Elvira Cárdenas, un portento orureño de la investigación histórica

Con un trabajo casi subterráneo, silente, esta archivista ha logrado publicar de manera independiente dos obras que aportan a la academia boliviana.

Marcela Araúz Marañón

Elvira Cárdenas Román tiene 81 años y a sus 71 años parió dos libros que no solo escudriñan una parte de la historia de Oruro en la que poco se ha incidido, sino que además ponen en la palestra un tema de importancia a nivel nacional del que muy poco se conoce. Se trata de Oruro en la Guerra del Chaco y Las ambulancias en la Guerra del Pacífico.

Tras un prominente desempeño profesional durante más de cinco décadas como bibliotecaria, archivista y documentalista en instituciones nacionales –como el Senado o el Ministerio de Relaciones Exteriores– e internacionales, una tarde Elvira sintió el peso del ostracismo al cual la sociedad suele limitar a los jubilados, más si son mujeres.

Fue así que en 2002 –decidida a aprovechar el tiempo libre– se sumergió en el Archivo Histórico de la Biblioteca Municipal de Oruro, que guarda documentación desde 1606 hasta 1950. Ese fue su reducto de hallazgos y construcción de sus libros.

Más adelante me referiré a ambas publicaciones, pero seré rotunda en destacar aspectos que me atañen particularmente: es preciso cuestionar el hecho inexcusable de haber mantenido en el anonimato el trabajo de una mujer cuyo saber ha evolucionado entre los recovecos de los archivos más añejos y acaso definitivos de la historia boliviana. Pero, además, que ha roto todo prejuicio de sesgo generacional: es decir, seguir creando y produciendo obra intelectual y bibliográfica a los 70 años.

Hallazgos

¿Cómo llegaron a mis manos los libros Oruro en la Guerra del Chaco y Las ambulancias en la Guerra del Pacífico? Como llegan muchos libros: un regalo en plena farra. Un día, de casualidad me puse a hojearlos. Entonces leí:

Al instalar la ambulancia sedentaria lo hicimos bajo fuego enemigo que levantaba densas nubes de humo y polvo (…) Esa posición nos permitía seguir la gradación creciente de la derrota sin que el carácter que investíamos y nuestra actitud desarmada nos permitieran soportar esta horrible matanza.

El relato vívido es de Zenón Dalence, que lo narra en uno de sus informes de guerra escrito en 1880. Dalence fue un ciudadano orureño que fungió como director de Ambulancias del Ejército de Bolivia durante la Guerra del Pacífico. Y es Elvira Cárdenas quien pone ese nombre en relieve no para hacerle un homenaje, sino para hacerle justicia ante el mutismo en las páginas de la historia de nuestro país.

Mientras organizaba el Archivo Histórico de Oruro, al descubrir el corpus de Dalence, la archivista fue desvelando una temática tan específica como apasionante: las ambulancias en el escenario de la Guerra del Pacífico. Información que logró recabar tras un proceso de salvataje de ese patrimonio, con deshumidificación e inventariación de cartas e informes de la época de la contienda.

A partir de ello, Cárdenas da una minuciosa radiografía sobre la dramática situación del frente boliviano, del plantel médico y sus condiciones paupérrimas, del desarrollo de las ambulancias como un fundamental instrumento de trabajo desde su más rústica creación. De los muertos. Por ello, esta obra es una valiosa documentación sobre capítulos cuya importancia nos fue ajena.

El libro Oruro en la Guerra del Chaco es una serie de crónicas que la archivista trabajó con documentación boliviana e incluso con misivas paraguayas, logrando así conformar el cuerpo de esta publicación que incluye capítulos que remiten al pueblo orureño y su organización durante la carestía que provocó la Guerra de Chaco en los años 30.

La obra arranca con la poderosa imagen de aquellos héroes que, viviendo a casi cuatro mil metros de altitud, se internaron en el Chaco abrumador que los recibía a 35 grados de calor y más. Hace un repaso de organizaciones urbanas que asumieron medidas para encarar la sobrevivencia. Es así que hace una justa referencia al papel que jugaron los periodistas de La Patria que cambiaron las máquinas de escribir por fusiles, para encarar al enemigo en esas tierras áridas.

Ahora son otros muchachos más que se van. Eduardo Ocampo Moscoso, con cuyas inquietudes nos habituamos tanto y cuya vigorosa labor amerita ponderación viaja hoy al sud este. Como antes su puesto del deber estaba en la redacción, hoy –lo sabe él– su puesto está en el Chaco.

Novedoso me resultó el personaje de la “Madrina de Guerra”, que es dado a conocer en esta obra. Se trata de mujeres, ya sean familiares, enamoradas o aquella dama de altísima confianza del soldado que partía, quien se comprometía a dar consuelo y esperanza epistolar al reclutado, además de realizarle envíos de encomiendas con alguna ayuda material.

La salubridad, el exiguo presupuesto departamental que acongojaba a Oruro, la educación malherida por la guerra, todos estos y otros datos detallados por Cárdenas dan como resultado una investigación que no solo lanza fríos antecedentes históricos, sino que bosquejan la vida de los orureños durante la contienda bélica. Es un necesario rescate de la memoria orureña.

Investigadora de cepa

Según cuenta Elvira, la forma en que decidió publicar sus dos libros hace 10 años fue casi azarosa, mas no del todo ajena a la historia de muchas mujeres bolivianas, limitadas al hogar tras la jubilación.

“Yo no podía descansar, mis signos vitales están muy latentes. Un día, aburrida de no hacer nada, agarré mi cúmulo de papeles y comencé a ordenarlos. Luego pensé en hacer un homenaje a mi papá que fue héroe en la Guerra del Chaco y me adentré más en los datos. Finalmente, estos libros vieron la luz”, cuenta la autora.

Ella es muy clara al plantear que había solicitado apoyo económico para publicar las obras hoy comentadas. Apoyo que fue negado, lo cual la obligó a realizar la publicación de manera independiente. “Nadie me ayudó con un solo centavo”.

Tiene la memoria clara y lúcida. Conversa amenamente y detalla, sin aspavientos, historias familiares, así como aquellas que vivió en el escenario de la política y la burocracia. Es generosa en su vasto saber. Y su veta investigadora es imparable.

A sus 81 años, Elvira Cárdenas no se queda conforme y ya está delineando su siguiente investigación. Adelanta que ese nuevo aporte podría ser publicado este mismo año.

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