Dos lecturas de Para alguna vez cuando oscurece

Un «Espíritu maligno» y Antonio Cillóniz reseñan el poemario de Benjamín Chávez.

Este poemario suena a poesía innovadora y resuena a tradición; en una línea lírica que puede llamarse reformista y conservadora. Al inicio del libro, hay poemas, Exlibris, El aprendiz, Albayalde y Lápiz de carpintero, que entremezclan temas de oficios artesanos o artísticos con la profesión del escritor. En Poética, el autor aparece inmerso en la actualidad: «Escribo lentamente frente a la luminosidad de la pantalla». De los momentos sin escritura, trata metafóricamente de la seca a través de “los moáis de la Isla de Pascua”, sugiriendo el silencio en la mudez de la piedra y el estancamiento en “la lejanía/ un horizonte que nunca alcanzarán”. En el apartado central, Hojeando un Atlas, dibuja la atmósfera de intimidad doméstica en “lomos (del viejo atlas o del gato) largamente acariciados”, que intensifica el verso a través del inciso del gato y el atlas. También se da un buen manejo del encabalgamiento, que aunque parezca arbitrario es pertinente pues expresa esos instantes de quedarse uno en blanco: «Miro la niebla del amanecer por la ventana y/ me quedo unos minutos en blanco», Visión invernal en Dorpat. Estilo gótico (tardío, como tantas otras cosas) ofrece rasgos coloquia-les del diálogo interiorizado: «Al otro día/ tras haber pasado la noche/ […] volví a pensar en ti y podría/ decirte que fui testigo de una aparición». Otro ejemplo en el que se fusiona la virtualidad de GoogleMaps con la presencia de lo real: «Busco en el mapa (de Google)/ Concepción y más al sur: Valdivia […] / Pero al tiempo, cuando llega el momento del viaje/ […] la aparición misma del paisaje», Sur de Chile. Destaca en las descripciones el manejo de los planos en una perspectiva plástica al alejar el horizonte y presentar en scorzo el marco de la escena: «Entre el cobertizo y el árbol de kiswara/ el horizonte se aleja/ hasta el perfil de la colina», Descripción de la finca de un amigo. Fruto de un empleo de recursos vanguardistas, incorpora a la temporalidad del poema la espacialidad textual: «las montañas     a lo lejos/ aparecen», Una choza. Lo mismo que el encabalgamiento grafica el desparramarse: «abandonadas en un/ damero», Meditación en el pueblo de Juli. En el último apartado, título del poemario, la poesía conversacional vuelve para presentar un monólogo interior: «Todo empezó con un café/ así son estas cosas./ […] sin saber cómo encaminar la conversación», Cuando conocí a mi hijo. Hay además culturalismos, necesarios como contextos en una trasposición de planos temporales: «La humildad, dirá San Agustín, vence a la soberbia./ Caravaggio que hacia el 1600 pinta su/ David, vencedor de Goliat/ acaso ignora esos razonamientos», Autorretrato a la luz de un candil apagado. Incluso aflora un tono expositivo-argumentativo, acabado en registro coloquial: «Honrando mi propia memoria y la de mis mayores/ […] me vi –en medio de desconocidos/ vagando sin un cobre», Nacido ayer. Los recursos señalados aisladamente en los poemas pueden aparecer en los poemas a la vez, si la concepción artística lo exige. No dudo de que se trata de un poemario perdurable.

Antonio Cillóniz

*

Para alguna vez cuando oscurece, de Benjamín Chávez [Santa Cruz, 1971], obtuvo una Mención en el LXII Premio Casa de las Américas, 2022. El título se lo debe a un verso de Quintín de la Carnada, que aparece en la revista Vertical. El poema de Quintín hace del don un trepador nocturno que seguramente en esa isla desteñida de las Américas se sopesó desde la moción de algún marino mercante. Importa poco, porque la hechura in cumputo de este libro tiene que ver con otro don: navegar de conserva con cada poblador interior y mediterráneo de los poemas, para desde allí aunar los pedazos de una posible eternidad.

Espíritu Maligno (La Mariposa Mundial 27)

El otoño está presente

Reseña de El otoño está presente. Una épica sincrónica, de Ariel Pérez.

Christian Jiménez Kanahuaty

Este nuevo libro de Ariel Pérez es una exploración sobre la memoria de la poesía en Bolivia y sobre el modo en que el poeta rinde tributo sobre el hacer poético, tanto en la figura de algunos poetas, como en versos y poemas que los poetas en este territorio han construido para intentar explicar aquello que somos y lo que nos habita. En ese sentido, el poeta nombra para que nosotros como lectores podamos entender de qué materiales estamos hechos y, sobre todo, cuáles son los ecos y las resonancias sobre las cuales se construye la poesía en estos momentos en el país.

Así, este libro es un objeto que marca un antes y un después en la construcción de la memoria poética. Esto quiere decir que establece un momento de llegada, pero de ahí hacia el futuro establece las líneas sobre las que en el mañana la poesía tendrá carne. Pero esa poesía hecha de carne y huesos, es recuperada por el poeta, autor de este libro, como una muestra del modo en que se despoja del yo para ser capaz de ver plenamente a los otros de los cuales se es parte.

En ese sentido, los precursores que nombra le sirven para construir una constelación familiar dentro del ámbito de la poesía que establece una manera de nombrar aquello que nos es desconocido. Por ello, el poeta no se piensa a sí mismo ni habla sobre sus propias preocupaciones, dolores y melancolías. Lo que hace es un juego con la tradición, los ordena, los convoca y los invoca. Al hacerlo, lo que nos muestra es un gran tejido que tiene un cuerpo que va más allá del tiempo. Y esa virtud –la de quebrar el tiempo histórico-, hace que este libro de poemas sea leído también como un libro de historia, como una construcción imaginaria y como un artefacto emocional sobre un tiempo que tocó ser atestiguado por una generación.

