no existen ya, y siendo completa la quema no queda ninguna parte de plata en estado sulfúreo: su reducción en polvo imperceptible permite á las partes más ténues incorporarse al azogue. En fin, la principal pérdida de este magistral, aquella que es debida á su transformación en cloruro se evita con el empleo del hierro: la destilación vuelve todo el azogue de la amalgama, pues que los vapores son forzados á atravesar el agua antes de escaparse; no resta pues más, que una sola causa de pérdida, la de las lavas, que presentan bastante perfección. En el establecimiento de Hasbruke en que el procedimiento que se emplea no difiere de este más que en servirse de láminas de hierro, en lugar de hierro en polvo, lo que hace la operación más larga, la pérdida del azogue es de onza y media á dos onzas por marco, lo que dá sobre el procedimiento actual una economía de más de diez onzas por marco. En resumen, el procedimiento que proponemos presenta sobre el que se sigue actualmente en Oruro, las siguientes ventajas. Estracción de una más grande cantidad de plata. Economía de más de un 80 por ciento con respecto al azogue; y la más grande celeridad en el trabajo, pues que la amalgamación no exije más que diez y seis horas en lugar de cuatro días.

Método de copelación

Cuando los minerales contienen una cierta cantidad de plomo ó que su contenido en plata sobrepuja un uno por ciento, la amalgamación, cualquiera que sea el método que se emplee, ocasiona pérdidas considerables –hay siempre una parte de plata que queda en los resíduos: entonces es preciso recurrir á la copelación; y los ricos minerales de Oruro se prestan muy bien á este género de tratamiento. El sulfuro de plomo (soroche) de que hemos hablado antes, se emplea aquí útilmente, porque él proporciona no solamente el plomo necesario á la copelación, sino también una grande cantidad de plata que se reúne á la que contiene el mineral. Pensamos pues que este método debe ser empleado con preferencia para los minerales ricos, tales como la mina de San José y de Atocha. Bastaría echar en un horno con mango sulfuro de plomo y el negrillo préviamente quemado, en la proporción de una parte de negrillo por tres de soreche. Se haría de este modo una liga de plomo, cobre y plata, que sería tratada por la copelación.

Para terminar lo que tiene relación al tratamiento de los minerales, nos resta exponer los resultados económicos de los tres métodos que acabamos de examinar. Este resultado se encuentra en los siguientes cuadros, en que se supone que se ha operado sobre un quintal.

(…) En resumen, los metales de Oruro pueden ser distinguidos en dos clases, exigiendo cada uno en beneficio diferente. Los metales pobres, los pacos, los pavonados, deben ser beneficiados por el nuevo procedimiento de amalgamación, en tanto que los espejos y los soroches deben serlo por la copelación.

Oruro, 12 de Diciembre de 1845.

A S.G. el Ministro del Interior.

Oruro, Mayo 12 de 1846

Sr. Ministro.-

He recibido la carta que me habéis hecho el honor de dirigirme con fecha 4 del corriente, y la orden de ocuparme en la redacción de un tratado de docimacia. He pensado que sería conveniente, antes de emprender este trabajo, someter á V. G. el plan de él, á fin de saber si V. G. lo encuentra bueno.

Esta obra se compondrá de una introducción, en que se espondrán las nociones de química y jeología, indispensables para dirijir los trabajos de minas. El capítulo 1.° se contraerá á la esposición de todo lo que pueda facilitar la busca de minas y los medios simples de conocer cada metal. El 2.° contendrá los conocimientos prácticos de esplotación, el arte de cabar los pozos, de hacer las galerías, & así como la descripción de las máquinas más sencillas y más fáciles de construir en este país. En fin, el último capítulo tratará de los métodos para estraer los metales, cuya explotación ofrece más ventajas en este país, como el oro, la plata, el cobre, el estaño y el plomo. Esta obra, que de este modo contendrá la esposición de los conocimientos más útiles á los mineros, formará un tomo en octavo de 400 pájinas, poco más o menos. La poca posesión que tengo todavía de la lengua española no me permitirá escribirla en este idioma, con toda la claridad y sencillez necesarias, para ponerla al alcance de todos. Me parece conveniente escribirla 1° en francés, hacerla traducir después en español, y revee con cuidado la traducción para corregir los errores que pudieran cometerse. Os rogaré, Sr. Ministro, que tengáis la bondad de hacerme conocer vuestra voluntad á este respecto y las modificaciones que juzguéis necesarias.

Tengo el honor de ser con profundo respeto, Sr. Ministro, vuestro muy humilde y muy obediente servidor.

A. Pissis

La dispersión de los venenos

Jacky Mejía

Es una noche perfecta para el misterio y el horror.

El aire mismo está repleto de monstruos.

Mary Wollstonecraft Shelley

1. La presentación

Bueno, ahora que estamos todos reunidos, creo que podemos empezar. Tenía preparado un discurso para esta noche pero, debido a ciertas dificultades técnicas inesperadas decidí dejar de lado las trivialidades de la cortesía y el protocolo institucionales puesto que, de acuerdo a este memo que sostengo en la mano… perdón, creo que alguien lo sustituyó con una copa de vino semi-vacía sin que me dé cuenta. Denme un segundo, ahora lo arreglo.

Perfecto. Lo siento, tenía sed. Barato pero logra su cometido. Tommaso, creo que debes a nuestro público aquí reunido una muestra de la cava privada que ustedes guardan para sus jefes y no esta reserva de vinagre que siempre sirven en estos eventos que ustedes, en secreto, detestan tanto como yo. Así que, por favor, lléname la copa con la buena merca. A tu esposa no le importará que te retires por un momento. Vamos, mueve ese delicioso traserito ítalomarifrunci con el que hipnotizas a tu asistente, y trae una caja para todos nosotros.

Vaya, no sabía que podía caminar tan velozmente.

¿Dónde estaba? Cierto, el memo. Pues me lo acaban de dar. Hace unos minutos. Justo antes de empezar la presentación del premio y ordenarme que haga de maestra de ceremonias porque el miembro del jurado que debía hablar nos canceló a último momento. O fue obligado a cancelar por la esposa. Y sabiendo que todos ustedes presentes son amantes de la buena lectura, quisiera leérselos, pero no sé dónde lo puse.

Gracias, Tommaso. Puedes volver a tu asiento. ¡Qué eficiencia! No te apresures en volver a tu mesa, déjanos disfrutar la vista. ¿Qué opinan de ese meneo, señores y señoras? ¡Un aplauso!

