Correspondencias

Rubén Vargas manda misivas desde México a “Los Mancos de Lepanto” (1989-1990)

JCR Quiroga

El poeta paceño Rubén Vargas (1959-2015) remitió al grupo Los Mancos de Lepanto de la Carrera de Literatura – UMSA en dos oportunidades desde la ciudad de México D.F., entre 1989 y 1990, adonde había decidido viajar para reforzar sus conocimientos literarios y ampliar sus estudios universitarios. En realidad, se trató de comunicar conmigo bajo esa excusa y acaso nunca lo logró.

Los Mancos de Lepanto fue un grupo literario espontáneo, sin fines de lucro, con gastos onerosos en chelas y comida en una chifa famosa en la Fernando Guachalla, cada viernes. Lo formaron Cé Mendizabal, Marco Antonio Miranda, Alfonso Murillo, Iván I. Vargas, Gilmar Gonzales y Juan Carlos Ramiro Quiroga. Con la complicidad esporádica de Angelino Fernández y Luis Zavala.

Con respecto a las misivas de Vargas, las únicas que tengo en poder, describen las actividades literarias que le cupo llevar a cabo en dicha ciudad, durante más de un año y medio, aparte de sus estudios superiores.

La primera carta, fechada el 14 de abril de 1989, el poeta y docente paceño refiere que a mediados de marzo de este año conoció al poeta Octavio Paz a través del poeta cubano Orlando Gonzales Esteva. En esta carta de seis breves párrafos, Vargas se explaya en la producción literaria mexicana de ese tiempo, y nos contó los pormenores para la difusión de “El árbol y la piedra” (Caracas, Monte Ávila Editores, 1988), de Eduardo Mitre, un libro de ensayos y antología de poesía contemporánea boliviana.

En la segunda carta, fechada el 3 de abril de 1990, Vargas señala que cambió de dirección un par de veces en la ciudad mexicana, y que mi respuesta a sus cartas debe estar “dando vueltas por algún lado”. Razón por la que nunca contacté con él mientras estuvo en dicho país. Informó que Luis “Cachín” Antezana, el lector y crítico de literatura boliviana, le escribió desde Washington DC y le habló de un nuevo número de la Revista El Zorro Antonio de la Carrera de Literatura. Me pidió que le enviará un número a través de su padre Juan Vargas. Algo que hice al pie de la letra. También se detiene largamente en la “Memoria Solicitada”, de Blanca Wiethüchter. (¿Habrá sido la primera edición o el primer borrador de este libro magnífico? El que yo tengo es de mayo de 2004, de las célebres Ediciones de la Mujercita Sentada). Y, finalmente, Vargas dice que sus artículos de poesía se publican en dos revistas y en un suplemento. Sé que una de esas revistas fue Vuelta, que dirigía Octavio Paz.

Otrosí, por ambas misivas me enteré que el estimado Rubén Vargas me envió dos libros, uno de Paz y otro de Arreola, los cuales nunca supe quién de Los Mancos de Lepanto se apropió hasta el momento. Rubén, ya en La Paz, al enterarse de estos “desvíos involuntarios” trató de calmar mi criba de entonces, y me obsequió dos libros alucinantes: uno sobre Kavafis y otro sobre Pessoa. 

México, D. F., a 14 de abril de 1989.

Recordado Juan Carlos Ramiro:

                                     

Esta es una carta a tu nombre, pero dirigida, en realidad a todos los “Mancos de Lepanto”. El librito de Paz es también para que lo lean todos, pero para que lo conserves tú. Hechas estas aclaraciones paso, como corresponde, a saludar a todos y a cada uno de ustedes, ya que de otra manera no podría continuar.

¿Cómo van las cosas por La Paz? ¿Cómo la afamada carrera de Literatura? Espero que, sin Capra en la Universidad, todo mejor. Por estos lados las cosas más o menos encarriladas: un par de seminarios en la UNAM, lecturas a pasto y –ojalá- un ritmo de escritura que, con el tiempo, espero, dará algún fruto. Ya les avisaré.

Conocí a Paz a mediados de marzo, a través del poeta cubano Orlando Gonsález Esteva. Es un viejo muy simpático (igualito, físicamente, a Guillermo Lora). La charla circunstancial se centró, no recuerdo bien por qué, en su traductor al inglés, Eliot Weinberger. Por lo demás el hombre anda muy ocupado celebrando, con mucho reconocimiento público, sus 75 años.

En México se publica mucho, pero no hay una producción literaria de gran nivel. En poesía sufre de indigencia, si uno piensa en lo que están haciendo los chilenos o los mismos argentinos (para no hablar de los vates del país mediterráneo y altiplánico). En narrativa –como dice el Mitre que estuvo hace poco por acá-, no hay grandes novelistas, pero sí, de vez en cuando, buenas novelas. A mí me gustaron “Domar la divina garza” de Sergio Pitol y “La última escala del Tramp Steamer” de Álvaro Mutis.