Y dentro de ese orden de cosas lo que abre el libro es también la construcción de un sujeto poético que atraviesa el tiempo y los territorios para comunicarse con todos los poemas y todos los poetas al mismo tiempo, como si todos los versos, todos los poemas, fuesen parte de un mismo libro que se va escribiendo desde el inicio de las edades.

No hay mayor motivo de celebración en este libro que el sentido que la poesía tiene para aquellos que saben que es desde ahí que nos pensamos y desde sus pliegues habitamos el mundo. La vida misma no tendría sentido sin poesía, pero tampoco nuestra memoria tendría objeto sin el recuerdo de aquellos poemas y poetas que nos constituyen como personas, ciudadanos y artistas. Todos y cada uno de nosotros somos parte de una historia que, sin saberlo, se va tejiendo día a día y este libro es el testimonio que comunica el pasado con el presente y el presente con el futuro para que la memoria no sea olvido y para que los hombres y sus descendientes adquieran con la palabra escrita una fuerza y una potencia capaz de generar una mirada sobre aquellas cosas cotidianas que no siempre se registran como reales. El otoño está presente es un libro que marca una pauta en la creación poética dentro de la gran tradición de la poesía en el país y por ello su recorrido no es sobre sí mismo, sino sobre lo que hace posible su aparición. Cada poema que compone el libro, habla de un poeta o de un poema escrito por otro poeta o parafrasea e instala una emoción sobre algún verso de un poema escrito por un poeta boliviano y es que la poesía Bolivia es la materia prima sobre la cual se levanta este libro. Su fuerza está en agarrarse de ellos para construir una voz propia capaz de resonar con sus propios ecos. Y en ese camino, los poemas, los versos y los poetas nombrados adquieren otras dimensiones. Los volvemos a leer con la frescura de la edad y de la primera lectura.

El extravío es nuestro segundo nacimiento

Sobre la poesía de Rafael Cadenas

Silvio Mignano

Rafael Cadenas es un hombre silencioso y reservado, que a veces hasta puede parecer algo gruñón, pero que en realidad refleja una mezcla de timidez, introspección y humildad. La introspección se entiende perfectamente leyendo su extensa producción poética que investiga su vida interior como pocos autores contemporáneos logran hacer, dibujando un retrato íntimo total. La humildad, en cambio, es un aspecto menos obvio y mucho más apreciable si se considera que estamos hablando no solamente del más reconocido autor venezolano vivo, sino de uno de los poetas en idioma español más importantes en el mundo, galardonado ya con el Premio FIL de Guadalajara en 2009, con el García Lorca en 2015, el Reina Sofía en 2018 y ahora el Cervantes. Sin contar que desde 2020 se encuentra entre los candidatos al Premio Nobel de Literatura.

Cadenas es un hombre de silencios profundos, reiterados y prolongados. Durante mis cuatro años de permanencia en Venezuela tuve la suerte de compartir con él en muchas oportunidades y siempre me llamó la atención el número extremadamente reducido de palabras que salían de su boca. Algo parecido ocurre en su escritura. Claro, durante las muchas décadas de su extraordinaria carrera literaria el volumen de poemas y de textos producidos por Cadenas es grande, y la antología que en 2007 le dedicó Pre-textos ocupaba ya en aquel entonces 776 páginas. Sin embargo, cuando nos detenemos a analizar con atención sus versos, nos damos cuenta que nunca escribe una palabra o una sílaba de más, que no sean esenciales. Los espacios blancos que contornean la escritura no son, entonces, simplemente un accidente inevitable del acto de imprimir un texto, sino más bien la huella de todo lo que era innecesario y que el maestro ha tenido que dejar fuera de su construcción poética.

Poesía filosófica, es un término recurrente en las reseñas críticas de Cadenas. Es una valoración correcta, pero, a la vez, una síntesis incompleta y poco generosa. La verdad es que Cadenas es y sigue siendo en primer lugar un poeta, un gran poeta. ¿Es verdad que sus versos ruedan alrededor de la condición humana, de nuestra existencia? Sí, es cierto, pero ¿no pasa lo mismo con toda la mejor poesía, y no solamente moderna y contemporánea? Lo que desde mi perspectiva crítica quisiera destacar es más bien su altísimo valor estético, la capacidad de dominar la palabra, la construcción del verso y la estructura de la página.

La fama del poeta venezolano cundió en toda América Latina con Una isla y con Los cuadernos del destierro, escritos entre 1958 y 1960 tras el confinamiento en Trinidad y Tobago, durante la dictadura de Pérez Jiménez, pero publicados parcialmente recién en 1970. En 1963, sobre la misma experiencia personal Cadenas escribió el poema La derrota, que en 1970 fue compilado junto con Los cuadernos del destierro. El poema presenta una serie de reiteraciones introducidas en cada verso por el pronombre relativo “que”, y abre el primer verso con el pronombre personal “yo”: “Yo que no he tenido nunca un oficio / que ante todo competidor me he sentido débil / que perdí los mejores títulos para la vida / que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución) / que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos / que me arrimo a las paredes para no caer del todo / que soy objeto de risa para mí mismo que creí / que mi padre era eterno […]”.

El mismo pronombre personal abre Los cuadernos del destierro: “Yo visité la tierra de luz blanda. / Anduve entre melones y hierbas marinas, comí frutas traídas por sacerdotisas adolescentes, palpé árboles / de savia roja como ladrillo que moraban junto a la tumba de un príncipe, vi viejos catafalcos de gobernadores / guardados por lentas palmas. Por los contornos había raíces en forma de tazones donde los monos mitigaban la sed. / Pasé un día cerca del lugar donde duermen los ahorcados. / Era la época en que los brujos habían partido a los campos de arroz destruyendo todos los talismanes […]”.