Como ustedes saben, me pidieron que sea una de las jurados del gran premio de cuento y, en contra de todos mis instintos, tuve que aceptar porque, bueno, es parte de mi trabajo. Léase: me obligaron. Debo admitir, sin embargo, que una parte de mí quería hacerlo. En su momento, no entendía por qué pero, esta noche, luego de haber llegado a ese punto liminal en que ya dejas de medir el vino que tomaste en copas, y comienzas a hacerlo en botellas, llegué a una epifanía: quería hacerlo por masoquismo puro y concreto – no se preocupen, prometo tratarlo con mi analista o, al menos, convertirlo en una entrada de mi diario, donde quedará reducido a una simple anécdota sin revisar ni analizar ya que, si algo me ha enseñado la vida es que la introspección te caga la existencia, tanto o más que tus empleadores. Y creo que la autorreflexión es uno de mis peores defectos. ¡Oh! Qué no daría por ser una de esas hirsutas aspirantes a rubia que subliman sus más caras aspiraciones al estrellato cinematográfico utilizando tintes cancheros – ustedes saben cuáles, esos que vienen en bolsitas de aluminio y apenas te alcanzan para dos mechones laterales que te hacen ver, en el mejor de los casos, como la novia gritona del monstruo de Frankenstein.

Perdón, divago. De vuelta al concurso.

Bueno, no todavía. Primero googleen “Elsa Lanchester” para asentar bien la imagen anterior. ¿Les recuerda a alguien?

¿Estamos listos? Procedamos.

2. In vino…

Como decía, acepté ser jurado un poco a regañadientes, un poco por curiosidad, aunque creo que más preciso sería decir morbo; como cuando se topan con un horrífico accidente de tráfico y deciden reducir la velocidad para ver la dimensión de la tragedia pero manteniendo la apariencia de que no les gratifica el dolor ajeno.

Debido al trabajo que realizo aquí, perdón, realizaba, he visto de todo. He leído de todo. Así que no solo me convertí involuntariamente en una experta en nuestras letras, sino que desarrollé una cierta… la palabra que busco no es afición.

Mi garganta está seca. Tommaso, más vino. No, tú. Sírveme tú. Ya no trabajo para ti, ¿recuerdas? Así que, técnicamente, estoy aquí como una invitada. Ni pienses en mandar a tu María Hirsuta, a hacer tu trabajo de campo. Además, tu asistente salió corriendo como diablo ante la cruz al enterarse de que, en vez de desmoronarme llorando en mi oficina, acepté a ser la maestra de ceremonias. O tal vez salió de urgencia a reabastecerse de agua oxigenada ya que sentía que se le notaban sus raíces morenas, qué sé yo. Tú la conoces mejor que nadie.

Gracias. ¡Ya sé! Estómago. La palabra que busco es estómago. Como dirían los franceses, le mot juste. ¿Ven que un buen vino hace toda la diferencia? ¿Otro brindis? Vamos, saben que lo quieren tanto como yo. Levanten las copas: ¡In vino veritas!

Et in veritas venenum.

3. La hoguera y los gatos

Así que, luego de hacer todos los tediosos trámites burocráticos en una de las oficinitas sucias de la institución que patrocina este evento, ustedes pueden imaginárselos, cuartitos oscuros impregnados de ese olor tan característico a veloz sexo frenético entre secretaria y jefe que deben aprovechar al máximo los tres minutos que roban entre reunión y reunión con los franchutes culifruncidos de nariz respingada que pululan en el directorio… me disculpo, ese último comentario fue totalmente inapropiado. El vino hizo que me expresara indebidamente. Quise decir suizos.

Entonces, luego de firmar el acuerdo aceptando el nombramiento a jurado, ya que, de acuerdo a la convocatoria, solo pueden juzgar “personalidades destacadas de la literatura nacional”, cosa que yo no sabía que era (puesto que lo único que hice durante todos estos años fue sentarme en la biblioteca congelándome la coneja, ya que los jefes máximos no quisieron instalar un sistema de calefacción para no arruinar el patrimonio histórico de la institución), terminé llegando a mi casa no solo con una mochila llena de informes y documentos y correos pendientes que llevé de mi oficina –papeles que, te aclaro, Tommaso, ahora constituyen patrimonio histórico de mi chimenea–.

Tuve que cruzar la ciudad en dos minibuses para llegar a mi urbanización, cargando 87 novelas de un mínimo de 120 páginas cada una (en Times New Roman e interlineado doble, como requiere el formato), todas escritas por aspirantes a novelistas, muchachitos de ojos estrellados que sueñan con lograr, de la noche a la mañana, la inmortalidad literaria e integrarse en el panteón inalcanzable de artistas ilustres de pecho henchido y rancio abolengo, sujetos que se cubren la cara horrorizados cuando se les pregunta si leyeron a algún escritor novel y se persignan rezándole a la Santísima Trinidad de Flannery O’Connor, John Cheever y Charles Bukowsky para que perdonen los pecados del entrevistador y lo exorcicen de tan nefastas influencias. Dicho sea de paso, esta gente también invierte una pequeña fortuna en la curaduría de su Instagram para asegurarse que se encuentre estudiosamente poblada con fotos de dicha conyugal cosméticamente heterosexual, veladas primorosas al aire libre en compañía de sus pares de fama internacional, todos posando con copas de cristal Lalique en las manos y sonrisas de extrema perfección ortodóntica, celebrando con bombos y platillos el lanzamiento reciente de la narrativa más tediosa de la temporada.

Y, claro, fotos de sus gatos. Nunca faltan las legiones de micifuces caminando con la cola en alto y el orto florecido ante la cámara, indiferentes ante los delirios de los humanos cuya presencia apenas toleran bajo su techo. Y todos los felinos están bautizados con nombres que delatan al lector crítico, sutil como un guiño entre ladrones, aquellas influencias que sus dueños tan casualmente, tan persistentemente, tan calculadamente mencionan ad nauseam, desesperados, casi, en todas las entrevistas con pseudoperiodistas culturales de pluma complaciente y sonrisa vacua, notas periodísticas que obtienen reclutando a sus agentes, mamás, hermanas y amantes, meneando nalga a diestra y siniestra a velocidades hipersónicas para mantener la vigencia de su marca personal. Este minino se llama Balzac y este otro es Diderot; aquel es Racine y este es Maupassant; el gordo de la esquina es Flaubert y el que cuelga de la cortina de seda japonesa bordada a mano por una legión de abuelitas ciegas, ese es LaFayette: solo come trocitos rectangulares de salmón canadiense de crianza libre de crueldad. Quijote y Ozymandias, Yago y Calibán, Ishmael y Darcy, todos posando pacientemente ante sus mascotas humanas contorsionadas ante ellos sosteniendo sus celulares de alta gama para sacarles la mejor foto posible. Hashtag MishiFeliz. 🐱

Si es que necesitan alguna evidencia de que yo soy lo más lejano a una personalidad destacada de la literatura nacional, les puedo mostrar una foto de mi perra, Nori: ella come caca y bebe del retrete.

Tommaso, travieso, llamaste a seguridad. ¿Realmente crees que Carlitos podrá bajarme del podio? Recién estoy calentando motores. ¿Dime, Carlitos, sabe alguien de la colección de revistas eróticas de fantasía medieval que guardas en tu escritorio? Eso es, Carlitos, corre de vuelta a tu mamá. Y aprovecha para arrancarte esa espantosa uniceja. Pareciera que estás criando una familia de chinchillas en la frente.

