Editorial 3600

Para decirlo en números: ocho años de vigencia; 300 libros; cinco colecciones: (narrativa, poesía, ensayo, infantil y periodismo); tres premios nacionales, los más importantes: Nacional de Novela, Nacional de Poesía “Yolanda Bedregal” y Concurso Nacional de Literatura “Franz Tamayo” (de cuento).

Para decirlo en nombres: Adolfo Cárdenas, uno de los mejores narradores paceños; Matilde Casazola, emblemática poetisa y cantautora, y Juan Pablo Piñeiro, uno de los más destacados escritores bolivianos de inicios de los 2000. Pero además Juan de Recacoechea, Víctor Hugo Viscarra y Manuel Vargas, entre otros.

Para decirlo en títulos: Periférica Blvd., la novela boliviana más vendida en los últimos lustros, y Cuando Sara Chura despierte, la obra literaria más reciente entre las incluidas en la Biblioteca Boliviana del Bicentenario, acaso el más ambicioso canon de libros nacionales, y La del estribo Obra completa de Víctor Hugo Viscarra, libro definitivo sobre el desaparecido narrador, un fenómeno de ventas, lectores y crítica a inicios del milenio que corre.

Pero hablar de la editorial 3600 es mucho más que esto. Luego de más de una década como parte de Gente Común, Marcel Ramírez, gerente general y fundador, tomó un nuevo rumbo y a inicios de 2013 conformó un nuevo equipo editorial. Así surgió 3600, una ambiciosa iniciativa que tardó poco en consolidarse en el panorama editorial-literario paceño y nacional.

No es fácil publicar –en nuestro medio, sobre todo, e incluso en muchos países de la región– a razón dos o más obras por mes (salvando el “año muerto” por la pandemia) y además –en esto hay que hacer énfasis– tomarse el trabajo de seleccionar cuidadosamente cada título y autor. Ese es el espíritu de 3600.

Hace pocas semanas se recordó el octavo aniversario de inicio del proyecto: fue el 19 de febrero de 2013 cuando el logotipo definitivo de 3600 se colocó en el primer libro: Forasteros en Flores, la edición XXXIX del Concurso Nacional de Literatura “Franz Tamayo”. “El motivo de ser de la editorial –cuenta Ramírez– siempre fue la difusión de voces de la literatura boliviana dentro del país. Es decir, el objetivo principal es dar la oportunidad al público nacional de conocer tanto a autores consagrados como a nuevas voces”.

La esencia, la diferencia

Pero si hay algo en lo que Ramírez quiere hacer énfasis es en la selección del catálogo y en el trabajo cuidado, minucioso y honesto en cada libro. “Me interesa ante todo la calidad, es por eso que si los directores de cada colección no aprueban un libro, sea del autor que sea, este no sale”, asegura.

Willy Camacho, director general de 3600, cuenta otro de los puntales que caracterizan a la casa editorial: “no se trata de publicar solo autores consagrados, sino de seguir promocionando escritores jóvenes, pero ayudándolos a pulir sus textos (a unos más, a otros menos), para que sus libros no desentonen (en términos de calidad literaria, no solo ya estilísticos o estéticos)”.

“Si en algún momento –agrega Willy– sobre todo durante la pasada década, hubo editoriales que aceptaron acuerdos “especiales” de publicación (el autor pagaba parte, o incluso el total, del dinero requerido para la impresión), creo que esto ocurre cada vez menos, pues las editoriales bolivianas, para subsistir en un mercado global y descontrolado, necesitan distinguirse por la calidad de sus catálogos”.

Y es que las editoriales deben ser responsables de lo que publican y tomarse el trabajito de editar y exigir una labor rigurosa con los textos. Eso es muy sano para los jóvenes que están comenzando a escribir, un sector esencial para esta editorial. Al buen estilo de conocidas casas editoras europeas o estadounidenses –y en condiciones abismalmente diferentes– 3600 quiso crear de manera paralela a su aparato editorial un ala de difusión: 88 grados, revista de literatura momentáneamente en pausa; El hado propicio, una colección abierta a coedición con otras instituciones y autores; y por último pero no menos importante, la colección de Obras completas: a la fecha, la editorial paceña tiene publicadas o en proceso de edición la totalidad de los títulos de Adolfo Cárdenas, Matilde Casazola, Claudio Ferrufino-Coqueugniot (autores vivos);  Juan de Recacoechea y Víctor Hugo Viscarra (autores fallecidos) y, muy pronto, la obra narrativa de Jesús Urzagasti.

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