Es un diario íntimo, un diario político, un diario poético: un tríplice valor de lectura que me recuerda, por supuesto, al más grande de todos, el sommo poeta Dante, por la interdependencia de la experiencia personal, de la crítica política y de la elaboración de un alto resultado poético. Desde estos primeros textos la búsqueda de una solución formal era esencial en Cadenas y se resolvía con la sobriedad y la moderación. Restar era, entonces, más importante que sumar, con un procedimiento no muy disímil al de un escultor clásico. Y clásica era –y sigue siendo– la escritura de Cadenas, lejos de las tentaciones barrocas que caracterizaron la poesía latinoamericana de las mismas décadas, no siempre con resultados apreciables.

Todos los poetas tienen palabras a las que recurren a menudo. El verbo extraviar y sus derivados son una constante en la obra de Cadenas. “Pues nunca dejé de ser nervadura del asombro, de vivir en orillas, de extraviarme bebiendo un zumo oscuro, pero invadiendo los contrafuertes del día”, escribió en la apertura de Gestiones, libro de 2011, y pocas páginas después “Tanteas / como ebrio / en la ruta del extravío / (así se llama / nuestro segundo nacimiento)”.

El extravío es el segundo nacimiento: una definición perfecta para un hombre, antes que poeta, que aparece siempre algo extraviado frente a un mundo evidentemente absurdo, demasiado veloz respeto a la exigencia de reflexión de quien necesita tiempo y espacio para acumular experiencias, sintetizarlas, devolverlas en forma de versos cada año más cortos y esplendorosamente pobres. Solamente hay que decidir si realmente extraviado es el poeta o es el mundo.

En este sentido la poesía de Cadenas nunca ha dejado de tener un fuerte anclaje ético que, por supuesto, viene desde sus primeras experiencias humanas y políticas, como ocurrió con Dante y con muchos poetas en la historia. La tonalidad plana, la frontera entre poesía y prosa exigua, casi invisible, el cuidado meticuloso en la elección de cada palabra, al mismo tiempo, han permitido a Cadenas alcanzar niveles estilísticos altísimos y mantener una solidez moral impecable.

En 2017 publiqué Mezzogiorno in Venezuela, una antología de doce poetas venezolanos traducidos al italiano, editada en Caracas por El Estilete y en Roma por La Biblioteca del Vascello. Cadenas, por supuesto, abre el libro, que fue lanzado en la histórica librería El Buscón de la capital venezolana. Durante el evento cada poeta leyó un texto propio en español y yo leí la traducción al italiano. Cuando fue el turno de Cadenas, último por evidentes razones de jerarquía poética, él se aclaró la voz y con ese volumen bajo, con esa tonalidad barítona que lo caracterizan, con esa timidez toda suya, empezó a leer en italiano mi traducción. No hubo alternativa, tuve que leer en español los versos suyos, originales. Sonreía Cadenas –mientras yo leía– feliz, como un niño travieso, de esa pequeña burla que delataba otra calidad inesperada, un sentido del humor sutil, delicado.

Rafael Cadenas

Rafael Cadenas. Poeta y ensayista (Barquisimeto, Lara, 1930) Ha publicado los poemarios: Cantos iniciales (1946), Una isla (1958), Los cuadernos del destierro (1960), Derrota (1963), Falsas maniobras (1966), Intemperie (1977), Memorial (1977), Amante (1983), Dichos (1992), Gestiones (1992), El taller de al lado (2005), Sobre abierto (2012), En torno a Basho y otros asuntos (2016) y Contestaciones (2018).

Tu licor

Tu licor

me ha de valer en el laberinto.

¡Cuántos escombros por donde paso!

Me adentro, lentamente.

irreconocible, pero sigo.

¿Quién continúa

caminando?

Me muevo sin saber.

Porque debo.

Ars Poética

Que cada palabra lleve lo que dice.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.

No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni
añadir brillos a lo que es.       
Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad.
Seamos reales.
Quiero exactitudes aterradoras.
Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis
palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.

Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame
la impostura, restriégame la estafa. Te lo agradeceré, en serio.
Enloquezco por corresponderme.
Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.

Bungalow

Paisaje que me resguarda de un olvido necesario.

Palmeras, acacias, sauces a pico.

Sol que hace cantar los techos.

Recuerdo que nunca estuve más unido: más próximo

a mí. Rostro duro de mi amante. Dibujo guardado.

Después, sólo admití situaciones; apenas he inventado

trampas para huir.

(He vivido)

He vivido

cediendo terreno

hasta quedarme con el necesario

-un área invicta,

de nadie,

que un desconocido reclama.

(¿Sabías)

¿Sabías

en tus adentros

que los poemas no bastan?

¿Para qué esculpir

la palabra,

carentes?

¿Se espera oír

diciendo?

¿Qué se busca

excavando con ella

en tierra endurecida?

¿Quién puede hablar

sin saberse

milagro?

(El que espera)

El que espera

vive

como inerme,

como húmedo,

como naciendo,

como suficiente,

a lo largo de los días

que no se suman,

desde lo hondo,

abajo,

abajo,

nuevo,

bañado,

parido

desde otro vientre,

barro igual

y sin embargo

otro.

Reconocimiento

Me veo frente a este paisaje parecido al que protejo.

No soy el mismo. Debo comprenderlo de una vez.

He de encajar en mi molde.

He acechado la aceptación súbita de mi realidad.

Despedí la poesía que se cuelga de los brazos.

Incendié los testimonios falaces.

Adopté la forma directa.

Una convergencia prospera en mí.

Abandono mi caminar intrincado. Me dilato en vastedades blancas.

Sirvo en silencio a un solo rey.

Con huesos de ave violento los espacios cerrados.

He sentido ráfagas de otra región sin culpa.

Me hago a la lentitud, al gesto consciente, al rumor del desierto.

(No desdeñes nada)

No desdeñes nada.

Una rana le dio a Basho

su mejor poema.

(Pocas palabras)

Pocas palabras

tienes

a mano,

no obstante

deben bastar

para tender

tu arco

ante la oscura

            diana.

