El historicismo

Gonzalo Lema

Enraizado en lo tribal, el historicismo es la trayectoria de una flecha que la humanidad está destinada a seguir (Popper). El hombre camina en el tiempo para descubrir la clave de la Historia (Macmurray) o el significado de la Historia. Desde Platón, pasando por Hegel, hasta Marx, se diviniza el devenir aunque no concurra nuestra voluntad: el esclavismo, el feudalismo, el industrialismo/capitalismo y el profetizado comunismo. Esta rueda cuadrada debería girar pese a quien pese. Más aún: contra la realidad. Pero Inglaterra se rebeló y se reinventó al interior mismo del capitalismo; China se saltó el capitalismo y se convirtió en algo que no entendemos bien; Rusia, país de campesinos, no de proletarios, se erigió en sociedad comunista por 70 años, luego se derrumbó para abrazar el capitalismo. La racionalidad nos dice que, en realidad, la prestigiosa flecha no existe.

Poco importa que los partidos comunistas hayan desaparecido en la gran mayoría de los países; los seguidores de Marx son aún numerosos y esperan que la rueda gire y que esa trayectoria de la flecha mantenga algún sentido. Mientras, las sociedades capitalistas han sabido absorber demandas de los distintos sectores sociales: abolición del trabajo infantil que mantuvo su apogeo hasta el siglo XIX; igual remuneración para igual trabajo; renta de vejez, de discapacidad, sueldos de cesantía, aguinaldos, etcétera, lo que irritó en sumo al marxista Engels: el capitalismo estaba aburguesando a los compañeros proletarios.

Apenas un tiempo atrás, Marx había culpado muy en serio al capitalismo de proletarizar a la clase media, de “descender” a la burguesía y de reducir a los trabajadores al pauperismo. Los comunistas apoyaron a los trabajadores en su lucha, pero, contra todo lo pronosticado, la lucha tuvo éxito y las exigencias fueron satisfechas; pensaron, entonces, que habían sido muy modestos y que había que exigir más. Cosa extraña: las exigencias fueron nuevamente satisfechas. A medida que disminuye la miseria, los trabajadores van perdiendo parte de su amargura y se sienten más dispuestos a negociar aumentos de salarios que a conjurarse para una revolución (Popper). Este mismo autor dice: “La razón del fracaso de Marx como profeta reside en la pobreza del historicismo: lo que hoy parece una inclinación histórica, no sabemos si mañana habrá de tener la apariencia igual”.

¿Qué es, entonces, el “historicismo”? Una filosofía, no una ciencia, y tampoco una ley social. Pero el historicismo asevera que la historia tiene leyes. No solo eso: que sus pensadores las han descubierto e, incluso, dicen hasta ahora, verificado. No hay pruebas a su favor, las hay en contra. Los estudiosos indican que el historicismo tiene sus raíces en la sociedad tribal: pensamiento mágico, espíritu colectivista, beneficiarios y víctimas de leyes sobrenaturales; y en Grecia, que si bien dio pasos firmes en dirección a la sociedad abierta, consolidó el historicismo (considerando la esclavitud y la libertad como inamovibles) con el filósofo Platón, el hombre que abogaba contra el cambio; la profundización de esta convicción continuó con Hegel, con Marx y Engels, como queda dicho, hasta arraigar en millones de seres humanos que, antes de trabajar su sociedad con su propia racionalidad, con su propia estrategia política, esperan que el devenir (Historia, con H) de sus sueños llegue a tierra pronto. Algunos de ellos han aceptado que al menos lleva su retraso.

Y, ¿qué es la historia? Popper dice que “se habla de la historia de la humanidad, pero es (en realidad) la historia del poder político: egipcios, babilonios, persas, macedonios, griegos, romanos…” Más: que la historia de la humanidad no existe. Es lapidario: “La historia del poder político es la historia de la delincuencia internacional”. Con esa misma frialdad indica que la historia de la humanidad sería la historia de todos los hombres, y que eso es imposible. Pregunta: ¿acaso solo cuenta el poder político? El hombre anodino es parte de la humanidad, como es inmensa mayoría, pero nadie ha escrito sobre él. La historia del poder es de “las peores idolatrías, resabio del tiempo de las cadenas, de cualquier servidumbre y de esclavitud”. Sin embargo, incluso en este siglo, existe la espontánea genuflexión hacia el hombre del poder político. ¿Será que subyace en nuestra intimidad el temor al castigo?

El historicismo se fractura y rompe con la intervención inteligente de la política en las democracias. Estas saben que, pese a la concentración de la riqueza en pocas manos, las leyes pueden redistribuirla arrancando hombres de la miseria y desigualdad. Es distinto a esperar que la flecha continúe su vuelo.

Alberto Medina, una obra incesante

Edwin Guzmán Ortiz

La exposición en homenaje al pintor Alberto Medina Mendieta, abierta actualmente en el Museo Nacional de Arte, nos trae a la memoria una vez más la extensa obra producida por este artista orureño durante 70 años, y la importancia que tiene dentro de la pintura boliviana contemporánea.

El museo exhibe una muestra de lo producido por Medina: una pequeña parte de las más de 1.000 obras realizadas en toda su trayectoria, lo que sin duda denota su alta capacidad creativa en una diversidad de géneros. El premio “Obra de una vida”, que le fue otorgado en 2011 por el Gobierno Municipal de La Paz, permitió apreciar una mayor cantidad de sus trabajos, en los diferentes géneros que cultiva, en seis museos de La Paz.

El pintor conjuga una vida consagrada al arte, desde una intensa búsqueda por explorar su universo creativo, a través de diferentes recursos expresivos. Oleos, acuarelas, esculturas, dibujos, grabados, esmaltes, murales traducen un trabajo signado por la exploración de un lenguaje que se quiere fiel a sí mismo.

Alberto Medina halla en cada superficie, en cada cuerpo, la oportunidad para transfigurarlo a través de las formas y colores que le dicta la iluminación del instante. Y de pronto es Medina que se despliega a través de trazos y manchas, de formas que van invadiendo los planos, germinando presencias, contornos dotados de una extraña vitalidad. El peso y la gravedad germinan en medio del soplo vital de un pincel que no cesa de crear mundos, de una paleta que termina concibiendo universos inéditos.  En su obra artística se conjuga –entonces– una mirada hacia dentro y otra hacia afuera. Ambas se funden en la obra.

La mirada interior es el testimonio y la revelación de su realidad y el mundo que le rodea, por ello la temática de su pintura emerge especialmente de su entorno. Alberto Medina pinta el mundo que le circunda, sin embargo, este es tamizado a través de una sensibilidad que comulga con una condición social y una cosmovisión. Lo andino, lo minero, lo rural, lo inmediato cotidiano cobran vida y más que universos autónomos configuran una unidad complementaria, lo que termina otorgándole identidad a su obra. Esta toca la historia para enfatizar el orbe de los desposeídos. Ellos constituyen sus personajes paradigmáticos; desde ellos y a partir de ellos se plantea una mirada al país: mineros, grupos de k´oyas, huérfanos, palliris, rostros prohijados por la ignominia, vehemencias y crispaciones; indígenas que contemplan desde un silencio interpelante. No menos importante es el halo simbólico que los rodea: montañas, deidades, dentro de una atmósfera en la que el tiempo histórico se funde en el tiempo mítico.

Medina es un pintor de la solidez. Por ello, la materialidad de lo pétreo es una de las características que más llama la atención en sus lienzos. Bloques sólidos resueltos bajo formas semifigurativas traducen una poética de la concreción. Seres que bajo esta condición abrazan lo telúrico e insinúan desde su densa corporeidad la permanencia y su peso ontológico. Como la roca de las montañas, acusan perennidad y por lo mismo la vigencia transtemporal de su identidad no exenta de grandeza, pero también de dolor y padecimiento. La recreación de la monumentalidad andina traducida en una integración de bloques y junturas asemeja las estructuras del templo de Kalasasaya: el hieratismo como una forma de consagración de mitos y símbolos de nuestro legado ancestral. Mas, lo pétreo trama una textura que invade los seres y les dota de una identidad granítica. La piedra los posee y les otorga gravedad; es más, lo pétreo se torna piel y viceversa.

Los rostros en no pocos lienzos asemejan la faz monolitoide: mujeres, niños, presencias humanas que, conjugadas, expresan la marginalidad, el abandono, la desolación; pero también su envés: los cuerpos anudados del amor y la fruición erótica, el encuentro, lo maternal y esa ternura que exhalan los márgenes. Su pintura no funda su tensión en la aglomeración ni en la profusión de sujetos, más bien en una economía de presencias que conjuncionadas denotan intimidad, tensión dramática y una notable fuerza expresiva. 