Más vino, por favor, Tommaso, que la noche es joven y abunda la leña.

Solo y de camino

Solo y de camino, es, como lo indica su propio subtítulo, una antología de poesía alemana del siglo XX. Preparada por Diego Valverde Villena, esta pequeña pero enjundiosa muestra, es el número 2 de la colección de traducciones diseñada por Mauricio Souza C. y publicada por la Carrera de Literatura de la UMSA y el Instituto de investigaciones literarias.

En ella Valverde ha reunido, traducido y comentado a 5 poetas: Gottfried Benn, Rose Ausländer, Mascha Kaléko, Hilde Domin y Paul Celan. Un par de poemas de cada poeta que bien pueden servir de iniciación o reincidencia, según cada lector, al fructífero ejercicio de lectura de los antologados.

Esta publicación, disfrutable de principio a fin, bien puede dialogar con otra que, en 2018 publicó editorial 3600 en alianza con el Goethe Institut: Die Übertragung des Feuers – El contagio del fuego, una muestra de seis poetas bolivianos y seis alemanes en edición bilingüe, preparada por los poetas Benjamín Chávez y Timo Berger, y continuar así ese acarreo de voces que, como lo recuerda el propio Valverde Villena, también Saenz hizo con Benn.

Transcribimos la nota introductoria del Valverde Villena. Una puerta abierta a los poemas del delgado volumen:

Ante tus ojos, cinco poetas en lengua alemana del siglo XX: dos nacidos en Alemania y tres en el ámbito del Imperio Austro-Húngaro de Joseph Roth, que nos recuerdan que el gran río de la cultura en alemán es el Danubio.

En el interior de todos ellos se cruzaron lenguas, todos mantuvieron su lengua. Sufrieron exilios dentro y fuera de sus patrias, vivieron en diversos lugares, todos vivieron siempre en su lengua poética.

Todos los tiempos son tiempos duros, pero los suyos fueron especialmente duros. Perdieron sus hogares, vieron morir a sus padres, hijos y parejas. “En medio de las pérdidas, accesible, cercana y no perdida, quedó sólo una cosa: la lengua”, nos contó Celan. “Rasga tus planes. Sé cuerdo/ y aférrate al milagro”, cantó Mascha Kaléko.

El poema puede ser un mensaje en una botella, lanzado con la tenue esperanza de que en algún momento, en algún lugar, llegue a tierra, tal vez a la tierra del corazón, señaló Celan.

Benn nos llegó del brazo de Saenz, Celan con Gonzalo Rojas. Ojalá esta antología abra la puerta para que también Rose Ausländer, Mascha Kaléko y Hilde Domin tengan su lugar en nuestras mesas.

Solo y de camino. Una antología de poesía en alemán del siglo XX. Selección, traducciones y comentarios de Diego Valverde Villena. Carrera de Literatura de la UMSA; Instituto de investigaciones literarias. La Paz, octubre 2021. 30 p.

Rincón ediciones

Omar Montecinos / Erika J. Rivera

Rincón ediciones nace allá por 1996 como un proyecto de sello musical independiente con el denominativo de Rincón records bajo la iniciativa de los hermanos Omar y Boris Montecinos Escalier, ambos muy vinculados en el movimiento de rock underground o subterráneo como se lo quiera denominar. El objetivo principal de este singular sello independiente era básicamente el de editar, difundir y promocionar, dentro del circulo underground, a bandas tanto nacionales como extranjeras sin discriminar ningún género musical, vale decir, desde el punk hasta el metal en todas sus diversidades y subgéneros.

Rincón récords, gracias a la inquietud de sus creadores, logra editar en formato cassette varias producciones como de: Llawar “Pulso demente” (Bolivia), Slow agony “Crumbling empires” (Uruguay), Thrash S.A. compilatorio vols. 1, 2 y 3  y  Bolivia putunk´markasani compilatorio de bandas nacionales vols. 1, 2 y 3. Producciones que se las movían dentro del circuito underground en distintas ferias de fanzines y producciones independientes, conciertos y por medio del carteo entre otros coleccionistas y sellos independientes tanto nacionales como internacionales de esas épocas.

Rincón récords subsiste, en su primera etapa, hasta el año 2002, pues por diferentes motivos los hermanos Montecinos deciden ya no continuar con este proyecto.

Ya para el año 2008, así como el Ave Fénix, Rincón récords vuelve a tomar vuelo, pero con el nombre de Rincón ediciones, esta vez a cargo de Omar Montecinos y Erika J. Rivera. Es así que pasa de ser un sello musical independiente a una editorial independiente y además autogestionada, con la idea muy clara de difundir pensamiento crítico y con ello contribuir a la reflexión del lector y la lectora acerca de la realidad en que están sumergid@s. Rincón ediciones al ser una editorial independiente va hacia el público lector y eso ha hecho que se la considere una editorial totalmente itinerante, pues se los encuentra en ferias y eventos académicos.

Entre sus producciones, Rincón ediciones, cuenta con más de 43 títulos publicados, algunos de estos agotados y otros que todavía están disponibles. Estos están seleccionados en tres colecciones: colección Abrelosojos, colección Cuéntame y colección Reflexiones urgentes, esta última es una colección de bolsillo, económica, fácil de manejar y de rápida lectura.

En estos casi 14 años de Rincón ediciones más de una decena  de intelectuales y escritores publicaron sus libros en esta editorial, entre los más destacados están: Enrique Dussel, Rafael Bautista S., Juan José Bautista S., Rosario Aquím, Pablo Mamani R. y  H. C. F. Mansilla. De este último se publicaron en tres tomos sus Obras Selectas (2018). Obras que plasman el trabajo intelectual del destacado filósofo y politólogo H. C. F. Mansilla a lo largo de sus más de 50 años de trayectoria académica. Para Rincón ediciones esta minuciosa recopilación de artículos, ensayos y libros del filósofo H. C. F. Mansilla fue un reto hecho realidad, pues fue un trabajo totalmente autofinanciado por la editorial sin ninguna ayuda de instituciones estatales o privadas, demostrando con ello que una pequeña  editorial independiente también es capaz de lograr grandes objetivos y metas importantes sin tener que estar de llunkus (tirasacos) del gobierno de turno ni pedir limosnas a instituciones extranjeras. Este, en resumen, es el trabajo, hasta la fecha de Rincón ediciones, el cual seguirá en el camino de ese viejo emblema del punk: “hazlo tú mism@”.

Libro-lectura-lector. Aproximaciones, conceptos y guiños

A propósito del Día de Libro que se recordó hace tres días, recuperamos algunas citas, definiciones e ideas sobre la cadena libre-lectura-lector, de la pluma de varios reconocidos escritores en lengua hispana.