Pero

ha de ser sin intención

de acertar.

Adalber Salas Hernández, joven poeta venezolano dice de su compatriota: “Cadenas practicó y practica una forma de poesía que no distingue la escritura de la vida; antes bien, procura aunar esas dos dimensiones tan quirúrgicamente separadas por algunos. En la factura misma de su labor hay entreverado un imperativo ético: no entregarse al fingimiento, no capitular ante la palabrería, la verbosidad charlatana, las ideas recibidas inconscientes, metidas de contrabando en nuestra boca. (…) Cadenas observa la escisión que media entre el lenguaje y la realidad, entre las palabras y las cosas, y se propone modelar una escritura que suture esa grieta. Su instrumento es el silencio: le sirve de martillo, de cincel, para darle forma a la materia bruta de la lengua, con su propensión al desvío, a la simulación”.

VI Festival Internacional de Poesía de Bolivia 2022

Edwin Guzmán Ortiz

Ya se halla prácticamente en escena la sexta versión del Festival Internacional de Poesía de Bolivia 2022 que se efectuará entre el 31 de octubre y el 3 de noviembre en las ciudades de La Paz, El Alto y Oruro.

Se trata de un festival, por sus características, pionero en Bolivia. Se concibió –como suelen iniciarse todas las cosas trascendentes– en torno a una mesa fraterna, allí en 2008 en Medellín, Colombia, en el marco del Festival Internacional de Poesía de Medellín, donde el director de ese evento mundialmente famoso, Fernando Rendón, propuso a Benjamín Chávez, asistente al festival, organizar uno en Bolivia. Benjamín, al principio dubito-parpadeante, terminó accediendo a la propuesta claro, en medio de unos elucidatorios e inspiradores drinks. Desde allí, al presente, Benjamín no ha cesado en este proyecto de sobrados méritos y fe inclaudicable.

El aporte del festival se expresa a través de diferentes líneas de acción. Por una parte, está el componente del encuentro, donde poetas extranjeros, procedentes de diferentes países interactúan con poetas bolivianos y el público nacional. Es más, se accede –a través de diferentes actividades de lectura– a la producción poética de los vates invitados, junto a la exposición de las características propias de creación literaria de sus países de procedencia.

En la perspectiva de lograr mayor difusión de la poesía de los participantes en los diferentes festivales, junto a Plural Editores, se logró la publicación de antologías de poesía que permiten un mayor acceso del público interesado en el tema. Es más, se logró extender este evento a ciudades como Cochabamba, Oruro y el propio El Alto de La Paz, ampliando de este modo el acceso a un público más amplio del país.

El festival, por su parte, no fue ajeno a la organización de mesas de diálogo interpoético. Cómo no recordar las diferentes mesas que coordinó uno de los fundadores y activos participantes del festival: Rubén Vargas (la memoria y el talante de Rubén flota en los últimos festivales). Los y las poetas en dialécticos –platónicos y hegelianos, diálogos– desnudaron ese universo exponencial que destella la poesía, su incidencia social, su vena cultural, su lúcido deambular por ciudades y vericuetos del mundo, su máquina revelatoria que no cesa. La presencia reiterada de la Carrera de Literatura de la UMSA, tanto a nivel docente como estudiantil, enriqueció aun más esta actividad.

Sería injusto olvidar su vocación educativa. En efecto, se desplegaron numerosos talleres de poesía donde poetas –extranjeros y nacionales– de vuelo mayor asperjaron su experiencia y sabiduría sobre el tema. La riqueza y diversidad de los enfoques nutrió a un público, generalmente joven y expectante, motivándolo en el deseo de escribir con mayor criterio, y apostar por la creación poética. Poemarios presentados, difundidos, leídos y debatidos como una forma de acercarnos al otro poético que nos visita.

Durante el primer Festival Internacional de Poesía, en 2010, en coordinación con autoridades de cultura, se hizo un reconocimiento público a cuatro grandes poetas bolivianos: Julio de la Vega, Héctor Borda Leaño, Antonio Terán Cavero y Jesús Urzagasti. Con ellos se compartió en el evento, escuchando su palabra y su vivencia de décadas de actividad poética en un país donde las contradicciones sociales no son pocas, y donde la poesía no deja de testimoniar la historia y las pulsiones profundas de un país diverso.  

Entre muchos más, a manera de ágil inventario, en el caso de poetas mayores que llegaron al festival, mencionemos a Arturo Carrera, Jorge Boccanera y Laura Yasan (Argentina); Roberto Echavarren y Silvia Guerra (Uruguay); Carmen Berenguer y Nadia Prado (Chile), Jüri Talvet (Estonia). Entre los países participantes en las diferentes versiones se hallan Argentina, Bahamas, Chile, España, Estonia, Uruguay, Colombia, México, Perú, Finlandia, Alemania y por supuesto Bolivia.

Entre los poetas bolivianos cabe destacar a Héctor Borda Leaño, Julio de la Vega, Jesús Urzagasti, Antonio Terán Cavero, Marcia Mogro, Cé Mendizábal, Álvaro Diez Astete, y Carlos Condarco. Además, Vilma Tapia, María Soledad Quiroga, Mónica Velásquez, Rery Maldonado, Geraldine O`Brian, Sergio Gareca, Milenka Torrico, Jorge Campero, Eduardo Nogales, Fernando Van de Wyngard y Sulma Montero. Los, las y probables epicenos en el campo inmensurable de la poesía.

El sexto festival, a un tris de realizarse, introduce además de modo más nítido, poetas que, al mismo tiempo de escribir poesía, reflexionan sobre la misma. No solo sobre su procedencia, sino sobre su materialidad, su poeticidad, sobre su embriague filosófico y lingüístico. En suma, sobre su condición gravitante como aparato generador de sentidos trascendentes.