La mirada de adentro, a su vez, se torna doméstica, recuperando atmósferas familiares y paisajes; en más de un rostro asombra la plasmación de un realismo casi fotográfico, evidenciando el dominio de Medina de la técnica del retrato con rasgos y expresiones propias. En cambio, la acuarela es un espacio privilegiado para la escenificación de paisajes de provincia y ángulos urbanos; ahí se recrea este país recóndito que alberga el latido de casas, capillas soledosas, siluetas fugaces, vericuetos caros a los ojos del artista.

Se suma a este universo, su obra muralística, especialmente El juicio universal (Oruro, Iglesia del Socavón, 2004), donde coexisten personas copiadas de la realidad con una angelología y demonología que además de traducir la visión de Medina, representan seres caros al imaginario de la cultura popular de Oruro.

Medina no opta por el desborde de la luz, en su obra los colores se complementan de tal manera que terminan creando un clima psicológico y una estética fiel a los temas que aborda. Una combinatoria de cromáticas terrosas y ocres destacan torsos, rostros y manos. Con él, uno aprende a valorar el efecto discrecional de la luz, destellos austeros que revelan los cuerpos y las formas. Lo que no quiere decir que en algunos de sus trabajos –sobre el Carnaval de Oruro, por ejemplo– los colores no desplieguen una luminosidad y tonalidad intensas, inspirados en el poder centelleante de la fiesta. 

La mirada de afuera, en cambio, traduce la marca estilística y formal de su pintura: lo aprehendido en la academia y la incidencia del contexto histórico bajo influjo de la revolución del 52, que pretende una orientación más social del arte y particularmente de la pintura.

La mirada universal del arte moderno que trajo el muralismo mexicano permite explorar nuestro arte vernacular imprimiendo su carácter pedagógico y revolucionario; sobre todo Diego Rivera que se consubstanció con el indigenismo de Miguel Alandia Pantoja. Medina se mueve en esta aguas, pero con características propias. Mantiene un cercano paralelismo con la obra de Humberto Jaimes Zuna y el Grupo Anteo, especialmente con Jorge Imaná, que no dejaban de desplegar sus pinturas bajo una vertiente social. Tampoco puede abstraerse su relación personal con Oswaldo Guayasamín, quién –con los rostros y manos crispadas en primer plano– compartió una estética y una in/tensión social con nuestro pintor.

En la obra de Alberto Medina se expresa el sufrimiento de un pueblo, producto de la explotación, que precisamente no condesciende a la lucha ni al fervor de la movilización disruptiva, como en el mexicano José Clemente Orozco o el boliviano Alandia Pantoja.   A su vez, la textura de no pocos de sus lienzos se insinúa bajo el aura del expresionismo abstracto, técnica que nos recuerda el action painting de Jakson Pollock. Así, conjuga el pasado con expresiones contemporáneas del arte, incluso donde no dejan de  percibirse  manifiestas resonancias cubistas. No resulta extraño este panorama de influencia externa. Recordemos que además de años de labor docente, más su presencia en el mayo del 68 francés –donde realizó estudios de especialidad y participó activamente de la revuelta– lo mantuvieron vinculado a corrientes y artistas de vanguardia. De ahí que su mirada hacia afuera sea diversa y termine conjugándose con su mirada de adentro.

Medina ha experimentado con otros géneros plásticos como la acuarela, el grabado, el esmalte, la escultura, el dibujo. Ha ensayado en diferentes materiales como la cerámica, la chatarra e inclusive el hueso. Creó, además, constructos propios y atípicos bajo el marbete de “ocurrencias”, mediante las que remonta su propio estilo apostando por la experimentación con atisbos naif. La exploración del arte naipe ha desplegado obras que desafían una mirada plural, convocando diferentes perspectivas de lectura, desde una composición polivalente del espacio pictórico.

Un paseo atento por la obra de Medina permite percibir, más que fases, una incesante búsqueda de formas expresivas; es decir, libertad de desplazamiento entre diferentes alternativas plásticas. Si el leitmotiv temático es más o menos estable, no lo son los géneros, técnicas, cromáticas y uso de materiales; en cada uno de ellos el artista indaga, reinventa, genera coaliciones imprevisibles. Tanto son útiles un trajinado periódico, una madera deshechada, el afiche que es objeto de un re-make, como la escultura labrada en hueso. De este modo, parte fundamental de su lenguaje plástico es producto de una búsqueda heterodoxa, lo que revela una actitud abierta y de permanente experimentación creativa.  

La obra del pintor orureño Alberto Medina Mendieta es extensa como intensa. Es una obra que traduce una búsqueda incesante, una obra en la que es posible mirar el país, sus rostros, sus zonas trágicas y luminosas. También es un lenguaje que no se detiene en irnos revelando la complejidad que somos, el espíritu que nos habita. 

La libertad es condena

Hand drawing illustration of freedom concept

Gonzalo Lema

No deja de hacerse continuamente el hombre. Es una proyección sin límite que, por ejemplo, lo diferencia del musgo. El hombre es cuanto sin descanso proyecta ser. Ponge lo explica de buena manera: “El hombre es el porvenir del hombre”. Sartre desarrolla esta idea que bien podemos asumir como verdad: “El hombre es el único ser vivo que no solo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere después de alcanzar la existencia. Él no es otra cosa que lo que él se hace”. El humanismo existencialista descree de la tesis de Dios y asume el desamparo como marco referencial dentro del cual vivimos y morimos.  

A Jean Paul Sartre y su generación les tocó vivir la pesadilla de las dos guerras mundiales, tragedia sin parangón. Su filosofía y su literatura (novelas: La náusea, Los caminos de la libertad) se caracterizan por cierto sin-sentido y magnífica lucidez. El desarrollo del existencialismo arranca, en gran medida debido a esas experiencias, del concepto de desamparo. No hay, se dice, nadie por sobre el hombre. El hombre está determinado por las épocas y cambia su mentalidad de manera permanente. No responde a designios, sino a decisiones propias: es su propio legislador. Es, ya dijimos, su propio porvenir.

Al hombre también lo acompaña siempre la angustia. “Aún cuando la angustia se enmascare, aparece”, dice Kierkegaard. En los religiosos, la angustia se confunde con el éxtasis; en los poetas, con la inspiración o el trance. Vivimos angustiados y seguramente dañados del corazón. Según la filosofía existencialista se debe a la condena de ser libres. Reitero: nadie nos gobierna. Nosotros vivimos las consecuencias de nuestras decisiones. Somos lo que quisimos y queremos ser, en este siglo o en cualquier otro. No respondemos a una naturaleza humana, sí a las condiciones de época. Pero, ¿por qué la libertad es una condena? Porque no se ha creado a sí misma, y porque, una vez alcanzada la existencia, el hombre es responsable de todo lo que hace. El hombre es dueño de su vida, constructor de su destino.

Está en boca de todos el cogito cartesiano: “Pienso, luego existo”. Es cierto y forma parte, en buena medida, de la comprensión de la gente. Con la excepción del hombre, todo lo demás existe sin pensarse. El musgo es un buen ejemplo. El hombre piensa y existe; pero, además, al pensar existen los demás y todo lo que pensamos. Es, sencillamente, extraordinario. “Para obtener una verdad cualquiera sobre mí, es necesario que pase por el otro”, dice Sartre. El otro que nos da plena existencia, dice la poesía. Así, quien se capta por el cogito descubre también a los demás. Más aún: los descubre como la condición de su existencia. La teoría del cogito de Descartes tiene la virtud de otorgar dignidad al hombre: no lo convierte en objeto. Es libre, es responsable de su vida. También su culpable.

El hombre se hace. No está todo hecho desde el principio. Se hace al elegir su moral y, la presión de las circunstancias es tal que no puede dejar de elegir siempre una. Lo que dice el existencialismo es que “el cobarde se hace cobarde, el héroe se hace héroe. Para ambos existe la posibilidad de dejar de serlo”. Somos nuestros hacedores. Bajo estas reales condiciones se desarrolla la vida sin cesar. Por eso nos acompaña la angustia. La libertad y el desamparo caminan delante de nosotros tomados de la mano. Nosotros y el mundo; nosotros y el universo. Así, el existencialismo se aferra a la idea de una naturaleza humana no orgullosa de sí misma; más que naturaleza, de una condición cambiante, temerosa, incierta y desesperada. Albert Camus, de tantos seguidores, dice que “la condición humana es absurda y el mundo es indiferente a nuestra necesidad de sentido”. Yo, desde mi agujero, le doy la razón.

