Enrique Moro

Enrique Moro (Valparaiso 1956-2021). Poeta y gestor cultural. Ha publicado, entre otros, los poemarios: Marilyn (1973), Moro, poemas Libro Objeto (1980), Bolsa, Poesía de cordel (1981), Amantina y otros poemas (1987), La piedra feliz y otros tangos (1994), Hay un Moro en la costa (2006), Poemas últimos (2011) y De ceniza nuestra sábana (2014).

Carnaval de Oruro

Duro como la piedra,
profundo como la raíz del sol
en el universo.

Carnaval de Oruro
abrazo de la ternura de los Andes
del antiguo sol que ilumina
el corazón profundo de América.

Ahí Víctor* hizo ese gesto
y challa, su casa hermosa y amada
un corazón bajo la luna de Oruro.

Ahí fui feliz
ahí besé tu piel y tomé tu cintura
cuando el sol doraba tu pelo
y el agua de los volcanes bañaba tu cuerpo.

Ahí lloramos
en esa esquina, los amigos,
lágrimas del sol bajo la lluvia de enero
en lo más alto de los Andes.

Es carnaval
es Oruro
la fiesta del altiplano
la Pachamama.

Una historia que se baila
con la música del aire.

El cielo está cada vez más cerca
las nubes dibujan su trapecio
para que los sueños y las esperanzas
salten del corazón
del indio a las estrellas.

*Se refiere al músico Víctor Hugo Sepúlveda

Brevísima introspección de la Grey

Yo soy el más muerto de todos
arrinconado en la ciudad
subo los buses con mi cuerpo

Yo soy el que camina
al lado del mundo
-como si nada-

Todo me mira de reojo

Yo no sé si es la luna
un globo de Good-Year

Creo ver una estrella que cae
sola
o tal vez es Superman
luchando por la justicia
yo no sé si deba entrar
a una iglesia
o tal vez será mejor abrir la puerta
de una financiera
porque tengo problemas de toda índole

Tal vez mi dolor solo sea producto
de comer comida enlatada

O de beber leche de vaca
de una teta de cartón

Ya no hay tentativa
para este hombre finito

Gracias Señor

Gracias Señor,
por el suelo a la altura de la suela
la lengua, el paladar entero hecho polvo
y ceniza por el lacrimógeno.
Gracias Señor
por la justicia (a) divina.
Gracias te damos todos los apaleados
y llorosos de América por tu bondad
para con nosotros
huéspedes de tu (pre) paraíso.

Gracias por los barcos y los tanques,
por los aviones y los torturadores,
por la Cruz de Hierro.

Señor, tú sabes el paradero
de los desaparecidos, así es tu Gracia.
Infórmanos al comité o a un tribunal cualquiera
nunca tan justo como el tuyo,
pero danos al menos esa tranquilidad.

Señor, te rogamos,
manda algún ángel desocupado (aquí cesante)
o alguno de tus asesores.
Tenemos hambre de todo.

Señor
que tu luz divina alumbre en las poblaciones
porque la compañía de electricidad
nos cortó la luz terrena.

Señor, te informamos
que la duda eterna se nos convirtió
milagrosamente en deuda externa.
Que el pan que es tu cuerpo
ha subido hasta las nubes
y los niños de mi patria no pueden volar.
Es un decir, Señor,
porque los hemos visto volar, hechos pedazos
y no por tu Verbo
sino por las esquirlas de las bombas.

Señor,
el vino que es tu sangre
tiene a medio continente alcohólico,
es decir, Señor, borrachos de tu sangre,
buscando la tierra prometida.

Señor,
aquí con una Democracia nos conformamos
por último
con una Democracia Cristiana.
Es así nuestro dolor
y nuestra desesperación,
Señor.

El paisito amaneció triste

Antes de nada y después de todo
Sepa usted

Benedetti
Que el
Paisito
Amaneció triste
Con lo suyo

Benedetti
Usted sabe como cuesta
Hacer la revolución
En estos días

Y usted se va
Se vira
Dice chau
Se muere

Parte derecho al patio de los callados

Ya no con el Frente Amplio
Pero al menos con la frente limpia

Este último viaje suyo
No fue a la Habana
Con poesía y ron
Compañero
En la bodeguita del medio
No fue a Barcelona
Ni a la rambla
Ni a esas viejas librerías
De la calle Argüelles

Ni al Camp Nou
A ver al BarÇa

Ni a Buenos Aires
Con el Polaco Goyeneche
“El mundo fue
Y será una porquería”
Gritaba Santos Discépolo
Y usted
Fue su santo discípulo

Lo suyo
Mario
Es un viaje definitivo
El último de los exilios
Un salto al trapecio
De los sueños perdidos

Lo suyo

Es el último de los suspiros
Un beso a la nada
Un abrazo con las estrellas
Un volver al polvo
Mas polvo enamorado

Azul
El espacio
En lo alto del mar
En lo profundo del cielo

Azul

La palabra
Suspendida en el aire

ARMARIO
De luz
Tu vida

Mario De Montevideo

(Un día para no olvidar)*

Un día para no olvidar
qué locura, un disparate por todos
lados, y esto se viene con todo,
ya se está nublando, el viento sopla
sobre los techos y dentro mío.

Estos pequeños andamios
que sostienen mi calavera
se olvidan y doblan sin soportar
la liviandad de mis huesos.

Tengo frío, los lugares en mi
cabeza asustan
y me duele la rodilla de la
caída de mi cuerpo en esa
vereda tropical.

Así que son 64 los años que vivo.
Está bien; vinos, buena vida,
Gran amor, pero ahora,
Tal vez, muerte.

 *Versos escritos el 4 de marzo de 2021, día del fallecimiento del autor.

A propósito de la poesía de Moro, su compatriota, el destacado poeta Juan Cameron refiere: “Poesía trasminada por la noche y la marcha, por el viaje y la anécdota, por lo crudo y lo cocido de estos años que duros y felices son tierra germinal de cierta nostalgia por lo que vendrá, tanto como la proyección fantástica de cuanto la experiencia de dictó o gritó al oído”. Por su parte, Alejandro Pérez se refiere al poeta en estos términos: “Las vicisitudes existenciales y el renovado escenario político le han impuesto al poeta otra mirada al entorno, otro ritmo de acción y un sentimiento diferente a su oficio, sin perder la gracia, esa agudeza irónica de las composiciones, la recurrencia del habla coloquial y todos los recursos que nos descubren la hostilidad con que se nos presenta la historia”.

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