Martín Zelaya

El 23 de abril se recordó el Día Internacional del Libro. Hace justo 27 años a los señores de la Unesco se les ocurrió institucionalizar esta fecha por una feliz triple coincidencia que, al final, resulta que ni es feliz ni es coincidencia.

En 1616, “ese día”, fallecieron (por eso no es feliz) Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega; ese es el argumento, pero… a fin de cuentas resulta que no. El autor del Quijote murió a últimas horas del 22 y lo enterraron el 23, y el genio creador de Hamlet sí murió el 23 de abril, pero del calendario juliano, que correspondió al 3 de mayo de ese 1616 en el gregoriano; es decir, 10 días después que su par español (por eso no es coincidencia).

Muy aparte de este enredo vale, cómo no, celebrar al libro como objeto o sujeto, como vehículo, canal y mensaje, como impulso y cenit de transformación y evolución. Y claro, de paso a la lectura, el verbo: el acto de leer; el vicio, costumbre, necesidad; el don.

Partiremos con Piglia, promediaremos con Piglia y terminaremos con Piglia. ¿Qué es un lector? Se pregunta el maestro argentino en uno de los capítulos de su celebrado El último lector. “Primera cuestión –se responde–: la lectura es un arte de la microscopia, de la perspectiva y del espacio (no solo los pintores se ocupan de esas cosas). Segunda cuestión: la lectura es un asunto de óptica, de luz, una dimensión de la física”.

Esto me recuerda a un querido amigo, Edwin Guzmán, que hace ya más de cuatro lustros, cuando era mi profesor en la universidad, dijo que la única manera de escribir bien era, antes, sentarse a leer, leer, leer y leer, y que por eso “para ser buen escritor, hay que tener buenas nalgas”. Y eso me recuerda –también– otra valiosa enseñanza de Jesús Urzagasti: “tienes que trabajar (se refería al oficio de escritor) hasta que te caguen las palomas”.

Sobre la lectura –rebuscando en mi biblioteca– encontré algunas interesantes reflexiones. Dice Javier Marías en el ensayo “Mi libro favorito” de Literatura y fantasma:

«…escribir es, en suma, la forma más perfecta y apasionada de leer, y seguramente por ese motivo los adolescentes, que suelen disponer de tiempo, se toman la molestia de transcribir a veces el poema que tanto les ha gustado: volverlo a escribir es no solo una manera de apropiarse de él, de asumirlo y de suscribirlo, sino también la mejor manera de leerlo, la más cabal, la más alerta, la más segura».

Más de una vez he citado en artículos anteriores este párrafo que el enorme Sergio Pitol escribió en su libro El arte de la fuga:

«…uno, me aventuro, es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas. Uno es su niñez, su familia, unos cuántos amigos, algunos amores, bastantes fastidios. Uno es una suma mermada por infinitas restas».

Ya promediando, otra vez Piglia:

«El lector adicto, el que no puede dejar de leer, y el lector insomne, el que está siempre despierto, son representaciones extremas de lo que significa leer un texto, personificaciones narrativas de la compleja presencia del lector en la literatura. Los llamaría lectores puros; para ellos la lectura no es solo una práctica, sino una forma de vida».

Y para ver cómo vamos por casa, hace algunos años, en un texto publicado en LetraSiete y también en ocasión del Día del Libro[1], les pedí un par de párrafos sobre este tema a algunos escritores bolivianos. Liliana Colanzi escribió: “entro a los libros como ladrona… buscando qué saquear. Y Maximiliano Barrientos: “la lectura de ficción es una experiencia tan íntima como el sexo”.

Antes de cerrar lo de leer-lectura y pasar a lo de libro, el otro día, revisando una vieja entrevista que le hice a Eduardo Galeano, vi que después de varias preguntas, le pedí al uruguayo que escriba breves frases de descripción-concepto sobre algunas palabras que le plantee. Esto escribió Galeano a vuelta de correo electrónico:

Lector: “Yo fui muy amigo de Julio Cortázar, pero no coincido con él en aquella definición del ‘lector hembra’, en el sentido de lector pasivo. Primero, porque ahí a Julio se le escapó el machista que todos tenemos adentro, y segundo porque el acto de lectura, cuando es verdadero, es una comunión donde las palabras van y vienen y terminan perteneciendo, también, a quien las recibe”.

Libro: “Cuando el libro vale la pena, está vivo y respira. Uno lo siente respirar cuando lo apoya en la oreja”.

Ya que lo mencionamos, Cortázar dijo: “los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo”. Y ya que hablamos del Cronopio, por qué no a su gran amigo el Gabo, quien en una entrevista con Darío Arizmendi sostuvo: “los escritores siempre pensamos que el libro es como nosotros pensamos que debe ser y no como piensan los otros que debe ser”.

Dos más antes de cerrar. El cochabambino Rodrigo Hasbún describe: “libros: artefactos peligrosos, maquinitas misteriosas” y el gran Augusto Monterroso en “El autor ante su obra” de su libro La vaca: “en los últimos años, un libro mío recién publicado que se desliza de mis manos en la alta noche, es lo único que se ha interpuesto entre mi mujer y yo”.

Prometí cerrar con Ricardo Piglia:

«La pregunta ¿qué es un lector? es, en definitiva, ‘La’ pregunta de la literatura. Esa pregunta la constituye, no es externa a sí misma, es su condición de existencia. Y su respuesta –para beneficio de todos nosotros, lectores imperfectos pero reales– es un relato: inquietante, singular y siempre distinto».


[1] Debo confesar acá, en letras pequeñas, que buena parte de este texto lo cociné o autoplagié de aquel mentado artículo original.

El Chaco, imagen y movimiento perpetuos en un país que se repite

Una conversación con Diego Mondaca, a propósito de la proyección de su película Chaco (2020) en el Festival de Cine Diablo de Oro de Oruro, permite volver sobre los constantes tópicos y repercusiones de este episodio de la historia, crucial no solo en el pensamiento e identidad, sino en la creatividad y el arte bolivianos.

Fotograma de la película Chaco: Fotografías (4) Marcos Soto Montpellier.

Martín Zelaya

– Ni usted ni yo somos de aquí, mi capitán. A veces pienso que estamos perdidos.

– Vino a pelear, cabo, no a hacer amigos.

– No hemos disparado una bala en meses.

– Todos hemos terminado en el mismo pozo.

Cuatro líneas del guion de Chaco (2020) encierran toda la película de Diego Mondaca y la explican lo suficiente. La deriva total, la inconsciencia. La soledad en grupo. El aburrimiento de irse muriendo de a poco. La certeza de esa espantosa condena. Son cuatro respuestas, en diálogos o soliloquios, dispersas a lo largo de los 77 minutos de filme. Pero a la vez, cuatro interrogantes que retratan e interpelan el absurdo total.