Pero en todo proyecto hay universalidad. El proyecto de un hombre es de millones. El sin-sentido de la existencia –“una burla desde que existe la muerte” (Camus) –, se diluye cuando este mismo hombre apesadumbrado descubre la solidaridad, el acompañamiento y el bienestar general. En ese momento su vida cobra sentido. El servicio a los demás, a su tiempo y su contexto, llena su vida y hasta la realiza y aleja de la frustración.

“En clases de filosofía se acepta debilitar un pensamiento para hacer que se comprenda, y esto no es tan malo”, explica Sartre. La filosofía del existencialismo, de ese modo, logró divulgarse hasta nuestros días.

“Lo más importante que tenemos los bolivianos: ¡la cultura!”

Mario Molina Guzmán

“…cumpliendo nuestra promesa ante el pueblo boliviano, restituimos el Ministerio de Culturas (…) dar espacio a lo más importante que tenemos los bolivianos: ¡La Cultura!”

 (Luis Arce, discurso de posesión de Sabina Orellana, 20-11-2020)

Parecía que el tormentoso desmantelamiento y desaparición del Ministerio de Culturas y Turismo (por ser un gasto absurdo, según Jeanine Añez), había llegado a su fin. Esperanzas de mejores días entibiaron los espíritus y las ilusiones.

Pero, ¿qué hubo antes? ¿Cuál es el balance de 14 años de gestión gubernamental y 10 desde la instauración del Ministerio de Culturas y Turismo durante el gobierno de Evo Morales? Ejercieron cinco ministras(os); el período continuo más largo alcanza a dos años y nueve meses, el más corto solo a un año y 11 meses; en suma, una gestión altamente volátil y discontinua operativamente, con extravíos inexplicables en la gestión al punto de centrarse en patrocinar deportes motorizados durante varios años.

La prioridad debió haber sido abordar la Ley de Culturas, motor del propio ministerio, para definir el corpus ontológico y estructural de la cartera llamada a garantizar el uso, goce y disfrute de los nóveles “derechos humanos culturales –que llegaron para quedarse con la Constitución Política de 2009–; después de 12 años, es una tarea que sigue pendiente. 

No cabe duda de que la CPE vigente marca un punto de inflexión en la dogmática constitucional boliviana; en materia de cultura, es fundacional: crea, declara y expande sus alcances a ámbitos otrora impensados: los mundos geográficos distintos de la ruralidad y los complejos universos urbanos, las regionalidades, multiculturalidad,  multilingüismo, multiidentidad, plurinacionalidad, multietnicidad, género, segmentos etarios; factores todos que deben engranar operativamente en los niveles nacional, subnacionales y autónomos en una sociedad en que la autoafirmación es un imperativo existencial, frente y en medio de la aldea global, con los desafíos, amenazas y oportunidades que entraña la jungla posmoderna.

En paralelo y desamparo, el flujo de las energías creativas de tan diverso conglomerado, encuentra canales de expresión en manifestaciones culturales múltiples y heterogéneas por medio de urdiembres pretéritas, soportes físicos y virtuales, técnicas, disciplinas, artes, lenguajes y formas inagotables, en permanente creación y búsquedas. Lo expresado, aderezado con aromas y sabores aprehendidos junto con las palabras en el sosiego del regazo materno. 

En contrapartida, el mandato del poder constituyente originario nos ha provisto de un concepto holístico de cultura; amplio, cimentado en visiones y categorías antropológicas. El giro trascendental se opera con la entronización de la cultura en el olimpo de los derechos humanos. ¡Qué cambio! Qué inmenso desafío para repensar en una nueva ingeniería del Ministerio de Culturas, apto para garantizar el uso goce y disfrute de los derechos culturales de todos y todas las bolivianas. El derecho a la vida es la piedra angular hacia donde confluye todo el entramado de los DDHH; los derechos culturales, a partir del específico ethos de pertenencia, es el “cómo quiero vivir”.

Por esta su condición de derecho humano de la cultura, el Estado está constitucionalmente obligado a programar presupuestos suficientes y garantizar desembolsos oportunos, ¡sin ninguna condicionalidad previa! Exactamente igual que el derecho a la salud, al agua o la educación. ¿Existe la voluntad política para hacerlo, ahora?

Resulta pertinente auscultar si el restituido Ministerio de Culturas tiene la estructura adecuada para iniciar, desarrollar y conducir los procesos pendientes desde 2009. ¿Por dónde comenzar? El solo ejercicio de construcción de una ficha esquemática de un futuro proyecto de ley general o marco de culturas pondría sobre el tapete de análisis el complejo entramado de categorías, conceptos, proyectivas de políticas, planes y programas; instrumentos de control, seguimiento y evaluación; definición de políticas sectoriales, competencias y coordinación y, un prolongado etc.

Miremos el ámbito subnacional: de los 340 municipios y autonomías indígenas que tiene Bolivia, solo tres (menos del 1%): La Paz, Sucre y Santa Cruz, han aprobado su respectiva Ley de Culturas que aún no cuentan con reglamentos; y no hay visos para descentralizar la gestión. Es una consecuencia refleja y ha resultado más perniciosa de lo imaginable. ¡Estamos en alta mar más de una década, sin carta de navegación, astrolabio, brújula, ni rumbo definido!  

En los ámbitos urbanos, el macromundo artístico ha sido diezmado por la pandemia; pero duele comprobar que más que por la pandemia, es por la inexistencia de políticas públicas culturales; entiéndase como reglas claras que eviten recortes, disminución de ítems, anulación de programas, incumplimiento de contratos, hasta el inverosímil incumplimiento de pago de premios otorgados (vulgar estafa). Es una situación que produce desempleo, pérdida de puestos laborales, talleres en silencio, abandono de sueños y proyectos de vida. Quítale al ser humano sueños e ilusiones… ¿Qué queda?

Estamos enfrentando un proceso de depauperación del sector que se está desconfigurando peligrosamente. Son demasiados talentos eximios que están sobreviviendo enajenados de su vocación. ¿Quién llena ese vacío del capital social que permite reproducir el ethos de la patria?

El 12 de marzo pasado renunció Cergio Prudencio Bilbao al cargo de viceministro de Interculturalidad, cartera responsable de generar y conducir, entre otras, políticas para las manifestaciones culturales. Expuso que su despacho “…quedó sin margen institucional de operaciones efectivas, con recursos humanos insuficientes y carentes de infraestructura adecuada…”.  Es tiempo de que el Ministerio de Culturas deje de ser una decoración de utilería. El discurso presidencial del pasado 20 de noviembre fijó objetivos inmediatos, ¿se habrá movido algo? Hasta aquí, en cuanto a culturas, paradojal pero evidente, es que estamos frente a un Estado estupefacto ante a su propia Constitución.

La falta de racionalismo en la vida social boliviana

H. C. F.  Mansilla

La carencia de valores racionales de orientación en la Bolivia contemporánea puede ser rastreada mediante el análisis de aquel estrato pensante que afirma ser el depositario de la razón histórica.

Muchos intelectuales de izquierda, en todas sus formas de manifestación, están todavía contra un orden social abierto, moderno y pluralista. Como dijo en una entrevista el destacado historiador mexicano Enrique Krauze, estos intelectuales se parecen mucho a los obispos católicos del siglo XIX: son provincianos y pueblerinos, y también dogmáticos, arrogantes y se creen los únicos depositarios de la verdad histórica. Aquí está el principal problema de las fuerzas de izquierda en su configuración actual: no son conscientes de los peligros y las consecuencias que entraña un orden autoritario. A los intelectuales progresistas les falta igualmente la virtud de la ironía que es, entre otras cosas, la capacidad de cuestionar las convicciones propias más profundas y verse a sí mismos con algo de distancia crítica. Y, como agrega Krauze, el populismo levanta alas cuando “los más lúcidos renuncian a decir la verdad por miedo a ser impopulares”.

Para la mayoría de nuestros intelectuales de izquierda no ha existido el totalitarismo de la Unión Soviética bajo Stalin o de China en la época de la Revolución Cultural. Ellos prefieren ignorar asuntos como Cambodia bajo Pol Pot, Corea del Norte desde la instauración de la dinastía Kim o Cuba durante los gobiernos de los hermanos Castro. Los intelectuales progresistas no quieren percatarse de que a menudo los regímenes izquierdistas y populistas han resultado ser un remedio peor que la enfermedad socio-histórica que pretendían curar.