A propósito del Mitre, ¿qué les pareció la selección de “El árbol y la piedra”? Acá estamos procurando darle mayor circulación al libro y, sí, despierta interés: los mexicanos te preguntan: “¿Bolivia?, es lo mismo que Colombia, ¿no?”. En fin, parece que, en la ideología oficial, al norte están los gringos y al sur una masa indiferenciada de países que se los nombra sólo genéricamente: Sud América.

Pues bien, ya he escrito un par de chismes para no perder la costumbre. No dejen de mandarme noticias. Si quieren algún librito en particular, veré la forma de hacerlo llegar (es una suerte de chantaje para obligarles a contestar). Mientras, un gran saludo

                                                                                                                    Rubén

Rubén Vargas Portugal / Apartado Postal 21136 / Coyoacán 04000 / México D.F.

Ciudad de México, 3 de abril de 1990

Señor

Juancarlosramiro

en La Paz

Querido viejo:

Aquí me tienes, listo para un nuevo chantaje. Nunca supe si recibiste la carta y el libro de Arreola que te mandé, en octubre del 89, con la dirección de la Carrera. Yo cambié de dirección un par de veces desde entonces, y es posible que tu respuesta esté dando vueltas por algún lado. Con el mundo cayéndose a pedazos nunca se sabe. De cualquier manera, aquí va esta nueva señal.

El Cachín me escribió desde Washington. En su carta me cuenta de un nuevo número del viejo Zorro Antonio que, en su opinión, está muy bueno. La noticia, como te imaginarás, me ha alegrado mucho. Dice, también, que por ahí salió algo mío: una antigua y no muy meritoria notita sobre La vastedad de Guillermo Sucre. Ésta, junto a otras, se la mandé al Jesús, hace ya un par de milenios. El chantaje –ya lo habrás adivinado- viene por este lado: quisiera que me mandes un ejemplar del Zorro. Tengo muchas ganas (y necesidad) de saber en qué anda la muchachada. Si puedes, la mandas directamente, si no, se la das a mi padre (Juan Vargas: telf. 310961); en cualquier caso, escríbeme unas palabritas –no seas así. Desde ya, mil gracias, y también mil disculpas por ocupar así tu tiempo.

¿Cómo estás? ¿Qué has estado escribiendo? ¿Qué novedades han ocupado el palco literario paceño? La verdad es que ando muy necesitado de noticias. Lo último que cayó en mis manos fue la “Memoria solicitada” de la Blanca. Me gustó; sobretodo, consiguió arrastrarme en el movimiento de su memoria hacia ese ser tan entrañable que era el Jaime. Textos como este, quizás por la proximidad con la que cercan y tratan su tema, consiguen crear a la postre un efecto de distancia. Es decir: después de leer el libro de la Blanca creo que es posible pensar mejor en el Jaime. De laguna manera la Blanca despeja un camino: el camino hacia el lenguaje de Saenz. Quizás ahora –cumplida la muerte y sus ceremonias- la obra de Saenz está más desnuda, más limpia: podemos apropiarnos de ella más libremente, más críticamente. Me gustaría pensar que en ese gesto tan fervoroso –la memoria- se cumple también una misión radical: la desacralización. Me gustaría, también, pensar que en estos movimientos paradójicos –pasión: crítica- iremos encontrando finalmente los elementos para inventarnos, es decir, para inventar nuestra tradición: la tradición que nos permita, aquí y ahora, seguir escribiendo poesía.

Por mi parte, no hay muchas novedades. Sigo fatigando la máquina de escribir, sobre todo con artículos de crítica de poesía. Dos revistas y un suplemento ofenden periódicamente a sus lectores con unos devaneos que suelen llevar mi firma. Me consuelo pensando que ese es mi oficio, y alguno hay que tener en este valle de lágrimas. Por lo demás, no doy por muerta la posibilidad de que este material pueda tener algún interés –para ti y para la Gran Fraternidad de Los Mancos de Lepanto-, así sea como mera información de lo que aquí se lee y publica. Veré la forma de hacerlo llegar a tus manos.

Ojalá me escribas pronto, y así reanudemos el diálogo. Es un deseo verdadero. Me gustaría mucho tener también noticias de los amigos. De hecho, creo que esta carta es extensiva a ellos. Recibe un gran abrazo.

                       Rubén

P.D.  Escríbeme al siguiente nombre y dirección (es una oficina y allí me llegará con toda seguridad tu correspondencia): ML TALAVERA (R) / DIE / CINVESTAV /Apartado Postal 19-197 / México 03900 D.F. / MÉXICO

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