Algunas críticas severas al primer largometraje de Mondaca –orureño como el que más– observan que “no hay nada nuevo” en relación a los tan mentados temas de reflexión que dejó el Chaco: el absurdo de la guerra, la lucha contra uno mismo, la sed, la locura, la estupidez del hombre… Como si hubiera algo nuevo por descubrir a 90 años de la contienda entre Bolivia y Paraguay. Como si a estas alturas de la historia, de la humanidad, los creadores pudieran aún dar algo que no sea su creatividad y enfoque, aportes indispensables todavía.

A manera de sinopsis

El cabo Liborio es la mano derecha del capitán, un alemán mercenario que conduce un mermado regimiento por un laberinto seco y asfixiante, encerrado en sí mismo.

Casi bastaría decir eso. En este cuadro –es tentador comparar el filme con una pintura– hay dolor, incertidumbre, intrigas, traiciones, pero sobre todo angustia y desesperación.

Pero Chaco, es bastante más. Es un camino interminable hacia la nada. Es una suerte de road movie en la que siempre hay mucho por delante y nunca nada por qué avanzar. Y en esta propuesta creativa, es fundamental la estética diseñada por el director: la cámara sigue o espera de cerca, es parte de la deriva constante.

¿Cómo, por qué y para qué hacer una película sobre la guerra? Mondaca comparte algunas ideas y experiencias en torno a este premiado filme, a propósito de su reciente proyección en Oruro, en el marco del Festival Diablo de Oro.

Cineasta nato y cinéfilo empedernido, queda claro que Diego, su arte, se mueven a partir de imágenes. “Hay unos relatos de Hilda Mundy que me guiaron un montón. Me quedan esas imágenes de las despedidas en Oruro. Las mujeres despidiendo a niños inocentes y eufóricos. Había ternura –dice Mundy– más allá de la compasión ante esa juventud que se iba a la guerra. La cueca Adiós Oruro del alma, si mal no recuerdo, fue compuesta por un soldado que iba a la guerra”.

– El Chaco generó el mayor movimiento temático, reflexivo, crítico, estético… creativo en Bolivia. Sigue en la mente y memoria… ¿hasta cuándo nos perseguirá esta sombra? ¿Hay que huir de ella o convivir en paz?

– Sí permanece y sigue en movimiento. Me parece que se debe a que aún no hemos resuelto el verdadero problema de esa guerra, tanto en su origen y desarrollo como en sus consecuencias.

Los relatos sobre el Chaco sobreviven como objetos salvados de un incendio, debemos recuperarlos de esa situación de riesgo –de una mala o incompleta interpretación– y producir un conocimiento crítico.

No se trata simplemente de remover el pasado. Se trata de que, al producir nuevas miradas, como busca hacerlo la película, nos preguntemos siempre qué clase de contribución al conocimiento histórico es capaz de aportar nuestro trabajo, y si una imagen bien mirada, una imagen en llamas puede desconcertar y después renovar nuestro lenguaje y, por ende, nuestra manera de pensar.

El Chaco nos perseguirá hasta el momento en que se reescriba y analice la historia desde una mirada que no busque victorias ni hitos, sino más bien una reflexión a profundidad sobre los actos de una sociedad que nos arrastra a la guerra como “solución final” con todas sus consecuencias que retumban y se repiten al parecer eternamente.

Quien mira la película ve y siente esas consecuencias desde su presente, nuestro presente, y eso es lo doloroso. Es necesario entenderlo.

– Creo que esta es una frase fundamental del filme: “ni usted ni yo somos de aquí, mi capitán. A veces pienso que estamos perdidos”. ¿Qué reflexiones puedes compartir al respecto?

– Ese es un diálogo que marca el destino de todos en el filme. Liborio, de alguna manera ve más claro ese su destino. Siente en el cuerpo y ante ese paisaje todo un extravío que luego vemos que es colectivo, y que deriva en lo inevitable. Quizás por eso también Liborio se la pasa cargando con la muerte (a Jacinto, su compañero).

Ese extravío también es una metáfora del sinsentido, del miedo que se apodera de ellos, sobre todo el miedo al otro, al que no lleva su uniforme. Y todo esto en un inmenso terreno inhóspito donde solo puedes ser o boliviano o paraguayo. Ahí está la escena del encuentro entre los tres soldados extraviados y la pareja weenhayek.

– Son evidentes algunas razones y necesidades de que varios diálogos estén en aymara y quechua. Pero quisiéramos conocerlas de tu voz.

– Son razones políticas y estéticas. Es poner en el centro a la lengua. Narrar desde quechua y aymara es dar voz a toda una juventud a la que se le negó sistemáticamente elevar su relato de la guerra. Son diomas que hasta el día de hoy son pisoteados, negados y arrinconados, condenados a desaparecer. Lenguas estigmatizadas o instrumentalizadas. Al ponerlas en el centro del conflicto de toda la película denotamos una posición política por defender y valorar el cómo se vivía y nombraba el día a día, las cosas y emociones en el Chaco. Acaso no deberíamos preguntarnos al menos cómo nombraban ese paisaje nuevo en su idioma materno, cómo describían su horror y cómo lo habrán trasmitido al regresar.

Con la película buscamos recuperar el valor de la lengua en nuestra historia y su sonoridad en nuestra memoria. Esos jóvenes soldados también aprendieron en el Chaco (y hasta hoy en el servicio militar) que el castellano es una lengua civilizadora y que está encima de todas las otras. La jerga militar (machista, misógina y profundamente racista) impone que la letra entra con sangre o que gritar es autoridad, por ejemplo. Y estas prácticas violentas son las que los jóvenes van reproduciendo luego en sus casas, en sus vidas.

Y con estético, me refiero a algo esencial y fundamental para la armonía en forma y contenido de la propuesta de la película.

En otro momento de la charla, Mondaca comenta: “la película está dedicada a mi abuelo, que fue un soldado en esa guerra. Y ahora su cuerpo está en Oruro, en el mausoleo de los excombatientes. Hace unos años mi madre quiso recuperar sus restos y llevarlos junto a los de mi abuela a Cochabamba. No se puede. No le dejaron. Los restos de los excombatientes son patrimonio nacional”.

A esto es precisamente a lo que se refiere con la necesidad de dejar de mirar al Chaco con enfoques rancios de patriotismo y heroicidad. “Todo esto de mi abuelo es también parte de la ironía y del absurdo de la guerra que nos siguen persiguiendo, que persiguieron a mi abuelo siempre. La guerra no suelta ni sus huesos”.

Todo lo que sucedió en Bolivia entre 2019 y 2020, cuando corría la post producción de la cinta, no hace sino reafirmar esta suerte de leyenda o maldición: el camino del Chaco no se acaba aún. La sombra sigue su acecho. “Era muy loco terminar de editar Chaco al mismo tiempo que nos matábamos en las calles, al mismo tiempo que estallaba un negacionismo brutal. La estrenamos en 2020, en medio de un país rasgado y adolorido. Un país que se repite”.