No podía haberse obviado este 2022 una actividad recordatoria del centenario de la publicación de Trilce, de César Vallejo. El programa consigna, mañana lunes 31 de octubre, una conferencia sobre el tema, a cargo del poeta peruano Omar Aramayo, consumado especialista en Vallejo, en la Casa Marcelo Quiroga Santa Cruz (La Paz).  Al respecto, cabe decir que Trilce se ha constituido, de acuerdo a expertos, desde los años 60-70, como el poemario más original y radicalmente innovador del vanguardismo en lengua española. Es más, en ese intervalo, Roberto Paoli lo ha proclamado como el poemario más importante del vanguardismo posterior a la Primera Guerra Mundial, en un marco que comprende incluso a T.S. Eliot, Ezra Pound y los autores expresionistas y surrealistas, por si fuera poco.

La primera actividad de lectura colectiva de poesía se llevará a cabo en Efímera. Se tiene programada una conferencia sobre poesía y traducción a cargo de Rodolfo Ortiz (Bolivia), un conversatorio sobre la traducción de poesía con participación de Mariano Dagatti (Argentina), Diego Valverde Villena (España/ Perú / Bolivia), bajo moderación de Benjamín Chávez en la Carrera de Lingüística de la Universidad Pública de El Alto. Otro conversatorio sobre la labor editorial de poesía a cargo de Juan Maisonnave (Argentina) en la Casa del Poeta Jaime Saenz. Lecturas colectivas de poesía en el Punto Cultural Líber Forti. Un taller de poesía a cargo de Diego Valverde Villena y Juan Carlos Ramiro Quiroga (Bolivia) en la Casa del Poeta. El conversatorio “Voces de la Poesía Femenina”, con participación de Danitza Fuentelzar (Chile), Micaela Mendoza, Verónica Delgadillo, Ruth Ancalle (Bolivia); Modera: Verónica López del Blog GRATISpoesía, en el Auditorium del Centro Cultural Torino. La presentación del poemarioMil y una noches sin WiFi de Omar Alarcón (Bolivia), comenta Edwin Guzmán Ortiz.

Un programa no menos nutrido se llevará a cabo en Oruro, del 2 al 4 de noviembre: Conversatorio con Jorge Aulicino (actividad OnLine). La premiación del Concurso Municipal de Poesía; lectura de poemas de Omar Alarcón y Micaela Mendoza, un conversatorio sobre poesía con Omar Aramayo; Juan Maisonnave, Mariano Dagatti y Diego Valverde Villena en el salón Luis Ramiro Beltrán el jueves 3 a horas 10:00. Lectura de poemas en el Barrio de Escritores con presencia de Verónica Delgadillo, Danitza Fuentelzar y Christian Jiménez. Lectura central de poesía, con la participación de todos los poetas, en el Museo Histórico Idelfonso Murguía, el jueves a las 19:00.

El VI Festival Internacional de Poesía de Bolivia 2022, se realiza dentro una atmósfera nacional, pero sobre todo internacional, gravitante. En tiempos de crisis que atentan contra un nosotros real y existencial; tiempos de candados, de inicuos mordientes a la libertad; de un mundo que atenta contra la capacidad de poetizar la existencia; una época de inmersión y ahogo en el mar de la tecnología; de atentados contra los saberes alternativos; de castración de la acción creadora de la imaginación; de múltiples simulaciones; de epistemes amordazadas; de heterofascismos y de barbiturización del deseo… En fin, en un mundo críticamente atorado, cuya vaguedad azora y atenta contra el tejido poético, identitario y libertario que nos sostiene: ¿qué, la poesía en cuanto saber integral del ser humano?; ¿qué, la poesía en medio de este mare magnum? Palabras, criadero de palabras que tallan el mundo.

El jardín de los presentes

Poetas invitados al VI Festival Internacional de Poesía de Bolivia 2022

Jorge Aulicino. Poeta, periodista y traductor. Nació en 1949 en Buenos Aires. Trabajó en periodismo hasta 2012. Ese año reunió sus libros de poesía en el volumen Estación Finlandia. En 2020 apareció su Poesía reunida (2020-1974). Este año reunió una colección de artículos bajo el título Poesía y política y publicó también El amor que no perdona. Escritos sobre la Divina Comedia. Tradujo a Cesare Pavese, Pier Paolo Pasolini, Eugenio Montale, Luciano Erba, Franco Fortini, Antonella Anedda y Biancamaria Frabotta, entre otros autores italianos. En 2011 apareció su traducción del “Infierno”, de Dante Alighieri, y, en 2015, su versión de los tres libros de la Divina Comedia. En 2020 publicó El segundo Novecento, una antología de poesía italiana a partir de la segunda postguerra europea. Integró el Consejo de Dirección de Diario de Poesía, de Buenos Aires, entre 1987 y 1992, y actualmente colabora en la revista digital Op. Cit. y en Periódico de Poesía de la Universidad Autónoma de México. Administra el blog de poesía traducida y poesía en castellano Otra Iglesia Es Imposible e integra el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires. En 2015 recibió el Premio Nacional de Poesía.

Mariano Dagatti. Nació en 1982 en Elisa, provincia de Santa Fe, Argentina. Es Investigador Adjunto del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas con sede de trabajo en el Centro de Innovación de los Trabajadores (CITRA, UMET/CONICET), donde coordina el Núcleo de Comunicación y Discurso (NUCODIS). Es Profesor de Semiótica en la Universidad Nacional de Entre Ríos. Dicta, además, los Talleres de Escritura y de Tesis de la Maestría en Diseño Comunicacional de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires. Es Doctor en Lingüística y Magister en Análisis del Discurso por Universidad de Buenos Aires. Ha sido profesor e investigador visitante en Francia, Italia, Suiza, Canadá, Sudáfrica, México, Brasil, Uruguay y España. Fue parte del staff de la revista de cine y literatura “Invisibles” (www.revistainvisibles.com), en la que publicó de forma periódica ensayos y entrevistas sobre cine argentino contemporáneo (años 2015-2020). Fue asimismo editor de la revista de comunicación y arte “Def-ghi” (años 2008-2016) con la que participó en diferentes festivales, congresos y en diferentes eventos culturales.