Se puede afirmar, con cierta cautela, que en Bolivia los intelectuales no se interesan efectivamente por los derechos de terceros, por los problemas del medioambiente o por una educación moderna, racionalista y democrática. La crítica de las izquierdas es indispensable porque a través de este esfuerzo podemos acercarnos a comprender la magnitud y la intensidad de la cultura política autoritaria que lamentablemente todavía predomina en el país. La crónica de los últimos años en Bolivia nos ha recordado la vigorosa persistencia de valores tradicionales que van desde el machismo cotidiano hasta la irracionalidad en las altas esferas burocráticas. Las consecuencias son muy variadas: la pervivencia de una burocracia muy inflada y poco productiva, el saqueo irracional de los bosques y de otros ecosistemas naturales, la improvisación en todos los ámbitos y el pensar permanente en el corto plazo. Un ejemplo elocuente de esto último es el reparto de los parques nacionales a favor de agentes inescrupulosos que siempre tienen buenos contactos en la burocracia estatal. En el campo gubernamental la preocupación por la conservación del entorno natural a largo plazo ha mostrado ser mera retórica, y esto en todos los gobiernos.

Hay que señalar que la mayoría de los feminicidios ocurren precisamente en la Bolivia premoderna. Se trata, por supuesto, de un tema incómodo, y por ello muy interesante para una discusión teórica. Igualmente incómoda resulta la aseveración siguiente. Los sucesos de los últimos tiempos nos señalan claramente que una buena parte de la población boliviana es reacia a comprender concepciones abstractas como el distanciamiento social en ocasión de pandemias, los derechos de terceros, el pluralismo cultural, el Estado de derecho y el pensar en el largo plazo. Son fenómenos asociados al racionalismo, tendencia teórica y social que fue muy escasa en la época colonial y que no ha sido aclimatada adecuadamente durante la república. El sistema escolar, las tradiciones populares y hasta los intelectuales más ilustres promueven un modelo civilizatorio basado en los sentimientos, las emociones y las intuiciones, que puede ser muy fructífero en el campo cultural y en la vida familiar, pero que es anacrónico y hasta peligroso en las esferas política y económica.

La inmensa mayoría de la nación boliviana no es, por supuesto, partidaria explícita del autoritarismo y de la irracionalidad sociopolítica. En el ambiente familiar y local ha desarrollado valiosas normativas de orden ético congruentes con principios racionales, que, lamentablemente, no son extendidos al conjunto de la sociedad y menos a la esfera política. El potencial antidemocrático y antipluralista, por lo tanto, sigue siendo alto porque el culto de los sentimientos y las emociones colectivas y el desdén del racionalismo político permanecen como predominantes. Esto se percibe claramente en la incomprensión de concepciones abstractas como distanciamiento social (en el tiempo de la pandemia del coronavirus), derechos de terceros, pluralismo ideológico y cultural de parte de dilatados sectores de la nación.

Insisto en debatir esta temática porque nos muestra lo difícil que es para la mentalidad tradicional boliviana el pensar racionalmente y a largo plazo. Por ello creo que la gravedad de la situación a largo plazo, dependiente de la conjunción del crecimiento demográfico con una utilización abusiva de nuestros fundamentos y recursos naturales, no es comprendida en toda su magnitud e intensidad por la mentalidad tradicional de la mayoría de la población, ni tampoco por los círculos políticos hoy prevalecientes ni por los intelectuales que podrían influir sobre la opinión pública. Como los síntomas actuales son de un empeoramiento progresivo, pero no dramático de las condiciones ecológicas, existe el peligro de que los gobiernos implementen medidas serias para salvaguardar el medioambiente cuando ya sea demasiado tarde. Los factores tiempo, irreversibilidad, acumulación cuantitativa de hechos que repentinamente originan una nueva calidad, representan lamentablemente elementos de juicio que están fuera del pensamiento pragmático, utilitario y centrado en el corto plazo que prevalece aún en la mayoría de la sociedad boliviana.

Estos argumentos y, en general, los postulados pro-ecológicos apuntan a un plano racional, mientras que las ansias de crecimiento y progreso materiales tienen que ver primordialmente con el nivel preconsciente y emotivo de la mentalidad colectiva. Ninguna sociedad renunciará a edificar instalaciones industriales que brinden trabajo, ingresos y adelantamiento económico si alguien demuestra que a largo plazo ellas conllevarán daños para los nietos. Primero viene la satisfacción de los anhelos urgentes y de los profundos, mucho después la reflexión sobre las consecuencias de nuestros actos. Además, poquísimas personas están (y estarán) dispuestas a poner en cuestión las bondades aparentes de la industrialización, la agricultura intensiva y la modernización, pues estas actividades encarnan los esfuerzos sistemáticos y los éxitos indiscutibles de varias generaciones. Al hombre normal no se le pasa por la cabeza que las labores más esmeradas y tecnificadas de buena parte de la humanidad vayan a ser en el futuro las causantes de estragos irreparables.

La mentalidad tradicional sigue vinculada a los sentimientos colectivos y a las emociones profundas, sentimientos y emociones que tienen mayoritariamente una opinión despectiva con respecto a los análisis racionales; por ello rara vez intentan comprender el campo discursivo del adversario. Como se sabe, el peligro inherente a las emociones, a las intuiciones y la mística en el terreno cultural es el surgimiento de élites privilegiadas de iluminados que interpretan la realidad –siempre complicada, plural y opaca– en nombre de las masas. Los sentimientos son extremadamente importantes en la vida íntima de las personas, pero cuando son transferidos al campo político se exponen con relativa facilidad a ser manipulados por los expertos en cuestiones públicas. Es la eterna repetición de lo ya conocido y experimentado.

Poemas de Silvia Siller

Silvia Siller Poeta mexicana radicada en Nueva York. Ha publicado los libros de poemas: De Mariposas y Mantis (2013), Madrugada No. 5 (2015), Tandava con Edgar Smith (2018), Danza de cuatro brazos (2019) y La granada ebria (2019).

I. Granada ebria del Edén

Caricia de yemas sobre fruta rosada, uñas intrusas desvenan tus enredos por la savia de los granates.  Quedan mis manos todas pinceladas de tinta carmín. Lamemos el jugo de dioses, huele a claveles que mal entendieron al árbol de la vida y dejaron sus pétalos caer. Granada ebria, granada mística, nos embadurnamos de tu elixir rojo, tinta indeleble que no nos deja mentir en la apertura de los labios del mundo.

II. Amputación

Amputar lenguas para no perturbar la neutralidad del otoño. Rebanar dedos para no escribir el crujido de hojas quebradizas que serán añicos, para no desentrañar más las luces del crepúsculo que parieron escombros que arden en el hielo.

El búho

El búho llama
asomo mi cabeza a la ventana,
juego a la desgarradura
de cobardía
con una pizca de sal
y una pimienta gorda
todo sigue hirviendo

en el ajo
de la espada

Ejercicio de manuscrito automático

Apareció el grito de la noche
dijo que ya todo está escrito
Y los colibríes siguen buscando los colores
mientras en tu sien reposa la biblioteca de Alejandría.

Si, es la resaca del tiempo la que me cobija,
y aparecen alaridos
vociferan que ya todo está escrito
y que Dios se aburre,
que los poetas se atoraron en los trueques de palabras,
que se desmoronaron los minerales de los filtros de los ríos,
donde mueren los peces.

Cada arroyo tiene su lenguaje de campana,
cada hierba insectos que buscan en la grama
cómo distinguir las catarinas.
Ya los labios del humus de la tierra
succionan los desechos
Ya alimentamos podredumbre
y dimos de comer hierro y hiel
a la ternura de los venados.

Hoy

Se abren las letras cual ventanas
que dan a un terreno baldío,
al barranco de siempre
donde reina la intemperie.

Madrugada

Abrirse a la madrugada,
con todos los poros,
y palpar la textura de su ojal
por donde se deslizan brochazos
que trazaron el último impulso,
de la noche pasada
para estrangular el hierro de las armas
y ese último olor a polución.
Es un rito,
bosque de noche,
una música como hallazgo entre ramas,
el susurrar del cielo que nos devuelve la fe,
aunque fecundada de espectros.
Se exorciza un veneno
que se multiplica en la carne,
desde el aceite de las flores

Todo es posible al principio del sendero,
se esparcen las tinieblas vaginales,
y nace el sol.

Receta de invierno

Derrite primero el hielo,
recoge la piedra,
como palabra entumecida por la nieve
y la arrastras

Entierra el gato que maulló perdones
y se revolcó mientras ponderaba
guardemos el ronroneo para nunca
que es igual que para siempre

Y suelta de una vez la guillotina:
que salpique tu rostro
toda la sangre del silencio

A+P = X

Álgebra indescifrable. Llenamos de candados el alfabeto de la noche tras la estampida, tras el cierre de puertas, tras la llave engullida.
Hicimos de silencio la muralla, pero no advertiste la aridez de tu boca, que aunque calle la lluvia desea el agua.
Hay hilos invisibles en las marionetas del aura. Fue un conjuro de vientos o de astrología, un aliento impregnado al sudor de la memoria.
Embrujo temido que callan los labios, y divulga la luz del ámbar y el zafiro.
El abrazo pulsó la despedida, de dos lumbres separadas,
sin que el fuego o el agua se rindan…
Acaso se sacude el vapor de polvo y se esconde la quimera
bajo la alfombra.