“No te olvides que Chaco es un espejo sin tiempo en donde, tarde o temprano, terminamos reflejados”, culmina Diego, ya en una conversa personal, a modo de ultimar detalles para el trabajo de estos textos.

El triunfo de la imaginación

Sostiene Diego Mondaca: “al Chaco y a la guerra los hemos tenido que imaginar. De la imaginación (sin nacionalismos, patriotismos o condescendencias) sale la peli. Es mi idea del horror. Una ficción que está en la mesa familiar de muchos de nosotros. Desde ahí hay que verla, conversarla; desde la imaginación de un horror pasado cuya materialidad permanece hoy. Es un poco nuestra shoah”.

La imaginación, concepto clave. No es para nadie novedad que el Chaco es la principal y mayor convergencia temática en expresiones artísticas y culturales en Bolivia. Y que, antes todo, sus razones, contextos y efectos son categorías de análisis y pensamiento histórico, político y sociológico. A pesar de la profusión de escritos, cantos, dramas y expresiones plásticas, son pocas las alusiones que eluden el patrioterismo y patetismo: la oda reivindicativa del derrotado. Estas pocas excepciones son, precisamente, las que sobresalen.

En el capítulo “El arco de la modernidad” de Hacia una historia crítica de la literatura en Bolivia (PIEB, 2002), Blanca Wiethüchter señala: “el vaciamiento de sentidos que practica Hilda Mundy en Pirotecnia (1936), o el dialogismo frívolo de Rodolfo el descreído (1939) de David Villazón, novela en la que el autor se burla explícitamente desde las notas al pie de página del narrador, constituyen las rupturas que imaginan un mundo en ruinas”. En el mismo texto, continúa: “esa vanguardia quedó ignorada en nuestra historia literaria y mutilada en su impulso por el boom de la Guerra del Chaco, el que otorgó el triunfo, en desmedro de las experimentaciones vanguardistas, a los productores del sentido ‘fondista’”.

Sin querer menoscabar a estos “triunfadores fondistas” (nadie va a poner en duda el valor y calidad de El pozo del Chueco Céspedes o Aluvión de fuego de Oscar Cerruto, por ejemplo), recién en los últimos años se propició la salida a luz de estas obras tan irreverentes como fundamentales sobre el Chaco, que menciona la autora de Asistir al tiempo. Y todo gracias a las reediciones cuidadas y acertadamente prologadas de La Mariposa Mundial. Podríamos agregar una tercera: Chaco, de Luis Toro Ramallo, que forma parte de la Biblioteca Plurinacional editada en 2014 por el Ministerio de Culturas, una colección de ocho libros esenciales de la primera mitad del siglo XX, injusta e inexplicablemente olvidados.

La referida edición de Chaco, viene prologada por Wilmer Urrelo, quien en una de sus reflexiones parecería dialogar con Wiethüchter: “creo que todo esto, tomarse la guerra con esa supuesta superficialidad, hizo que la obra de Villazón fuera condenada al olvido con muchísima intención: es más fácil no prestarle atención a un libro que jode a una generación a atacarlo, pues eso lo haría crecer más”.

Pero incidamos un poco más. En una nota a propósito de la publicación de Rodolfo el descreído, Rodolfo Ortiz, director de La Mariposa Mundial, escribe: “la Guerra del Chaco resuena aquí a través de una estética de la insubstancialidad en la cual la novela abiertamente se reconoce, y no solamente ella, sino fundamentalmente una segunda, la novela de un tal Jorge Santa Cruz (ganador del Premio Gordo de Lotería) que se entrevera dentro de la propia novela de David S. Villazón para narrar con precisión los ‘sucesos’ acaecidos alrededor del, digamos, ‘gran suceso’ llamado Guerra del Chaco”.

Además de historia y testimonio, el Chaco fue vivencia, renovación y parteaguas. Cómo no seguir, entonces, provocando miradas. Además de las letras, entonces, está la música: los nunca del todo bien ponderados boleros de caballería. Y está la imagen. Mondaca lo dice mejor “…y están también esas imágenes y sonidos del Chaco que nunca vimos. Ese horror que, si bien fue relatado en la literatura, pocas veces pasó al cine”.

Bolero de caballería: banda sonora de guerras y muertes

¿A quién no se le eriza la piel al escuchar Terremoto de Sipe Sipe? A Diego Mondaca le pasó cuando la oyó por primera vez de niño. Y se le escapó más de un lagrimón ya de adolescente cuando esas notas despidieron a su abuelo excombatiente.

Cuenta Diego: “el estudio de Jenny Cárdenas (Historia de los boleros de caballería) es potente y muy valioso. Fue muy importante para entender los caminos del bolero de caballería. Vital. Pero también está la “conceptualización del bolero” más allá de un contexto que lo fue transformando y resignificando hasta hoy. En eso don Alberto Villalpando fue fundamental: ¿cómo entender la musicalidad del bolero de caballería?

Al explicar la investigación que desembocó en la publicación de su texto en 2015, Jenny Cárdenas cuenta –en un antiguo diálogo justo a propósito de ese lanzamiento– que estos boleros surgieron en el siglo XIX y que siempre estuvieron indisolublemente ligados a las bandas del Ejército: “la Guerra del Chaco es, entonces, el escenario más propicio –por decirlo de alguna manera– para que ancle, se enraíce en el alma, en la memoria de toda la gente que asistió, como actor directo, o como familia o sociedad en que ocurría esa guerra. Y de allí, siguió acompañando toda confrontación social, inclusive si no había muertos, para significar que estaba sucediendo un hecho de violencia política”.

Entre la conceptualización del bolero de caballería y su innegable ligazón con la guerra y, sobre todo, con la muerte, también está algo que subyace claramente: es una inigualable y poco valorada expresión cultural boliviana, una referencia identitaria de la historia de este país.

Así lo refiere Juan Pablo Piñeiro en su breve texto “La música del umbral”, publicado en 2015 precisamente a raíz del trabajo de Cárdenas: “no es necesario ser un músico eximio para entender enseguida, cuando uno escucha un bolero de caballería, de que se trata de un género musical boliviano, de un género que ha brotado en nuestras tierras. El hilado musical es inconfundible y salta al oído de cualquiera que escuche estas tonadas. El compás andino tejido con la melancolía del metal, une lo magnífico y lo triste como si uniera la vida y la muerte”. Así, la banda sonora de Chaco no omite, claro está, los boleros de caballería, que dialogan y cargan de emotividad un par de escenas de por sí potentes…: la marcha de los desharrapados soldados… esa deriva insustancial, esa espera sin esperanza.