Juan Maisonnave. Escritor y editor. Publicó Los juegos compartidos (Santiago Arcos Editores, 2013), que obtuvo el Segundo Premio en la categoría Cuento del Fondo Nacional de las Artes. Fue coeditor y colaborador de la Revista Digital Invisibles entre los años 2017 – 2020. Trabaja como periodista cultural, editor y escritor freelance. Es socio fundador de Pinka Editora.

Omar Alarcón. (Bolivia, 1986). Es poeta y cineasta. Ha publicado los poemarios El corazón entrega sus muertos (Editorial Pasanaku. Bolivia, 2006), Roca Negra (Editorial Andesgraund, Chile 2020) y Mil y una noches sin Wi-Fi (Valparaíso Ediciones, España, 2021), libro que fue finalista en el premio internacional de poesía Vicente Huidobro 2020.Con su primera película, Mar negro, ganó el premio a Mejor dirección en Bolivia (Premio Eduardo Abaroa, 2018); así como Mejor Película y Mejor Documental (Diablo de Oro, 2019). Es cofundador del centro terapéutico Sol en Casa donde trabaja como psicólogo desde hace diez años atendiendo niños y jóvenes con capacidades especiales de la ciudad de Sucre.

Ruth Ancalle. Licenciada en psicología, Diplomada en educación superior, pianista miembro de la Sociedad de Concertistas e Intérpretes de Piano en Oruro, compositora, escritora y poeta.Nació en Oruro, estudió sus primeras letras hasta el bachillerato en el Colegio Evangélico Inglés “Archivald Reekie” Oruro. Ruth es en esencia mujer artista, plasma su habilidad al componer e interpretar melodías para piano. Asimismo, cuando escribe dice “es una necesidad casi biológica”. Escribió las siguientes obras: poesía bilingüe castellano – quechua: Imagen de Mujer – Warmi Rikch’aynin; salud mental: El Perdón un Proceso Mental Asertivo; cuento bilingüe castellano – quechua: “El Camino de Adriana – Adrianap Ñannita”; poesía bilingüe castellano-quechua: El Tiempo del Tiempo – Pachaq Pachamanta además de artículos en revistas y periódicos del país.En la actualidad es presidente del Comité de literatura Infantil y Juvenil-Oruro CLIJO, miembro de la Unión Nacional de Poetas y Escritores-Oruro UNPE, miembro del  PEN- Bolivia, creadora del festival Internacional de Poesía “Palabras en Altura” y creadora de la “Colección Literaria UNPE”

Christian Jiménez. (Bolivia, 1982). Es autor de cuatro novelas. Invierno (2010), Te odio (2011), Familiar (2019) y Paisaje (2020). Cuatro libros de cuentos: Cortas detonaciones (2008), El mareo (2008), Museo (2010) y No quedan días de verano (2015). Junto a la producción de ficción están los libros de ensayos: Ensayos de memoria (2014), Bolivia. El campo académico, cultural y estético (2016), Distorsiones del colonialismo (2018) y Roberto Bolaño. Una apropiación (2020). Ganador del concurso de novela latinoamericana convocado por la editorial E1 de Guanajuato, México, con la novela Paisaje y del concurso Ideas creativas. La pandemia y la experiencia de la cuarentena, convocado por la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia. Finalista con el cuento Navidad del Concurso Nacional de cuento Adela Zamudio. Cochabamba, 2015. Es también el antolagador y prologuista del libro Bajo la soledad del neón. Antología de cuento contemporáneo de América latina, que tiene dos ediciones, una en Bolivia (2020) y otra en Ecuador (2021). En poesía es parte de Cambio climático. Antología de la joven poesía boliviana (2011), Tea party I (2012), Traductores del silencio (2012) y es autor del poemario Bodas elementales (2021). 

Verónica Delgadillo. Nació en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Comunicadora Social de profesión, poeta por destino. Colaboradora en revistas literarias de circulación nacional y revistas internacionales online. Ha participado en publicaciones, antologías y festivales literarios en Bolivia, Argentina, Colombia, Perú, Chile, Ecuador y Venezuela. Obras publicadas: Las tejas de Job (2013), Ausencia del árbol (2018) y 37 armónicos para una fuga (2020).

Micaela Mendoza Hägglund. Nació en La Paz en 1981, boliviana-sueca. Poeta y psicóloga. Publicó el libro Lo mágico sombrío el 2010 con la Editorial Pasanaku. Parte del grupo literario “Letras transgresoras” de Sucre. Ha participado en festivales, publicaciones y antologías de poesía nacionales e internacionales (México, Chile, Argentina, Italia, España, Panamá, Reino Unido, Colombia, Perú, Turquía). En 2016 lanzó el disco musical y poético sonoro Éter junto al proyecto Mandala. De igual manera ha colaborado a diversos músicos (Ruddy Franco, Sibah, Gitte Pálsson) mediante su obra poética.Su libro Áticos sonoros (Editorial 3600) es condecorado como I Premio Nacional de poesía “Ópera Prima” 2018 convocado por la Cámara departamental del libro de Santa Cruz-Bolivia. El poemario Sahumerium es seleccionado por la Dirección de Cultura del Gobierno Municipal de Sucre para su publicación el 2020. Su última producción es un libro-baraja escrito junto a Adriana Romero (México); Poemancias (Perro negro, 2020).

Rodolfo Ortiz. La Paz-Bolivia, 1969. Poeta, ensayista, editor. Director de la revista de literatura La Mariposa Mundial (1999 – 2022). Ha publicado poemas, ensayos y artículos en diferentes revistas y periódicos dentro y fuera de Bolivia. Realizó estudios doctorales en la Universidad de Pittsburgh y también en la Universidad de British Columbia en Vancouver, Canadá, donde actualmente investiga y enseña. En la editorial La Mariposa Mundial ha publicado el libro de poemas Cuadernos de la sequía (2006, 2012), en diferentes entregas.