Los poemas de Siller nombran las cosas con una contundencia peculiar no excenta de lirismo. Son revelaciones que el poema oferente abre al lector como si accionara los secretos mecanismos de la dimensión real de las cosas. Leerla es ser partícipe de un rito de paso, ese momento cargado de sentido que marca el ingreso certero y definitorio al corazón mismo de las verdades reveladas. Silvia es profesora de Lehman College, la universidad pública de Nueva York (CUNY). Fue finalista del concurso Entreversos (2017) de Venezuela con su poemario Los cuatro brazos de Shiva publicado por Nueva York Poetry Press. Su obra ha sido reconocida en el International Latino Book Award 2015 y 2016. Recibió el premio G. Mistral, J. Burgos y F. Kahlo otorgado por el grupo Galo Plaza en Nueva York por su contribución a la cultura latinoamericana en Nueva York en 2015. Ha producido teatro- flamenco con poesía. Es anfitriona del programa de radio “ Diálogos culturales con Silvia Siller “ transmitido los domingos por Callevieja Radio.

Lengua de Urucú

Carolina Rivero Bruno / Sandra Concepción Velasco

El colectivo Lengua de Urucú se conformó en diciembre de 2018 e inició actividades de manera sostenible desde enero de 2019. Las fundadoras son Carolina Rivero Bruno (Caribrú); Nelly Vázquez Jiménez; Sandra Concepción Velasco, Lucía Carvalho Sandoval y Alejandra Barbery.

Desde el comienzo existió la convicción por tratar temas sociales que vincularan nuestras realidades: creamos una protesta desde el arte a través del performance, la música y la literatura; creamos un espacio de mujeres para mujeres y decidimos trabajar desde la #sororidad.

El primer paso fue realizar lecturas performáticas. Dimos un giro a las presentaciones habituales de poesía con la participación de Alejandra Barbery, Valeria Sandy, Janaina Prates, Pau Poma, Marina Bel, Lucía Carvalho, Nelly Vázquez, Sandra Concepción Velasco y Caribrú. El segundo paso fue crear la primera editorial de plaquettes de Bolivia, debido a la escasez de editoriales y a que las pocas existentes argumentan que “la poesía no vende y mucho menos si es de mujeres”.

Organizamos un Encuentro binacional de poesía feminista junto a las escritoras de Chile Rosa Emilia del Pilar Alcayaga Toro, Fanny Campos Espinoza, Nicole Pino Gómez, Rosy Saenz Núñez, de Editorial Punto G; y por Bolivia: Ana Medinacelli, Gigia Talarico, Joana Vittoria, Marina Bel, Alis Rioja, María Claudia Ardaya, Nicole Bishop, entre otras urucusas.

También realizamos conversatorios sobre política, democracia y feminismo, en un ciclo llamado “Mujeres debaten” donde contamos con la participación de Carol Gainsborg, María Teresa Rojas y Claudia Vaca.

Primera colección

Las editoras de la primera colección, que data de 2019 y está agotada, fueron Alejandra Barbery y Nelly Vázquez. Publicaron:  Ansietty, Nicole Bishop; Calavera, Alejandra Barbery; Cartas para Anna, Lauren Pardo; Cuerva, Nelly Vazquez; Fragmentaria, Janaina Parates; Manantial Inexplorado, Yasiretay; Mezcolanza, Marina Bel y  Por culpa de Eva, Alis Rioja.

Para lanzar nuestra segunda colección, la pandemia no fue excusa. La presentación fue en la Feria del Libro de Santa Cruz. en diciembre de 2020. Los editores fueron Sandra Concepción Velasco y Leonardo Gael Prieto; el diseño estuvo a cargo de Caribrú. Los libros publicados fueron: Aurora, Mariela Ardaya; Daleada, Ladeada, Dale/Hada, Carolina Rivero (Caribrú); El Teclado y alguna de las que fui, Yei Siles; Luna Negra, M. Teresa Zabala Barriga; Las que habito, Natalia Villarroel; Tormenta Intensa, Claudia Delgado.

Hasta la fecha hemos publicado solo poesía, pero nuestra piedra fundamental es el protagonismo equitativo: evitamos encasillamientos, estereotipos y roles de género predefinidos, otorgamos un espacio para la voz de las mujeres reales, plurales, contestatarias, mujeres inquietas. Al inicio (2019-2020) no contábamos con una estructura definida de los criterios editoriales: aceptábamos los trabajos sin edición alguna, pero pronto comprendimos que debíamos generar un espacio para las voces nóveles femeninas sin restricción alguna. Ahora ya tenemos la cancha marcada y una convocatoria abierta llamada “Combustión Incompleta” (solicitar las bases al correo: colectivoleguadeurucu@gmail).

Nuestro público objetivo son personas que deseen conectarse con su lado femenino, ese espacio de energía armónica creadora, ese sentir profundo, esa voz que habla de lo cotidiano desde una perspectiva diferente. El desafío está en llegar al público lector con una colección donde reina lo plural. Hasta el momento lo hemos logrado y nos seguimos sorprendiendo tras 14 libros, todos ellos un reto.

Actividades

A mediados de 2020 iniciamos otro espacio para nuestras hermanas músicas: Música de Urucú, un lugar donde se compone desde la perspectiva de mujer y se crea canciones con sentido. El grupo es diverso en géneros musicales y nos apoyamos sororamente realizando ensambles y talleres, como el de Percusión corporal, a cargo de María Fernanda García y el de Lectura musical, a cargo de Mayarí Romero.

Debido a la pandemia las reuniones presenciales se interrumpieron, pero seguimos construyendo y nos apoyamos en los proyectos personales y presentaciones.

Actualmente Lengua de Urucú está trabajando el proyecto Camino a casa del Plan Internacional con líderes jóvenes en los municipios de Ascensión de Guarayos, San Ramón, Cotoca y Distrito 6, mediante el cual la narrativa y la poesía serán canales de prevención y concientización contra la Trata y Tráfico de Personas.

Con el proyecto #semilladeurucú pudimos conectarnos con hermanas de ocho departamentos, nos falta Pando y aprovechamos este espacio para decir que las puertas están abiertas a la espera de una hermana pandina que desee usar la plataforma para mostrar su arte. Para nosotras es un orgullo haber servido para visibilizar la poesía en guaraní de nuestras hermanas en la comunidad de Charagua. No queremos parar, tenemos un mundo de posibilidades, estamos iniciando. A corto plazo lanzaremos nuestra página web, estamos trabajando en la convocatoria para 2021; en un mediano plazo queremos fortalecer Música Urucú, publicar narrativa, ensayos y críticas literarias; en el largo plazo creemos que lo vivido este tiempo en el mundo es una voz que aún estamos descifrando; estamos aprendiendo a vivir en un presente continuo y seguro de esta experiencia va a salir mucho.

Las posibilidades del cuerpo

Una lectura de Tierra fresca de su tumba, el libro de cuentos con el que la boliviana Giovanna Rivero impacta a lectores y críticos de todo el mundo.

Martín Zelaya

Los dos primeros cuentos. i) Una adolescente menonita violada y embarazada es estigmatizada por su comunidad que, en cambio, exime al agresor porque “el diablo tomó su cuerpo”. ii) Dos pescadores naufragan, el más joven muere y el otro encara a la madre doliente durante una sórdida comida.

La bestialidad en sus diferentes acepciones. i) Sentir que algo/alguien crece en tu cuerpo, sin apenas entender por qué: “…[d]el bulto vivo que le come la juventud desde dentro” (27). El horror de la violencia total: sexual, física, social, religiosa. ii) Masticar una tortilla tras otra mientras la mente repasa la interminable angustia y vislumbra el final. “El hambre expandiéndose por dentro como un globo de helio, un animal hecho de vacío, un animal ciego que le quema las tripas, que lo cubre de miseria…” (43).

Y poco a poco empezar a entender de qué trata todo. i) La fisiología, el sexo; el mundo, la vida fuera del “domo” y la ficción menonita. ii) Que el naufragio verdadero es la realidad espantosa de la gente y la sociedad.

