P(r)oemas de Alex Aillón

Benjamín Chávez

Buenas noches, feliz de estar aquí, tan bien acompañado y en esta ocasión celebratoria, aunque, hay que decirlo de entrada, siempre que estamos juntos hay celebración. Yo quise escribir un enjundioso texto para esta noche. Uno en el que se dé nutrida cuenta de la vida del autor, que rastree las influencias de su escritura, que ubique el libro en el conjunto de la poesía contemporánea, que siga las pistas de lo sucrense, lo boliviano en sus versos (y otras lindezas por el estilo); y que incluso fije el lugar de esta obra en una dimensión intergaláctica, que, como se sabe, es una categoría de análisis aportada por Oruro de la mano de la banda Poopó; verdadera universidad del saber, como de la salsa lo es el Gran Combo de Puerto Rico. Pero en eso Alex me manda un escueto watsap con una única petición: “Que no sea nada académico hermanito”, así que me vi forzado, sobre la marcha, a cambiar el rumbo por la rumba y el pobre resultado dice:

Flashes para aclarar a un negro

Flashes digo y no frases, el parónimo que habría sido más previsible para la presentación de un libro. En este caso, flash por impertinente, no por iluminador.

El libro, que es disfrutable de principio a fin, lleva el subtítulo de: Los cuadernos del feis y feis puede significar al menos dos cosas: feis y feis. He visto por ahí ya tres o cuatro lecturas publicadas antes de esta presentación. Si esto sigue así, P(r)oemas será el libro más leído de cuantos se presenten en esta feria y eso, claro, me llena de alegría.

Yo también disfruté mucho de su lectura, una tarde hace algunos días. Conocía algunos textos de antes, pero creo que en general pocos, o eso recuerdo.

P(r)oemas es un libro extenso para la media de los libros de poesía, pero no tiene desperdicio, al contrario, es muy ameno sin dejar de ser serio, a ratos profundo incluso, y los dispositivos del humor que están desperdigados por aquí y por allá, casi como al descuido, hacen que nadie, ni siquiera después de haber comido un chicharrón cochabambino, se aburra con su lectura. Porque como escuché por ahí, no están los tiempos para ponerle las cosas difíciles al lector.

Pero que no se me malentienda, este no es un libro facilón, sino que es de aquellos que practican la virtud de la sencillez.

Reconozco en este libro al amigo walaycho que conocí en Sucre hace ya cada vez más tiempo, ese joven -me refiero a ese entonces- irreverente, irónico, bromista con un retintín cínico mal disimulado, que armaba alborotos memorables uniendo los días y las noches con una facilidad digna de un acto de magia, de magia negra, claro.

Es su voz, nítida y amigable que a ratos habla fuerte y a ratos susurra, pero que siempre tiene algo atendible para decir. En estas páginas encontré varias referencias a la poesía escrita por autores que el negrito lee, quiere y admira. Unas explícitas y otras veladas. Estoy seguro que quien lea este libro desde otras referencias, encontrará también, obviamente, otras referencias. Tal es la rica trama de P(r)oemas.

Este es un libro para verse y reconocerse, para escuchar y conversar con el artesano, el hombre educado, el trapecista, el vago, el que toma cervezas con sus poemas cagados de la risa, el que está dispuesto a aprender a dormir en cucharita, siempre y cuando la señorita en cuestión ronque en mi y no en re; el que jamás dejó a medias una línea de coca, el carroñero que supo amar un día, el espantapájaros al que a veces le gusta enamorarse, el boxeador que se rehúsa a tirar la toalla, el que cuenta nubes, en fin. Para decirlo llanamente: El hombre vivo.

Porque si algo hay en estas páginas es una vida rebosante de salud (palabra que aquí también significa dos cosas). Pero también una serenidad atesorada en lo íntimo, una actitud de búsqueda de sentido (o sinsentido) a toda esta cosa que llamamos vida, un estado de lúcida contemplación como el de una figura arrobada frente al armagedónico espectáculo de los atardeceres atisbados desde las faldas de su casa del cerro, cuando el mundo parece sobarse sobre los tejados y las calles de la ciudad blanca.

Ahora que sus palabras, ex peces atrapados en redes sociales, chapotean a sus anchas en las cloradas aguas del papel impreso, podemos todos darnos por contentos, e incluso muy contentos, abrazarlo, felicitarlo, brindar y santas pascuas.

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