Juan Carlos Ramiro Quiroga. Nació en La Paz, en 1962. Es bardo, lector de libros y ensayista. Ha operado como el albañil creando obra bruta, gruesa, y fina, antes de la vendida. Ha publicado poco, con el apoyo de algunos mecenas como José Antonio Quiroga y Rodolfo Ortiz: El pozo de interminables líneas: cámara de Eco (1990), Kámara de Eco o el pozo de Ariana (Carrera de Artes-UMSA, 1992), Errores Compartidos (1995), Kámara de Eco o el pozo de Ariana (Plural Editores, 2003), Historia del Ángel (2003) y Mi pequeña muerte con Dios (Plural Editores, 2009). También Hueso blanco: reportaje a la mala lectura asediado por aforismos, sofismas, latiguillos, barbarismos y apostillas (La Mariposa Mundial-Plural Editores, 2007).Tiene dos obras en línea: una denominada obra gruesa (La Paz, 2021) con noticias poéticas y otra llamada Obra vendida. La gran colección de proverbios (La Paz, 2021) con poemas online que son difundidos en la plataforma brasileña Hotmart. Su poesía fue incluida en Poetas jóvenes de La Paz por Blanca Wiethüchter (Separata de la Revista Municipal “Khana” Nº 45, La Paz, 1996). Antología de la poesía latinoamericana del Siglo XXI. El turno y la transición (Siglo Veintiuno Editores, México, 1997), compilado por Julio Ortega. Antología de la poesía boliviana. Ordenar la danza (LOM, Santiago de Chile, 2004), selección y estudio de Mónica Velásquez Guzmán. ZurDos. Última poesía latinoamericana: antología (Bartleby Editores, Madrid, 2005), de Yanko González y Pedro Araya. “Poesía Boliviana” por Mónica Velásquez Guzmán (Revista de Poesía Alforja Nº 43, Universidad Autónoma de Sinaloa, México, 2008). Cuerpo plural. Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea (Editorial Pre-Textos, Madrid, Buenos Aires, Valencia, 2010), de Gustavo Guerrero.

Danitza Fuentelzar. Iquique, Chile 1977. Escritora, Artista Plástica, Gestora Cultural. Ha publicado el poemario Inhalámbrica (Editorial Yerba Mala Cartonera), su reedición por Editorial Jaguar Azul y Editorial AndesGraund. Antologías Latinoamericanas;  Con Rímel, A la Sombra, Mujeres Poetas en el País de las Nubes, Colección Vidzu, 1500 y un Solo Clímax, Caravanas de Poesía, Jauría de Palabras, Mujeres Poetas Chilenas Tanto Fervor Tiene el Cielo y Mujeres en Tiempos de Esperanza Crisis y Pandemia.

Invitada a eventos literarios internacionales; Mujeres Poetas del Cono Sur Conrimel, Festival de Poesía Latinoamericana Actual Poquita Fe, Días de Poesía , Festival de Poesía Panza de Oro, Festival Santiago en Paz, Festival Caravanas de Poesía, Festival Proyecto Posh, ANTIFIL, Festival Palabras en Altura, Feria del Libro de La Serena, Feria del Libro Gabriela Mistral y Feria Internacional del libro de La Paz, Feria del libro Feminista y Primavera del Libro. La Asamblea Legislativa Plurinacional, Brigada Parlamentaria de Oruro y la Unión Nacional de Escritores de Bolivia, le confieren el reconocimiento “Pluma de los Andes, 2018” a la trayectoria y aporte al desarrollo de las Artes y la Educación. 

Diego Valverde Villena. Poeta, ensayista y traductor. (1967). España/Perú/Bolivia. Magíster en Literatura Inglesa. Licenciado en Filología Hispánica, Filología Inglesa y Filología Alemana. Ha sido profesor de Poesía, Lírica Medieval y Lírica Barroca en la Universidad Mayor de San Andrés. Tras varios años dedicado a la diplomacia cultural, es profesor visitante en universidades americanas y europeas, donde imparte cursos sobre literatura hispanoamericana y literatura comparada. Sus principales poemarios son El difícil ejercicio del olvido, No olvides mi rostro, El espejo que lleva mi nombre escrito, Un segundo de vacilación y Panteras. Sus poemas han sido traducidos a varios idiomas y aparecen en numerosas antologías. En su vertiente de ensayista ha publicado Varado entre murallas y gaviotas. Seis entradas en la bitácora de Maqroll el Gaviero, Dominios inventados y Vetas literarias. Ha traducido poemas de George Herbert, John Donne, Carlos Drummond de Andrade, João Cabral de Melo Neto, Valery Larbaud, Hilde Domin, Gottfried Benn, Mascha Kaléko, Rose Ausländer y Paul Celan, entre otros.

Omar Aramayo. (Puno, 1947) periodista, poeta, y narrador. Editor. Autor del libro de pintura: Humareda; y de la novela Los Túpac Amaru: 1572 – 1825, considerada el Libro del Bicentenario. Iniciador de los estudios de Carlos Oquendo de Amat y Gamaliel Churata. “Su poesía demanda de un lector favorecido por el don de la inocencia o un casi vicioso amor por la fábula” (Alberto Escobar). Es uno de los renovadores de la poesía peruana contemporánea. En su narrativa “El sarcasmo y la ironía constituyen la lógica del individuo sometido a la transformación verbal en la obra narrativa de Aramayo” (Miguel Ángel Huamán). Es uno de los narradores más fecundos y versátiles de la literatura peruana actual. Uno de los padres del microrrelato en el Perú (1971) y de la poesía gráfica (1964). 

Marlene Durán Zuleta

Marlene Durán Zuleta. Poeta y escritora (Oruro, 1956) Ha publicado los poemarios: Grises (1977), El otoño de la almohada (1984 -1985), Salmos (2002) y Afectos cóncavos (antología, 2021).