Tres ejes y más

“La mansedumbre” y “Pez, tortuga, buitre”. Con estos dos cuentos –acaso los más intensos– arranca Tierra fresca de su tumba (El Cuervo, 2021) el más reciente libro de Giovanna Rivero. Dolor y trauma es, sin duda, uno de los ejes que trasciende a estos relatos y a todo el conjunto. Y es que este libro de cuentos –con numerosas ediciones en varios países, así como una unánime crítica positiva– explora en diferentes niveles y desde variadas perspectivas el cuerpo y lo corpóreo (segundo eje, acaso el esencial), desde su vulnerabilidad, desde sus más extremas posibilidades. La memoria, el olvido –dos caras de una moneda que a veces se funden y contraponen– y el destino, en una acepción de inevitable fatalidad, conforman otro de los hilos conductores (tercer eje).

«La señora Keiko siente que su corazón se ha transformado en una máquina llena de aspas, de esas que su padre adquirió cuando iniciaron la fábrica de fideos. Aspas que terminarán descuartizando los órganos que acusan su dolor: el corazón, el estómago, los pulmones, los ovarios. Todo aquello que tiene que ver con amar, poseer, respirar, entender y perdonar» (95-96).

El anterior es un fragmento de “Cuando llueve parece humano”. Una japonesa subsiste su vejez en Santa Cruz recordando su infancia en una colonia rural, añorando a su difunto esposo, cultivando su jardín y enseñando origami en un penal de mujeres. La llegada de una joven inquilina ligada a su pasado rompe cualquier decurso natural posible en una aparente historia común de senectud. Armar figuras de papel y sembrar compulsivamente, como única posibilidad –vana, por cierto– de prolongar la vida; o incluso de materializarla en una etapa en que ya solo se dura más que vivir. ¿Acabaremos todos aferrándonos a una única vía soportable rumbo al destino? Memoria / olvido: ¿será que no nos queda más, llegado cierto momento, que resignarnos a que el pasado sea lo único que nos quede?

“Los sueños, las fantasías y los recuerdos son parte de esta única riqueza que poseo y es inevitable que en ocasiones los mezcle, sin que por ello yo me considere una persona insensata. Es que esas irradiaciones del ánima son muy diferentes entre sí…” (143), narra la protagonista de “Piel de asno”, el quinto relato del libro.

Recuerdo es muchas veces trauma. Y el trauma, muchas veces –sino todas– se encarna, se corporiza. Giovanna construye un organismo hecho de historias, imágenes, epifanías: lo corpóreo desde la pasión y obsesión narrativas; lo sensorial-sentimental que se corporiza: “…y sintió que el pecho se le oprimía, aunque la inquietó no saber por qué. Si era ternura o admiración, si temblaba de vejez o de emoción, si era un deslumbramiento tan distinto a todo que el mundo dejaría de ser lo que había conocido” (93), volviendo a “Cuando llueve…”.

Lo corpóreo mecanizado y llevado al límite: “Si me preguntaran a mí, diría que ‘terapia’ significa en este y todos los idiomas: ‘sacar la mierda’, ‘comer excremento’, ‘ordeñar la putrefacción’” (114), se lee en el cuarto texto “Socorro”. En este punto, no se puede evitar un enlace con Los errantes (Anagrama, 2019) de Olga Tokarczuk, la escritora polaca ganadora, en 2019, del Premio Nobel de Literatura 2018:

«Cada parte del cuerpo merece un sitio en la memoria. Cada cuerpo humano, la perdurabilidad. Es un escándalo que sea tan frágil y delicado. Es un escándalo que se lo deje pudrir bajo tierra o ser pasto de las llamas, que se lo queme como se hace con la basura. Si del doctor Blau dependiera, habría creado el mundo de manera diferente: el alma podría ser mortal, al fin y al cabo ¿qué provecho sacamos de ella?, no así el cuerpo, este debiera ser inmortal». (Tokarczuk, 2019: 127).

Giovanna Rivero.

El cuerpo ultrajado, violentado. Lo corpóreo en todas sus dimensiones y desafíos. Lo extremo de lo físico ante los límites de lo mental: “En uno de los sueños mamá aparecía sacudiéndose del vestido la tierra fresca de su tumba y las vetas de cenizas, sus propias cenizas, de su pelo negrísimo” (173). En los límites, además, de la vida y la muerte: la tía ebria que “hacía lo posible por no sacarnos el cuerpo” (151), en un guiño a Jaime Saenz.

Estas dos últimas escenas son de “Piel de asno”: tras la muerte de sus padres, dos niños bolivianos se van a vivir a Canadá con su tía alcohólica. Con el paso del tiempo, el mayor descubre su homosexualidad y la menor un desorden glandular que la condena a la obesidad y la demencia que apenas mantiene a raya con terapias de grupo y góspel. La fatalidad, a veces, se lleva en la sangre y parece inevitable, a pesar de la lucha férrea contra el mal predestinado.

Finalmente, el sexto y último cuento, “Hermano ciervo”, presenta a un matrimonio de bolivianos en EEUU. Él se alquila para experimentos médicos; a ella le carcome la culpa. El cadáver de un ciervo se pudre en el ingreso a su casa ante su imperturbable desidia. Autoexplotación. Las posibilidades del cuerpo llevadas al extremo. Cuando el “bienestar” no es sinónimo de salud y tranquilidad.

Atmósferas y tiempos

Es interesante también la reflexión de Rivero sobre la extranjería: la de la anciana japonesa-boliviana, la de los menonitas, la pareja de bolivianos migrantes en EEUU y la otra boliviana también radicada en el norte y que vuelve de visita casi como una foránea más, no solo a su país, sino también a su antiguo hogar. El choque cultural, el desarraigo –sobre todo interno– de los extranjeros que, aunque asumidos, nunca dejan de tener algo de marginales. Pero también la extranjería como concepto general: uno puede ser extranjero de sí mismo; de su cuerpo, de su vida.

Deteniéndonos brevemente en lo formal-estructural, la autora cruceña maneja muy bien la atmósfera que late y persiste a lo largo del libro, emanando inquietud, desesperación…pero en ningún momento instando a parar, sino todo lo contrario. Y esto por la maestría en el manejo de los “tiempos” y “momentos”, tanto aquellas fases internas por las que transcurren los protagonistas mientras avanzan los sucesos, como el desarrollo cronológico de la acción.

En “Socorro”, una mujer vuelve a Santa Cruz tras muchos años en EEUU. En todo momento, desde la primera voz que sostiene el relato, se percibe que hay un gran secreto que amenaza con salir a flote. Hasta que la protagonista entiende, finalmente, que por nada del mundo podrá librarse de la herencia maldita del pasado: la locura que, como se da cuenta al borde del horror, sobrevivirá incluso al tiempo de sus hijos.

A veces el tiempo –parecen remarcar más de uno de estos relatos– solo matiza, pero no evita lo trascendente, lo que determina vidas y destinos. El desenlace que uno se traza mientras avanza en el vivir –o que ya está trazado sin sernos dado intervenir, para quienes lo creen así–, se puede aplacar, aplazar, pero no evitar. La mayoría de los personajes de este libro fracasan en el intento de hacer del tiempo una terapia. Fallan en la lucha por el olvido y se quedan apenas en un desgarrador grito de socorro. La desmemoria es la verdadera utopía.

Gesta Bárbara de Tupiza

Gonzalo Molina Echeverría

Entre las agrupaciones culturales que destacaron a principios del siglo XX en Bolivia está “Gesta Bárbara”, fundada en Potosí en 1918 (junio 16). Esta agrupación artística-literaria participa activamente en el acontecer cultural con Carlos Medinaceli, Arturo Peralta (Juan Cajal, luego Gamaliel Churata), José Enrique Viaña, Alberto Saavedra, Walter Dalence, Armando Alba, Daniel Zambrana, María Gutiérrez de Medinaceli, entre otros. Dio impulso a una corriente generacional, “renovadora y progresista”, para difundirse a otras regiones del país con un espíritu rebelde y bohemio, como una gesta (trascendente y duradero, de grande acción; una hazaña memorable, de influencia perdurable en generaciones posteriores) para despertar de ese estado adormecido, del estado de barbarie en que se hallaban el arte de la poesía, la prosa, la música y la pintura, en el ambiente potosino.

Influidos por esta primera “Gesta Bárbara”, una segunda generación surge en La Paz (1944) y Cochabamba. Por su parte, el profesor, escritor y poeta Hugo Molina Viaña, junto a otros escritores y artistas, organizó esta agrupación en Sucre (1948), Oruro (1949), Santiago de Huata (1950) y Tupiza (1951).

“Gesta Bárbara” de Tupiza[i]

Hace 70 años, un 17 de abril de 1951, Gesta Bárbara de Tupiza fue organizada por el joven profesor Hugo Molina Viaña[ii], en un acto literario denominado “Clarinadas de una Nueva Generación”, inaugurando así sus labores en el Salón de Actos de la H. Alcaldía Municipal.

