Los duendes del Duende

Edwin Guzmán Ortiz

El Suplemento Cultural El Duende de Oruro, dentro el contexto periodístico nacional, se traduce en los campos de la literatura, cultura, arte, pensamiento, lectura, crítica, educación. Tópicos sin duda gravitantes en el marco del desarrollo cultural democrático. Realidades que en el país no terminan de librar batallas en diferentes frentes, por ser parte sustancial de la transformación social.

La actividad cultural es un espacio que rompe esquemas, rutinas, invita a la renovación y a comprender desde otro ángulo la realidad y la historia. La cultura dispara un discurso interpelador y potenciador del pensamiento, generador de nuevas formas de nombrar y entender al mundo, combatiendo la repetición y la comprensión monocorde. Nada más transformador que un discurso que piensa y que se piensa.

La lectura, en ese marco, es uno de los factores de cambio cualitativo esenciales, sobre todo hoy, frente al tartamudeo de las redes. Dícese que la lectura es a la mente lo que el ejercicio es al cuerpo. Por ello, una de las bases fundamentales de la educación es la lectura. Estudiar y pensar también es leer, y aunque la realidad y las cosas no pasan siempre por sus páginas, terminan comprendiéndose en ellas.

La preeminencia de la literatura en “El Duende” es premeditada y alevosamente intencional. Desde la producción local y nacional relevantes, ha trascendido a textos de grandes autores universales, clásicos y contemporáneos. El suplemento ofrece periódicamente literatura destacada por su calidad y actualidad. Superando contenidos tradicionales y reiterados, se ha impuesto el desafío de poner en escena  escrituras renovadas, autores contemporáneos con obras gravitantes, lecturas creativas, temas que provocan una recreación inteligente.

De la poesía al relato, del ensayo a la crónica y las artes gráficas “El Duende” convoca a minar el discurso esclerotizante que la rutina siembra sigilosamente en el imaginario. Frente a una mentalidad que a falta de lectura decae en la reiteración verbal, temática, argumental, y en la rumia cotidiana, “El Duende” se aparece mágicamente bajo el sombrero, al medio de esa comparsa  ataviada de letras, y con las artes del prestímano ilumina las dendritas invitando a enriquecer un yo y un nosotros más abierto, creativo y crítico, en la escena cotidiana.

Mas, no se trata de un duende solitario, pasajero, de un duende eventual. Hoy, al cabo, celebramos la existencia de 700 duendes aparecidos a lo largo de más de dos décadas, un duende que sin dejar de ser él mismo, es a su vez muchos –dicho al modo borgiano. Una t’ojpa obstinada y pertinaz que no baja las manos, y cuya persistencia lo consagra como uno de los suplementos culturales más consecuentes del país.

Es alentado por una incansable maquinita –los hacedores de El Duende–, La Patria, una memoria vital que sopla desde hace años y que lo hace posible. Sumados números y páginas, permiten configurar un rechoncho volumen, donde es posible leer en el tiempo, gratamente, parte de la cultura que se mueve en Oruro, el país y allende.            

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