El Cuervo, una feliz aventura literaria

Martín Zelaya

“El Cuervo ha logrado trazar una línea que lo sitúa en un lugar excepcional, con un prestigio e imagen bien ganados”, dice, desde Perú, Salvador Luis. “El Cuervo es la mejor editorial de Bolivia”, afirma, contundente, Juan Terranova desde Buenos Aires.

“El Cuervo aparece en la escena boliviana como una bocanada de aire fresco que revitalizó el pulso literario”, piensa el cruceño Maximiliano Barrientos. “Es un emprendimiento editorial digno de elogio en un medio como el nuestro que, más allá del cliché sociológico, se sigue presentando hostil para la práctica y el desarrollo culturales”, concluye Sebastián Antezana.

“Quería armar un proyecto colectivo que fuera parte de mi época, no de mis padres o de mis abuelos, publicando cierta literatura de este momento. Es incierto saber si lo conseguimos: no siempre se puede seguir la velocidad del presente. Sostener es el desafío, porque solo con mucho tiempo se arma un catálogo sólido”, comenta, finalmente, Fernando Barrientos, el gran protagonista de esta historia.

Que Fabián Casas y Patricio Pron, dos de los más destacados escritores argentinos de las generaciones post Piglia, Pauls o Aira, publiquen en un sello nacional no es poco, como tampoco lo es que más de un libro de autor boliviano –Vacaciones permanentes de Liliana Colanzi, por poner un ejemplo– consiga publicarse en el exterior luego de una edición local.

Todo esto lo logró editorial El Cuervo en los últimos años –desde que en mayo de 2008 debutó con Cuadernos de sombra, de Julio Barriga, uno de los grandes poetas bolivianos vivos–, en los que configuró un estupendo catálogo hasta ahora compuesto ya por cerca de medio centenar de libros, entre los que destacan obras como Tierra fresca de su tumba y 98 segundos sin sombra de Giovanna Rivero; Los afectos y Los años invisibles de Rodrigo Hasbún, por hablar solo de autores nacionales, que se hicieron clásicos desde su publicación; pero también títulos de escritores extranjeros como Trucha panza arriba, de Rodrigo Fuentes, o Cuando éramos hombres lobo, de Álvaro Bisama.

“Aunque nuestro primer título es un poemario, luego decidimos no publicar más poesía, por la estructura del mercado, pero también porque nos interesa explorar la narrativa (ficción y no ficción). Nos guiamos por nuestro gusto como lectores, pero no siempre se puede hacer lo que uno quiere y el realismo se impone”, explica Fernando –creador y director de este proyecto– respecto de su línea editorial dividida en cuatro colecciones: Ficción, Crónica, Ensayo y Trazos (arte) y Ch’itis (literatura infantil).

Si de hallar características que hacen diferente a El Cuervo se trata, está el selecto catálogo nacional: a los autores arriba mencionados hay que agregar a Maximiliano Barrientos, Sebastián Antezana, Claudia Peña o el boliviano español Alex Ayala, por ejemplo; la acertada idea de introducir al lector boliviano a lo mejor de la nueva narrativa de países vecinos y, cómo no, la lección de diseño de portadas rubro en el que –hay que decirlo sin reparos– lleva varias cabezas de ventaja a cualquier otra casa editorial del medio, gracias al talento de Leandro Escobar.

Desde la casa

¿Y por qué publicar en El Cuervo? Responden cuatro escritores de la casa. “Fernando es el mejor, más dedicado, atento, educado, trabajador y talentoso editor que tuve. Si por mí fuera publicaría todos mis libros en El Cuervo”, dice Terranova.

Sebastián Antezana: “Yo me animé a publicar con ellos porque el carácter de editorial pequeña e independiente le iba bastante bien a una segunda novela mía (El amor según) que, en muchos sentidos, es también un libro pequeño y algo distante respecto de mi primera novela”. “Ninguna otra editorial boliviana le propone a los lectores un acercamiento tan directo con autores que empiezan a rediseñar la cartografía de la ficción actual en español”, agrega.

Maxi Barrientos: “Como en ninguna otra editorial, en los últimos años en Bolivia se nota que en El Cuervo detrás de cada apuesta hay alguien que intenta ordenar o desordenar el panorama narrativo, hay un DJ”.

 “Cuando empecé a trabajar con El Cuervo, Fernando había publicado unos pocos libros, pero me llamaba mucho la atención el cuidado que les ponía. A mí no me preocupa el tamaño del mercado o las ventas… Lo que sí me interesa es colaborar con gente que me inspira, que se esfuerza y que, claro, aguanta mis locuras. Fernando y yo colaboramos porque transmitimos en la misma frecuencia”, sostiene Salvador Luis.

Finalmente, Edmundo Paz Soldán sostiene que “en muy poco tiempo El Cuervo se ha consolidado como una editorial fundamental de literatura contemporánea, no solo nacional, sino latinoamericana. Su línea es clara: de autores que buscan propuestas estéticas renovadas, que tienen una presencia continental. En ese sentido, que la mayoría sean bolivianos no es tan importante como el hecho de que todos están en diálogo con los autores latinoamericanos del catálogo”.

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