El programa se desarrolló en dos partes: I. 1. Presentación de la nueva entidad. Lectura de la credencial otorgada por Gesta Bárbara de La Paz; 2. El espíritu de Gesta Bárbara, por el presidente Sr. Hugo Molina Viaña; 3. Fiesta India (Canción nativa), original de Godofredo Barrientos, interpretada por su autor; 4. Mensaje de Gesta Bárbara de Tupiza a la nueva generación boliviana, por la Srta. Cristina Cruz; 5. Lágrimas de amor (vals), original de Godofredo Barrientos, al piano por su autor. II. 1. A mi madre, poesía por su autor, Iván Barrientos; 2. Cantar bohemio (canción), original de Godofredo Barrientos, al piano por su autor; 3. Evocación de Gesta Bárbara de 1918, homenaje a Armando Alba, Alberto Saavedra Nogales, José Enrique Viaña, Carlos Medinaceli, Gamaliel Churata, Walter Dalence; 4. Nostalgias de mi tierra, interpreta su autor, Godofredo Barrientos; 5. Llegó la Primavera, poema por su autor, Raúl Guzmán; 6. Proclamación de Los Caballeros de Gesta Bárbara, por la Srta. Cristina Cruz; 7. Romance del Chorolque y Tupiza, poema por su autor, Sr. Hugo Molina Viaña. Cortina musical.

El surgimiento de Gesta Bárbara de Tupiza es reivindicado por Gamiel Churata como un nuevo signo de vitalidad, y saluda a la nueva agrupación en la impronta de Gesta Bárbara de Potosí que ha “merecido la consagración de generaciones posteriores, como la que hoy en Tupiza renueva el milagro de los mugrones otoñales. ‘Gesta Bárbara’ en la bella tierra de los Chichas afortunadamente constituye un mensaje de juventud /…/. Deseo, pues, para ‘Gesta Bárbara’ de Tupiza un suelo fecundo para la belleza, un ancho río de agua vigetales para la siembra del ideal, un horizonte ilímite, donde el cielo cuaje en rosicleres y alabastros y donde se vea clara la Cruz del Sur que marca el paso de la nave hacia la Vida”

Actividades destacadas

Entre las actividades desarrolladas por la nueva agrupación se pueden mencionar:

1. En un acto literario denominado “Con la luz de las estrellas”, se rindió “Homenaje a Carlos Medinaceli y Walter Dalence” (de Gesta Bárbara de Potosí),el 9 de junio de 1951 en el Salón de Actos de la H. Alcaldía Municipal. El Programa se desarrolló de la siguiente manera: I. 1. Palabras de ofrecimiento por el Presidente de Gesta Bárbara, Hugo Molina Viaña; 2. Número de Música por Godofredo Barrientos; 3. Flores de Inquietud de Juan Capriles, recitación por la Srta. Socorro Salinas; 4. Número de Música por Godofredo Barrientos; 5. Proclamación por la Srta. Betsy Campero. II. Homenaje a Carlos Medinaceli, 1. Lectura del Acta del Jurado Calificador del Concurso convocado en homenaje al escritor Carlos Medinaceli; 2. Número de Música por Godofredo Barrientos; 3. Lectura del trabajo que obtuvo el primer premio, por su autor; 4. Lectura del trabajo que obtuvo el segundo premio, por su autor; 5. Entrega de premios a los que se clasificaron en el Concurso por el Dr. René Cortez y el Sr. Héctor Solares, Caballeros de la entidad. Acta del Jurado Calificador: “Breve estudio sobre la obra de Carlos Medinaceli: La Chascañahui” (Primer Premio, por Tomás Eduardo Rey: Tomás Uzqueda Blacut), “Carlos Medinaceli” (Segundo Premio, por Hijo del Pueblo: Francisco Blacutt), “Carlos Medinaceli” (Trabajo en verso. Mención honrosa, por Hugo García: Paz Nery Nava).

2. Con los auspicios de GBT y “Avanzada Boliviana” de Oruro, se realizó un Acto Académico e inauguración de la “Exposición Pictórica del artista nacional Bernardo Barriga Salinas”, el 12 de junio 1951 en el Salón de Actos de la H. Alcaldía Municipal. El programa se inició con: 1. Himno Nacional; 2. Palabras de presentación por el Presidente de Gesta Bárbara Hugo Molina Viaña; 3. Declamación por la Srta. Socorro Salinas; 4. Número de Música por Godofredo Barrientos; 4. Palabras del presidente de “Avanzada Boliviana”, Juan Guillermo Barrios; 6. Número de Música por Godofredo Barrientos; 7. Presencia Poética de Iván Barrientos; 8. Número de Música por Godofredo Barrientos; 9. Palabras de agradecimiento en representación de “Avanzada Boliviana”; a cargo de Enrique Suaznábar Ochoa; 10. Número de Música; 11. Presentación del artista Bernardo Barriga Salinas, por el. Pdte. de Gesta Bárbara; 12. Inauguración de la Exposición pictórica.

3. Conferencia del Sr. Raúl Guzmán M.: “El Tratado del 20 de octubre de 1904 con Chile”, el 3 de agosto 1951 en el salón de la H. Alcaldía Municipal. Presentación por el Pdte. de Gesta Bárbara, Hugo Molina Viaña.

4. Velada de Gala de los “Primeros Juegos Florales de Tupiza”, el 10 de octubre de 1951 en el Teatro Municipal “Suipacha”. Velada literaria poética que fue ponderada de manera exitosa. La Comisión organizadora estuvo integrada por Hugo Molina Viaña y Berta Cruz; el Mantenedor, Dr. René Cortez V.; el Jurado Calificador lo integraban: Yolanda Bedregal, Alcira Cardona Torrico, Enrique Baldivieso, Jacobo Liberman Z.; y como Invitados especiales: María Gutiérrez de Medinaceli, José Enrique Viaña, Gustavo Medinaceli, Cnl. Federico Diez de Medina.

Programa: Introducción: 1. Himno Nacional; 2. Inauguración del acto por Hugo Molina Viaña; 3. Himno a Tupiza. Juegos Florales (Sesión de Consistorio): 1. Lectura de los documentos del certamen; 2. Presentación de los premiados; 3. Proclamación de la Reina; 4. Desfile de la Corte de Amor; 5. Ingreso y Exaltación de S.M. Doña Rosa Luz I (Rosa Luz Paz Soldán); 6. Discurso del Mantenedor de los Primeros Juegos Florales, Dr. René Cortez V.; 7. Lectura de los poemas premiados; 8. Entrega de la Banda, la Flor Natural, la Violeta de Oro, y el Jazmín de Plata, por S.M. la Reina (primer, segundo y tercer premio); 9. Ofrendas líricas de los poetas premiados a S.M. Rosa Luz I. Sesión de Arte: 1. Minueto de Pederewski, sólo de piano por Víctor Elías López; 2. “Jota”, La Madre del cordero, baile interpretado por las Srtas. Bertha Cruz y Olma Millán, Dirección de la Srta. Beatriz de Méndez; 3. Rapsodia Húngara Nº 2 de Franz Lizt, sólo de piano por Víctor Elías López.

El veredicto del Jurado Calificador fue el siguiente: “La Danza del Fuego” (Primer Premio, Banda del Gay Saber y Flor Nativa, a Tomás Eduardo Rey: Tomás Uzqueda Blacut), “Versos” (Segundo Premio, Violeta de Oro, a Neru: Juan Foret), “Cantar de mi tierra” (Tercer Premio, Jazmín de Plata, a Juan del Valle: Juan Foret).

Cuadernos Literarios

Como tema principal de los Juegos Florales de Tupiza, realizado el 10 de octubre de 1951, Gesta Bárbara de Tupiza editó unos Cuadernos Literarios (Nos. 1 y 2, 1952. Director: HMV). En el acto de inauguración, el Presidente de “Gesta Bárbara”, Hugo Molina Viaña, destacó la celebración por vez primera en Tupiza de este certamen literario, que a través del arte de la poesía, Gesta Bárbara “ha querido estimular o mejor revelar valores, presentándoles un estímulo que les crea una responsabilidad ante la nación, a los jóvenes que se presentan en esta justa”; exaltando la creación poética como una diversidad de corrientes para cantarle a la vida, la belleza y la naturaleza, cuya expresión artística debe fijarse en los valores de nuestra tierra y raza.

