Marlene Durán Zuleta

Marlene Durán Zuleta. Poeta y escritora (Oruro, 1956) Ha publicado los poemarios: Grises (1977), El otoño de la almohada (1984 -1985), Salmos (2002) y Afectos cóncavos (antología, 2021).

Hálitos de altura

Para Fernando Sabido Sánchez (28/8/1950 – 2/7/ 2017) España

I

Te encuentro en el azul infinito del mar,
en la distancia vertical,
imprecisa en los horarios de la tarde.
Hay tanta agua
que se amotinan los peces,
y el canto de las aves se vuelve comunión.
Estás concentrado,
el destello interno de la máquina
ilumina tus ojos,
la pasión por reunir a los juglares del mundo
motiva a rescatar poesía.
Asciendes flagrante como siervo por las letras,
desde mi espacio te sonrío afable,
suelo otrora conquistado
por hombres de tu estirpe.

II

Tenemos morada de sueños,
un vaivén de silencios nos envuelve,
la amistad atisba
¡viva la pródiga poesía!

Leer o escribir
nos libera de ver u oír
crujidos de hombres y animales
de estar habitados o desamparados.
Un hondo fervor desborda
al espíritu por los escritos,
geografía de letras.
-nos perpetúa en la distancia-

Estos periplos  de tiempos indefinidos
sigan colmándote de resplandor
y asciendas infalible a la cima,
rescatador de vates.

III

Te hablé de las golondrinas,
del ocaso
del silencio de las moras.

No se vislumbraba nada oscuro,
ni velo, ni duelo
que opacara tu morada  de luz.
Súbitamente se apagó la voz interna
de la memoria y tu corazón. 

El ronco ruido de la vida
curiosamente inquietó tu partida
un exabrupto del abismo,
abrió su territorio y dibujó una sombra.
Las guirnaldas se tornaron negras,   
piadosas, ante un súbito adiós.

Te fuiste por el camino azul
de la montaña elevada de los juncos,
la metáfora de tu obra “La muerte siempre culmina su trabajo”
se apresuró a conquistar
el perfume de las magnolias,
con los hilos de tus poemas
tejías en el nocturno abrazo de la noche
un pincel que se fue al fondo del Mar.    

La luz se apagó a las cinco de la tarde

Para Federico García Lorca (5/6/1898 – 18/8/1936) Granada, España       

Romancero gitano,
tus ojos iluminados y sonrisa abierta   
no tenían signos de maldad.
Poeta del tiempo y del alma,
tus églogas como espíritus que se mueven
llegaron sin campanas hasta los oídos
de la escuadra negra,
hombres sombríos,
tenían miedo del arte y de tu voz.

No estaban Dámaso Alonso,
Rafael Alberti, Luis Cernuda,
Miguel de Unamuno, ni Dalí
que rondaba tu pintura y poesía.
Los malvados irrumpieron tu sueño,
tenían furia,
borraron la canción de antorcha y libertad.

Avaros y pobres,
no preguntaron sobre ti
poeta  escribiste “Bodas de Sangre”
la trama y la esencia de la muerte por amor,
tres poemas para los arcángeles,
“La monja gitana y el diálogo amargo,
a las cinco de la tarde”.
La música te envolvía,
del piano salían melodías profundas y tristes,
como si horadaran la veta de tu corazón.

Recordando el abril de tu infancia leías
“La canción de las palomas oscuras”
prodigio de Andalucía transitada,
Federico de la Huerta de San Vicente
España de Federico,
te identificaste con la rueda taurina,
con el “Romance de la pena negra
palabra de poeta”.

Los designios son crueles
cuando la muerte comienza a sonreír,
el reloj no perdonó la puesta del sol,
las sombras cansadas comenzaron a reposar,
agosto se tornaba herida
la premonición de tu ausencia
era murmullo, rezo que calla.

Sensible por tanto silencio,
eterno en tu poesía, tu buen genio
estrella que te dio la vida
esperaste inocente al pelotón
en el “Barranco de Viznar –carretera de la muerte-“
los verdugos sordos,
ajenos al clamor, conscientes y sin conciencia,
obediencia servil,  
dispararon sin piedad,
nadie había previsto ese extremo de herida,
-trazaron otras partidas imperdonables
con las 13 rosas madrileñas-

Federico de España,
una estela de ausencias se tornó con tu trance,  
para ver después la tierra desde el cielo
hombres y cieno juntos
“a las cinco de la tarde”.

Instantes

El corazón late,
en el claroscuro de la tarde, 
concentramos en los ojos
al tiempo que se apaga.
Una penumbra se sentimientos nos envuelve,
se acentúa la presencia de otrora,
rostros inefables
hoy ausentes.
En esa estancia de figuras
las malvas desde su cielo de tonalidades
abren armonía ilimitada de formas.
Ese episodio de creación
motiva dibujar el entorno puro
del poeta muerto.

Recordatorios

Para Blanca Wiethüchter (17/8/1947 – 16/10/2004) Cochabamba, Bolivia

“Madera viva y árbol difunto”
es rumor del agua y de la tierra,
del cuerpo que corre.
Sabías de la distancia
de lo telúrico de la noche
y confesaste,
en el epílogo del poema
que ya te veías inerte
con el signo de una estrella
sin haber perdido la memoria.

II

“Pérez Alcalá
o los melancólicos senderos del tiempo”
son palabras que encienden
paisajes, autorretratos,
el Apocalipsis observado desde las sombras.
Descubres en los lienzos
el grito de la ciudad perdida,
persigues la grama,
la corteza del árbol
que se inclina cuando hay viento.

Estos poemas de Marlene Durán Zuleta son formas de la memoria o “recordatorios” como prefiere su autora. Palabras que evocan nombres, situaciones y obras. Obras hechas de palabras, otras palabras con las que se entabla un diálogo de distancias e invocaciones cuyo decurso por la tradición poética sigue trazando una larga vía de reflejos y ecos donde la voz de Durán Zuleta aporta nuevas resonancias para disfrute del lector consciente de las referencias literarias que la autora convoca con pertinencia y tino.

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