Pedro Albornoz: «Mach 1 es una extensión de mi trabajo como crítico»

Entrevista al más reciente ganador del Premio de Novela Marcelo Quiroga Santa Cruz

La narrativa de Pedro Albornoz Camacho se caracteriza por sus personajes atípicos, sus escenarios atípicos, un manejo magistral de la digresión, diálogos y monólogos dinámicos y, sobre todo, por un manejo sofisticado del humor negro. Nació en Cochabamba en 1970, pero pasó casi toda la primera parte de su vida en el exterior. Si bien su incursión en la narrativa es relativamente reciente – ganó el Premio Franz Tamayo en 2014 por su cuento “El otro muro”, un relato fantástico en el que explora, la naturaleza de la creación de la obra de arte; este es un tema que comparte con su primera novela, Mach 1, galardonada con el Premio de Novela Marcelo Quiroga Santa Cruz en 2020 y, recientemente, premio que volvió a ganar por segunda vez el 2021, con su segunda novela Diablo que baila bajo la luna – lleva escribiendo y publicando artículos académicos desde hace más de veinte años en distintos campos, desde la crítica literaria y de arte hasta la historia boliviana.

Recientemente dijiste que el humor boliviano puede ser tan fino como el inglés. ¿Cómo es que llegas a esta conclusión, alguna influencia literaria?

Sí y no: por un lado, crecí en una familia donde, si no tenías un buen sentido del humor y capacidad de réplica inmediata, no sobrevivías el almuerzo. Mi padre podía pedirte que le pases la sal mientras te decía las cosas más incisivas, más irónicas, ingeniosas y sarcásticas con gran sutileza y elegancia, sin la mínima expresión en el rostro; y mi madre no solo remataba, sino incluso a veces volcaba el comentario contra mi papá con la misma destreza o redirigía hacia alguien más. Nadie en la mesa estaba a salvo, no una vez que habías entrado en confianza, porque se esperaba que participaras.

A mis quince años, nuestro profesor de literatura inglesa nos hizo leer “La importancia de llamarse Ernesto” de Oscar Wilde y mi mundo cambió. Entendí cómo el humor bien logrado te permitía volar bajo el radar y decir abiertamente las cosas más terribles con ecuanimidad, cuando no con una sonrisa beatífica. Claro, muchas veces mi boca es más veloz que mi cerebro y termino metiéndome solito en agua hirviendo. Pero al menos puedo reírme cuando lo hago.

Lo que me dices parece describir al personaje principal de tu segunda novela, Diablo que baila bajo la luna, a la perfección.

Sí, pero yo no soy ella. En realidad la basé, al inicio, en una de mis mejores amigas de colegio, que también tenía el mismo tipo de humor negro y sarcástico; a medida que evolucionaba, sin embargo, cobró su propia personalidad. También tiene mucho de mi madre: a sus 83 años, su mente sigue tan lúcida y afilada como una daga, y mantiene su don para la risa y para hacerme reír en el peor momento, muchas veces a costa mía y en público. Así que veo en esta segunda novela un homenaje a todas estas mujeres fuertes que me rodean y me rodearon a lo largo de mi vida.

Tu primera y segunda novela ganaron el premio de novela en años consecutivos. Noto que la primera tiene un concepto y tratamiento drásticamente diferente de la segunda, que es lineal. ¿Cuál escribiste primero?

Técnicamente, comencé escribiendo Mach 1, pero como requería un tratamiento muy distinto –en esta novela juego sutilmente con la cronología e intercalo tres voces distintas que precisaban un trabajo meticuloso para lograr tonos específicos – me comencé a bloquear y, como digo en El otro muro, el peor crimen que puede cometer un escritor es dejar de escribir, así que inicié un segundo texto, completamente distinto aunque con un personaje y un escenario compartido, a manera de mantener el motor funcionando. En un inicio pensé en unirlos como un solo texto, pero a medida que progresaban, me gustaba que fueran obras separadas. Así que llegó un momento en que escribía ambas al mismo tiempo. Fue un proceso caótico al inicio, pero luego me di cuenta que era como mantener un diálogo productivo con dos personas al mismo tiempo, ya que escribir un texto me ayudaba a resolver problemas en el segundo, y viceversa.

En tu cuento “El otro muro” abordas el bloqueo de escritor. ¿Es este un problema que enfrentas de manera recurrente? ¿Cómo lidias con él?

Solía pensar que sí hasta que me di cuenta de que, al menos en mi caso, el bloqueo no es más que mi mente resolviendo un problema, cartografiando una ruta narrativa, como cuando tu computadora se congela. Solía ser una fuente de frustración hasta que me di cuenta que esto solo me ocurre cuando escribo narrativa, no investigaciones ni crítica, ya que cuando escribo textos académicos trabajo con una fecha de entrega bastante estricta y no me puedo dar el lujo de retrasarme. “El otro muro” me sirvió para conocer la naturaleza real del problema, y mis dos novelas me permitieron poner a prueba lo aprendido. La clave consiste en persistir, no dejar de escribir, aunque no sea lo que habías planeado originalmente. También es importante acoger el bloqueo, pero reconocerlo por lo que es: una pausa momentánea que te servirá para tomar impulso, para resolver los problemas en los que metiste a tus protagonistas.

¿En qué difiere tu proceso de escritura cuando haces crítica y cuando haces narrativa?

Por sus parámetros académicos, la crítica me parece mucho más fácil, ya que la escribo luego de haber resuelto al menos parcialmente la lectura de una obra: trabajo hacia un horizonte que, aunque no se halla bien definido, sí lo percibo intuitivamente. Cuando hago narrativa, por el otro lado, no sé en qué me estoy metiendo: debo descubrir quiénes son estos personajes, dejarlos desarrollarse por su cuenta con la mínima intervención mía.

Percibo que el arte y la reflexión sobre este es una vena recurrente en tus relatos ¿Crees que es posible que estos dos modos de escritura se junten explícitamente alguna vez?

Sí, lo es. En mi novela Mach 1 me inspiré muchísimo en mi experiencia en el círculo de las artes, particularmente en los discursos que circulan, muchos de ellos sobreintelectualizados a propósito ya sea como un mecanismo de defensa de los egos débiles que creen que usar palabras difíciles con definiciones convenientemente ambiguas les hará parecer más inteligentes; aunque por lo general hallo que esto ocurre cuando no se tiene bien resuelta la reflexión y se debe mantener la apariencia de ser especialistas. Esto generalmente lo logran repitiendo ad nauseam que obtuvieron su título en Inglaterra o que tienen alguna credencial que debería de infundir miedo. Uno de los protagonistas de mi primera novela se encarga de desmenuzar estos discursos y para ello recurre a un lenguaje sencillo, a anécdotas engañosamente banales. Así que podríamos decir que Mach 1 es una extensión de mi trabajo como crítico. Asimismo, también he usado la escritura académica para expandir mi narrativa y alejarme del texto frío, cerebral, impersonal. Esto se nota, particularmente en Teatros de perfecto silencio, en el cual busqué alejarme de mi zona de confort y decidí asumir un tono más confesional e intimista, al recurrir a mi autobiografía para detonar lecturas e interpretaciones no solamente de obras de arte contemporáneo, sino de fenómenos como el baile caporal.

