La vida es un pestañeo

Una lectura de la novela De esta noche no te marchas (Editorial 3600) de Rosario Barahona.

Martín Zelaya

La vida es un pestañeo. A veces uno o dos sucesos, una decisión, osadía o cobardía lo definen todo, o al menos mucho. En un abrir y cerrar de ojos nos sorprenderemos en bata y pantuflas, canosos y malhumorados, recordando algo –o todo– y cayendo en cuenta, demasiado tarde, que casi no asistimos al paso del tiempo por nosotros (a través nuestro).

«Qué culpa tiene ella de tu soroche del alma, de tu pasado, de tus indecisiones, de tus culpas, de tus amarguras y de todas tus huevadas». (61)

«No has podido olvidarla hasta ahora, porque ella produjo en ti el soroche que pesa como un hijo nonato, como una bala de plomo sobre tu pobre alma». (95)

«Aunque cerrados, los ojos de Montecristo miraban la noche absoluta en un momento eterno, para marcharse jamás». (195)

De esta noche no te marchas (Editorial 3600) de Rosario Barahona es una novela sobre un hombre, Montecristo, sobre una vida y su decurso, que no sobre la historia política boliviana como podría aparentar. Otra cosa es que el devenir de Montecristo tenga un punto de inflexión en los turbulentos años de las dictaduras militares bolivianas del siglo XX. Este es un marco, un escenario, como también lo son Sopocachi (el actual y el de los 70), el Madidi del destierro… ese nuevo infierno verde para los revolucionarios confinados y sus pobres soldados custodios.

Montecristo a fines de os 60 e inicios de los 70; su militancia, su captura, prisión y exilio. Montecristo, al borde de la ancianidad, en el presente. Sus triunfos y fracasos, sus eternas dudas y arrepentimientos. La premisa de que nunca es demasiado tarde.

Una estructura ágil, esquemática, hace muy llevadera la novela de Barahona: brevísimos capítulos intercalados de tres momentos de la vida del protagonista: el presente (fines de 2019) en el que una periodista lo entrevista sobre su captura y exilio; aquellos días nefastos del golpe de Estado de 1971; y el pasado inmediato (inicios de 2019), para dar contexto.

Una de cal y una de arena. Barahona sale incólume del siempre arriesgado uso de la segunda persona para narrar una ficción. En un estilo puntilloso y algo acartonado se cuenta la trama en la que sobreabundan referencias, detalles y datos que no vienen a cuento y más bien aparentan un artificial intento por matizar momentos históricos, características culturales y antropológicas de la sociedad e incluso potencialidades turístico sociológicas de La Paz.

Es, sin embargo, una novela diferente, arduamente trabajada –se nota– y que bien vale la pena leer.

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