Hálitos de altura

Para Fernando Sabido Sánchez (28/8/1950 – 2/7/ 2017) España

I

Te encuentro en el azul infinito del mar,
en la distancia vertical,
imprecisa en los horarios de la tarde.
Hay tanta agua
que se amotinan los peces,
y el canto de las aves se vuelve comunión.
Estás concentrado,
el destello interno de la máquina
ilumina tus ojos,
la pasión por reunir a los juglares del mundo
motiva a rescatar poesía.
Asciendes flagrante como siervo por las letras,
desde mi espacio te sonrío afable,
suelo otrora conquistado
por hombres de tu estirpe.

II

Tenemos morada de sueños,
un vaivén de silencios nos envuelve,
la amistad atisba
¡viva la pródiga poesía!

Leer o escribir
nos libera de ver u oír
crujidos de hombres y animales
de estar habitados o desamparados.
Un hondo fervor desborda
al espíritu por los escritos,
geografía de letras.
-nos perpetúa en la distancia-

Estos periplos  de tiempos indefinidos
sigan colmándote de resplandor
y asciendas infalible a la cima,
rescatador de vates.

III

Te hablé de las golondrinas,
del ocaso
del silencio de las moras.

No se vislumbraba nada oscuro,
ni velo, ni duelo
que opacara tu morada  de luz.
Súbitamente se apagó la voz interna
de la memoria y tu corazón. 

El ronco ruido de la vida
curiosamente inquietó tu partida
un exabrupto del abismo,
abrió su territorio y dibujó una sombra.
Las guirnaldas se tornaron negras,   
piadosas, ante un súbito adiós.

Te fuiste por el camino azul
de la montaña elevada de los juncos,
la metáfora de tu obra “La muerte siempre culmina su trabajo”
se apresuró a conquistar
el perfume de las magnolias,
con los hilos de tus poemas
tejías en el nocturno abrazo de la noche
un pincel que se fue al fondo del Mar.    

La luz se apagó a las cinco de la tarde

Para Federico García Lorca (5/6/1898 – 18/8/1936) Granada, España       

Romancero gitano,
tus ojos iluminados y sonrisa abierta   
no tenían signos de maldad.
Poeta del tiempo y del alma,
tus églogas como espíritus que se mueven
llegaron sin campanas hasta los oídos
de la escuadra negra,
hombres sombríos,
tenían miedo del arte y de tu voz.

No estaban Dámaso Alonso,
Rafael Alberti, Luis Cernuda,
Miguel de Unamuno, ni Dalí
que rondaba tu pintura y poesía.
Los malvados irrumpieron tu sueño,
tenían furia,
borraron la canción de antorcha y libertad.

Avaros y pobres,
no preguntaron sobre ti
poeta  escribiste “Bodas de Sangre”
la trama y la esencia de la muerte por amor,
tres poemas para los arcángeles,
“La monja gitana y el diálogo amargo,
a las cinco de la tarde”.
La música te envolvía,
del piano salían melodías profundas y tristes,
como si horadaran la veta de tu corazón.

Recordando el abril de tu infancia leías
“La canción de las palomas oscuras”
prodigio de Andalucía transitada,
Federico de la Huerta de San Vicente
España de Federico,
te identificaste con la rueda taurina,
con el “Romance de la pena negra
palabra de poeta”.

Los designios son crueles
cuando la muerte comienza a sonreír,
el reloj no perdonó la puesta del sol,
las sombras cansadas comenzaron a reposar,
agosto se tornaba herida
la premonición de tu ausencia
era murmullo, rezo que calla.

Sensible por tanto silencio,
eterno en tu poesía, tu buen genio
estrella que te dio la vida
esperaste inocente al pelotón
en el “Barranco de Viznar –carretera de la muerte-“
los verdugos sordos,
ajenos al clamor, conscientes y sin conciencia,
obediencia servil,  
dispararon sin piedad,
nadie había previsto ese extremo de herida,
-trazaron otras partidas imperdonables
con las 13 rosas madrileñas-

Federico de España,
una estela de ausencias se tornó con tu trance,  
para ver después la tierra desde el cielo
hombres y cieno juntos
“a las cinco de la tarde”.

Instantes

El corazón late,
en el claroscuro de la tarde, 
concentramos en los ojos
al tiempo que se apaga.
Una penumbra se sentimientos nos envuelve,
se acentúa la presencia de otrora,
rostros inefables
hoy ausentes.
En esa estancia de figuras
las malvas desde su cielo de tonalidades
abren armonía ilimitada de formas.
Ese episodio de creación
motiva dibujar el entorno puro
del poeta muerto.

Recordatorios

Para Blanca Wiethüchter (17/8/1947 – 16/10/2004) Cochabamba, Bolivia

“Madera viva y árbol difunto”
es rumor del agua y de la tierra,
del cuerpo que corre.
Sabías de la distancia
de lo telúrico de la noche
y confesaste,
en el epílogo del poema
que ya te veías inerte
con el signo de una estrella
sin haber perdido la memoria.

II

“Pérez Alcalá
o los melancólicos senderos del tiempo”
son palabras que encienden
paisajes, autorretratos,
el Apocalipsis observado desde las sombras.
Descubres en los lienzos
el grito de la ciudad perdida,
persigues la grama,
la corteza del árbol
que se inclina cuando hay viento.

Estos poemas de Marlene Durán Zuleta son formas de la memoria o “recordatorios” como prefiere su autora. Palabras que evocan nombres, situaciones y obras. Obras hechas de palabras, otras palabras con las que se entabla un diálogo de distancias e invocaciones cuyo decurso por la tradición poética sigue trazando una larga vía de reflejos y ecos donde la voz de Durán Zuleta aporta nuevas resonancias para disfrute del lector consciente de las referencias literarias que la autora convoca con pertinencia y tino.