Contenido: Editorial, Reynolds y La Fontaine (ensayo) (Guillermo Francovich), La Puna (poema) (Enrique Baldivieso), Gesta Bárbara (saludo) (Gamaliel Churata), Blancas, Rojas (poema) (Yolanda Bedregal), Paradoja, La Pampa (poema) (Carlos Mendizábal Camacho), Sed (poema) (Antonio Ávila Jiménez), Poemas del Lunes (Gustavo Medinaceli), Primeros Juegos Florales de Tupiza, Portada (Jacobo Liberman Z.), Palabras inaugurales en los Juegos Florales de Tupiza (Hugo Molina Viaña), Veredicto del Jurado Calificador, Corte de la Reina, Danza del Fuego (1er. Premio) (Tomás Uzqueda B.), Discurso del Dr. René Cortez V. (Mantenedor de los Juegos), Crónica de la Velada, Adhesiones, Concurso en Homenaje a Carlos Medinaceli, Acta de los Pueblos del Sud[iii].

Notas

1 Conocida como la “La joya bella de Bolivia”, Tupiza es la primera sección municipal y capital de la provincia Sud Chichas, del departamento de Potosí, provincia que fue creada por Decreto de 26 de agosto de 1863 con su capital Tupiza.

2 En Tupiza, Hugo Molina Viaña se desempeñó como profesor de Geografía y de Historia en el Colegio Nacional “Suipacha” (enero-febrero 1951) y luego en la Escuela Fiscal de Niños “7 de noviembre” (marzo 1951-enero 1952), además de Secretario General de la Asociación de Maestros de Chichas. Es autor de la letra del Himno a Tupiza, estrenado el 8 de septiembre de 1951 en el salón de la H. Alcaldía Municipal de Tupiza.

3 En magna Asamblea de representantes de las jurisdicciones municipales y cantonales de las provincias Nor Chichas, Sud Chichas y  Sud Lípez, solicitaron a la Junta Militar de Gobierno la creación de un nuevo departamento con su capital Tupiza (“Acta de pronunciamiento de los pueblos del Sud para la creación de un nuevo departamento”. Tupiza, 4 de septiembre de 1951).


[i] Conocida como la “La joya bella de Bolivia”, Tupiza es la primera sección municipal y capital de la provincia Sud Chichas, del departamento de Potosí, provincia que fue creada por Decreto de 26 de agosto de 1863 con su capital Tupiza.

[ii] En Tupiza, Hugo Molina Viaña se desempeñó como profesor de Geografía y de Historia en el Colegio Nacional “Suipacha” (enero-febrero 1951) y luego en la Escuela Fiscal de Niños “7 de noviembre” (marzo 1951-enero 1952), además de Secretario General de la Asociación de Maestros de Chichas. Es autor de la letra del Himno a Tupiza, estrenado el 8 de septiembre de 1951 en el salón de la H. Alcaldía Municipal de Tupiza.

[iii] En magna Asamblea de representantes de las jurisdicciones municipales y cantonales de las provincias Nor Chichas, Sud Chichas y  Sud Lípez, solicitaron a la Junta Militar de Gobierno la creación de un nuevo departamento con su capital Tupiza (“Acta de pronunciamiento de los pueblos del Sud para la creación de un nuevo departamento”. Tupiza, 4 de septiembre de 1951).

Psicoanálisis y poesía: Edmundo Camargo en el tiempo de la muerte

Rosalba Guzmán Soriano

El siguiente comentario nace a raíz de la lectura de un artículo presentado por María Elena Lora en el espacio “Psicoanálisis y literatura” de la Nueva Escuela Lacaniana, Delegación Cochabamba, que hace un paralelismo entre psicoanálisis y poesía a partir de la obra de Edmundo Camargo, precisando la invitación del psicoanálisis a tejer con la palabra, a hacer significar más allá del hecho en bruto.

La palabra viva dice lo que no dice, dice más allá de la metáfora o metaforiza lo real.  Evidentemente, ese es un intersticio en el que el inconsciente y la poesía logran rozarse en los pliegues de la piel compartida en ese umbral. Así el psicoanálisis y la poesía, como puntualiza María Elena, “logran un decir de lo que no puede ser dicho”. 

Para el psicoanálisis el goce es aquello que va más allá del principio de placer, lo que no cesa de inscribirse en el inconsciente; el goce, en ese sentido, supone un sufrimiento en que el sujeto se ve lanzado a la repetición. Siguiendo este razonamiento Lora propone que, mientras el goce del sujeto encarna en su síntoma un sufrimiento encapsulado, para el poeta hacer poesía es un goce que se comparte. Yo diría que la poesía es la construcción de una llave mágica que abre el camino para nombrar ese dolor.

Otro punto a destacar en el artículo de Lora es la analogía entre la palabra analítica y la poética: el analista revela en su decir esa no correspondencia con la palabra del otro. La palabra analítica entonces puede tener un saber decir en el silencio, en el gesto, en un murmullo, en un pequeño acto, en un corte… La palabra poética tampoco se registra en la sintaxis prosaica de los dichos, va siempre más allá y así se constituye en una esfera de significaciones agalmáticas en el cuerpo del lector. Esto hace referencia al lazo entre un lector y un poema que de pronto lo toca, lo conmueve, crea resonancias. 

Edmundo Camargo, poeta chuquisaqueño, encontró su hogar en Cochabamba. Camargo dejó una herencia riquísima en los anales de poesía boliviana. Fue un hombre que vivió poco, no llegó a los 30. Murió a los 28 años dejando una única obra póstuma que publica otro reconocido intelectual (Jorge Suárez): “Del tiempo de la muerte”, libro que retoma Lora para su análisis.

                                      Yo tuve que nacer después de tanta herida
entre el ángel sanguinario
cuya espada abrió arpas de sangre.

                                       Era ya un día antiguo
bajo la sombra cárdena de las palomas
un tiempo mensurado
por este cementerio de sangres
que aún no es mío.

                                      Yo tuve que llegar
rompiendo las palabras
las formas
atravesar primaveras oliendo a azúcar
entre una población innominada
hallar arcilla para mi voz
manchar los lienzos puros de la nada
de pronto ver cómo del cieno
sonando antiguos cráneos
de la ceniza
un oleaje disforme de hombres
subía hasta mis límites
y hundían en mi sangre sus rostros
su vocerío ávido.

                                       Inmersa la población
desde el principio sus engranajes
pulsaron este tiempo que es mi tiempo
midieron esta voz
unánime dolor.

                                       El dios golpeó las húmedas estatuas
unió miembro con miembro
a dos gargantas dio el mismo signo
los órganos se confundieron
como barro enredando sus reptiles
los sexos fueron uno.

                                       Y entre tiempo que es de todo tiempo
de esa informe población
nací como un resumen de la muerte.

Para Lora, la palabra plena permanece conjugada al deseo y a la verdad de goce. Ante el vacío, en la poesía como en el psicoanálisis, no hay revelación sino creación.  Podemos pensar entonces que la travesía de un análisis es una travesía poética, marcada por el recorrido de los laberintos de la muerte, de la miseria y de la deflagración.

Ese saber hacer sobre el vacío, nombra la nada iluminando la oscuridad, la oquedad. Camargo no necesita tiempo, experiencia, saber, es el ser frente a la muerte, su poesía “hace hablar a la muerte”, nombra en el vacío lo que la muerte propone como horizonte. Y lo hace de un modo espeluznantemente bello.

Lora cita el verso “Nací como un resumen de la muerte” e interpreta ese enunciado como testimonio de un lazo fraterno, o más aún como si la muerte fuera su partenaire. Dirá “Camargo ilumina con poesía el espacio oscuro de la muerte; el cuerpo como un territorio donde habita el goce, nos permite escuchar el silencio de la muerte en medio del ruido de la vida”. El poeta se asoma a la nada, al vacío, lo bordea tocando sus aristas y dándole nombre con un lenguaje propio y singular. El cuerpo para el psicoanálisis es el yo, la imagen corporal que se refleja en el espejo en el que Narciso se dejó caer. El cuerpo es el depositario de los afectos, el espacio sensible de la mirada del otro, el hogar del sufrimiento y las pasiones del alma, desde ese cuerpo es que la muerte grita su silencio, el mundo calla.

                                    Quiero sentir la tierra circular por mis venas
morderla fríamente, clavarla con mis tibias
sintiéndome en su inmensa placenta, adormecido
como un niño a la espera de un nuevo natalicio.

Lora termina marcando el lazo que el poeta hace con la muerte, su reconciliación con ella, “un motor, en tanto crea voluptuosidad, da forma, voz, palabra”, así entonces revela el secreto del poeta, ese presente en su realidad discursiva que le permite crear sin negarla, sin pelear con ella, aceptando que morir es un acontecimiento de la vida.