Una visión crítica acerca de la cultura popular

H. C. F.  Mansilla

En la Bolivia del presente casi todos los estratos sociales y las comunidades de distintos orígenes étnicos se dedican con similar ahínco a destruir el manto vegetal y a ampliar la frontera agrícola, y a todos ellos les es igualmente indiferente la belleza de los ecosistemas naturales. Los grupos juveniles se adhieren a una cultura del ocio, cuyos rasgos generales no dejan entrever una racionalidad de largo plazo. En Bolivia se imitan las metas normativas del desarrollo histórico occidental (modernización en general, urbanización a gran escala, alto nivel de consumo masivo y en lo posible: industrialización) y, al mismo tiempo, se celebran las tradiciones socio-políticas de vieja data (caudillismo, autoritarismo, paternalismo) en cuanto herencias culturales propias y autónomas, y como si estas fueran razonables y paradigmáticas por tener tintes nacionalistas y revolucionarios. Las teorías actuales de la descolonización y del indianismo que ponen en duda la herencia occidental no pueden ser tomadas en serio porque no proponen objetivos realmente distintos de la evolución histórica a largo plazo y porque no poseen una visión crítica de su propio pasado y de las prácticas políticas utilizadas por los movimientos populistas.

En el plano teórico el rechazo de la cultura occidental es justificado mediante el pensamiento comunitarista y enfoques de origen postmodernista-relativista, todos ellos aderezados mediante vestigios de la ortodoxia marxista-leninista. La celebración apasionada del crecimiento económico, de la expansión de la frontera agrícola y la aceptación de cualquier cachivache tecnológico tiene lugar paralelamente a una reinvención de la tradición. En Bolivia esta última se manifiesta como el redescubrimiento parcializado y hasta manipulado de los valores ancestrales indígenas. Predomina un designio omnipresente de modernización técnico-económica (según standards occidentales), que sucede simultáneamente con la importación masiva de las doctrinas postmodernistas y con el elogio ─ estrictamente verbal ─ de la Madre Tierra. Este contexto confuso, pero en última instancia favorable al desarrollo económico convencional, tiene consecuencias prácticas para el medio ambiente que no es necesario mencionar expresamente. La actual situación boliviana puede ser descrita como deprimente pues favorece (a) una ética de la materialidad y la inmediatez y (b) una estética pública que no sólo es otra, con respecto a tiempos anteriores ─ lo que sería un cierto consuelo ─, sino una relativamente exenta del designio de crear belleza perenne o, dicho menos enfáticamente, libre del intento de producir bienes que se sobrepongan a las modas y a los caprichos del momento.

En lo referente a la ética se puede decir que nuestros “pensadores” izquierdistas-postmodernistas han calificado a nuestro tiempo como progresista y tolerante en comparación con toda la historia universal. La ética prevaleciente, si se la puede llamar así, está libre de preocupaciones por los derechos de terceros y por el bien común. Es una moral, además, vacía de reflexiones y anhelos de largo plazo. Ellos señalan de manera elogiosa que la cultura actual ya no es elitista, sino una creación de las masas. Su razón de ser es ofrecer novedades accesibles para el público más amplio posible y que distraigan a la mayor cantidad posible de consumidores. Su intención es divertir y dar placer, posibilitar una evasión fácil y accesible para todos. Los contenidos morales y estéticos se han evaporado. Lo único importante de la cultura del presente resulta ser su carácter global-popular, fácil de comprender, y la elaboración de estrategias para que los consumidores no tengan que pensar en temas desagradables o complicados.

La cultura popular boliviana del momento es el ámbito de la estridencia y la desmesura, marcado, entre otras cosas, por la decadencia de la solidaridad efectiva (no la retórica) y por el incremento del egoísmo, aunque la apariencia exterior de sus manifestaciones sea “antiburguesa”, es decir: fraternal, generosa y espontánea. Hoy en día la cultura popular no contiene elementos revolucionarios o emancipadores, sino una apariencia comercial que afecta a casi todas sus manifestaciones, lo que se puede constatar, paradójicamente, en las creaciones que pretender representar un indianismo renovado.

Por todo ello esta cultura adopta necesariamente una inclinación conservadora en términos políticos, pese al carácter destemplado de sus lenguajes y a sus pretensiones de radicalidad y otredad. Este estado de cosas no es inusual. Los modelos civilizatorios que no tienen una autoconsciencia crítica de su pasado o de sus normativas dirigidas al futuro tienden a celebrar los modestos logros propios como algo único y digno de ser preservado y utilizado en toda oportunidad al alcance de la mano. Sus intelectuales se consagran dócilmente a resaltar el carácter revolucionario y progresista de estos legados históricos. A ellos no les preocupa el proceso de comercialización de la cultura popular o la mencionada estridencia de sus manifestaciones juveniles, pues ella, en el fondo, sería el testimonio de algo que viene de muy atrás, de algo sagrado en sentido de altamente reverenciado por las masas sufridas de la población.

Como resumen se puede afirmar que muchos productos de la cultura popular con pretensión artística duplican una realidad que puede ser calificada de mediocre y deficiente. Los productos actuales de la cultura popular no provienen de auténticas prácticas culturales del pueblo, no son creaciones “espontáneas” de las clases subalternas, sino constituyen en proporción importante objetos y valores generados por grandes conglomerados manufactureros de acuerdo a un plan (lo menos espontáneo que hay) de largo aliento para el consumo de millones de personas. En el fondo la mayoría de estos “productos” no tiene nada de “democrático” en el sentido de sus defensores, pues son de un estilizado barbarismo.

La cultura popular engloba a menudo la ética del triunfo rápido y el impulso imparable a la ostentación. Todo vale, por ejemplo, para salir de pobre. Cuando se llega a ser rico, es para lucirlo y exhibirlo. Ello tiene que ver con nuevos grupos sociales que influyen sobre las tendencias del gusto público, especialmente del juvenil; se mueven sobre todo en el ámbito del espectáculo, lo que hoy está imbricado de modo íntimo con la política y el delito. Estos “círculos” poseen la fuerza o la habilidad de imponer los nuevos valores de orientación masiva, como el dinero fácil y los bienes de consumo que denotan un gusto retumbante y ordinario. Las rutinas autoritarias de vieja data se han entremezclado exitosamente con las pautas de comportamiento de los jóvenes contemporáneos. La cultura del autoritarismo muestra así su perdurabilidad y arraigo en los estratos populares.

A todo esto hay que añadir la fuerte inclinación al alcohol y la aceptación tácita del consumo de drogas, lo que es un camino que contribuye a formar una cierta cohesión social. Se trata, probablemente, de una estética popular que brinda y asegura un cierto status social, basado en el dinero, que así se convierte en el único criterio de localización y jerarquía sociales. Hoy en día, cuando han muerto los valores de la distinción aristocrática, también empiezan a desaparecer todas las normativas éticas y estéticas vinculadas a las tradiciones humanistas, lo que a nadie le causa pena.